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jueves, 3 de septiembre de 2015

Cállame con un beso 13.

















MIGUEL.

Cuando llegamos a casa, Silvia sube a su habitación seguida de Alan. Lety, Daniel y yo nos quedamos en el salón y, pasado un rato en el que ni Silvia ni Alan regresan, Lety se levanta y nos dice:
     -  Voy a buscarlos, ahora vengo.
Dicho esto, desaparece escaleras arriba. Mi hermano Daniel, que intuye que ha pasado algo entre Silvia y yo, me pregunta curioso:
     -  ¿Qué ha pasado con Silvia?
     -  Estábamos en el faro y se ha acercado más de lo que yo podía soportar así que, para no devorar su boca como el ser más primitivo, la he apartado un poco y, con la excusa que teníamos que regresar, me escabullí de allí. - Le confieso. - Creo que no ha entendido porque lo he hecho y se ha molestado.
     -  ¡Ya te vale! - Me reprocha. - Probablemente habrá pensado que, además de un gruñón eres un borde maleducado.
     -  Gracias, tus palabras de apoyo son lo que necesito en este momento. - Le respondo con ironía.
     -  Lety me ha dicho que Silvia nunca ha llevado a nadie a Isla del Sol, las únicas personas que han estado allí son su padre, Lety y Alan, sin embargo, por alguna razón, a nosotros quiere llevarnos allí. - Me dice mi hermano. - Pon un poco de tu parte, Silvia ya ha puesto demasiado de la suya, sobretodo teniendo en cuenta que lo dejó todo para acudir a la petición de ayuda de nuestro padre.
En ese momento, oímos varios pasos bajar la escalera seguida de la voz de Lety que, ofuscada, está regañando a su hermano Alan y a su amiga Silvia:

     -  ¿Estáis locos? A Fernando no le hubiera gustado nada encontraros como os he encontrado yo. ¿Os habéis olvidado de dónde estamos?
     -  Tranquila Lety, a Fernando no creo que le hubiera importado, son necesidades básicas para nuestro cuerpo que tenemos que saciar. - Oigo la voz de Alan cada vez más cerca hasta que los veo entrar en el salón.
Miro a Silvia y posteriormente a Alan. Ambos están sonrientes y con la mirada brillante. ¿Han echado un polvo? No, no puede ser. Silvia había dicho que eran como hermanos.
     -  ¿Ocurre algo? - Le pregunta Daniel a Lety, que parece furiosa.
     -  No quieras saber. - Le responde poniendo los ojos en blanco.
     -  No es para tanto, Lety. - Le dice Silvia riendo. - En mi defensa debo decir que lo necesitaba.
     -  ¿Qué es lo que necesitabas? - Le pregunta Daniel a Silvia con una sonrisa picarona.
     -  Ambos estaban en la terraza de la habitación de Silvia fumando hierba. - Nos dice Lety, como si fuese el peor de los pecados.
Se me escapa una carcajada, aunque no porque me haya hecho gracia, sino por el alivio de saber que solo estaban fumando y no practicando alguna actividad sin la ropa puesta. Por eso están tan sonrientes y tienen la mirada tan brillante, por la hierba.
     -  No te preocupes, Lety. - Me oigo decir. - No pasa nada porque se fumen un porro.
Miro a Silvia esperando que se dibuje una sonrisa en sus labios, pero la sonrisa no aparece en su rostro, simplemente me devuelve una mirada más fría que el hielo. Silvia ha vuelto a subir las barreras conmigo.
Después de cenar, todos nos retiramos a nuestras respectivas habitaciones.
A la mañana siguiente, después de darme una ducha, bajo a la cocina y allí me encuentro desayunando a todo el mundo, incluso Alejandro y Darek, el guarpaespaldas personal de Alejandro, están allí.
     -  Aquí lo tenemos, ¿se te han pegado las sábanas, hijo? - Me pregunta mi padre bromeando.
     -  Eso parece, papá. - Le respondo. - Alejandro, me alegro de verte.
     -  Lo mismo digo, Miguel. - Me dice estrechándome la mano con fuerza para después darme un pequeño abrazo. Siempre me saluda de la misma forma. - Espero que mi hija no os haya vuelto locos.
     -  Lo ha intentado, pero no lo ha conseguido. - Le respondo bromeando.
     -  No sé quién está volviendo loco a quién. - Dice mi padre. - Lo mismo te los encuentras discutiendo como riéndose sin motivo. A esta juventud de hoy en día no hay quién los entienda, Alejandro. En nuestra época, los jóvenes teníamos claro lo que queríamos hacer con nuestras vidas y actuábamos en consecuencia, no como ahora.
     -  Papá, hace mucho que dejamos atrás la prehistoria. - Se mofa Daniel. - Y los jóvenes de hoy en día sabemos lo que queremos, pero nos gusta conseguirlo de una forma distinta.
     -  De eso no me cabe duda. - Dice mi padre mirándome.
Silvia no abre la boca. Es como si la conversación no fuera con ella.
Después de una larga charla en la cocina mientras desayunamos, cargamos nuestras maletas en el jet de Alejandro y nos lleva hasta Isla del Sol. Sin siquiera bajarse del jet, Alejandro, Darek y Alan regresan a Ciudad de Perla, dejándonos a nosotros cuatro en la pequeña pista de aterrizaje de la villa. Dos minutos después, un tipo enorme con cara de pocos amigos carga nuestras maletas en un Hummer y nos hace un gesto para que montemos en el vehículo.
Silvia continua muda hasta que llegamos a la casa cuando, después de ordenarle al tipo con cara de pocos amigos que subiera el equipaje a la planta superior, se vuelve hacia a una mujer de unos 50 años y le dice con una sonrisa:
     -  Marisa, acompaña a los señores de la Vega a sus respectivas habitaciones y encárgate de todo lo que necesiten, por favor.
Marisa asiente con la cabeza y dice:
     -  Por supuesto, señorita Silvia.
     -  ¿Señorita Silvia? - Murmura Lety divertida.
     -  La señorita Silvia ha insistido en que la tutee. - Explica Marisa ruborizándose.
     -  Y lo único que he conseguido es que me llame señorita Silvia. - Se lamenta Silvia. - Marisa es igual o más cabezota que yo.
Todos nos reímos y después subimos a nuestras respectivas habitaciones. Una hora después cuando ya nos hemos acomodado y aseado en nuestras habitaciones, salimos al jardín trasero donde Silvia habla alegremente con el tipo del Hummer pero, en cuanto nos ve, el tipo se despide educadamente de Silvia y desaparece. Lety, tras escudriñar a su amiga con la mirada, le pregunta:
     -  ¿Desde cuándo es Jack tan hablador? A mí nunca me ha dirigido la palabra y creo que es la primera vez que le oigo hablar con alguien. Incluso llegué a pensar que era mudo.
     -  Solo me estaba poniendo al corriente de cómo van las cosas en la villa, es su trabajo. - Lo excusa Silvia sin demasiada importancia. - ¿Os apetece daros un baño en la playa?
Todos asentimos y, media hora más tarde, estamos tumbados en unas hamacas a lo orilla del mar en la playa privada de la villa. El lugar no tiene nada que envidiar a las playas de Ciudad del Cielo. Por otro lado, ver a Silvia con ese diminuto bikini blanco hace que mi entrepierna se endurezca. Decido darme un chapuzón en el mar antes de que mi abultada entrepierna sea descubierta.
Cuando regreso, Silvia se está poniendo crema protectora del sol en los hombros y en parte de su espalda donde logra llegar con sus manos.
     -  ¿Necesitas ayuda? - Le pregunto con seriedad, no quiero que piense que bromeo.
     -  No, gracias. - Me responde sin dignarse a mirarme. - Puedo sola.
Está enfadada, muy enfadada a juzgar por la implacable mirada que me ha lanzado. Esperaba que al llegar a Isla del Sol se le pasaría el malhumor y podríamos volver a nuestro buen rollo, pero me equivocaba. Lety y Daniel, al ver lo que se avecina, se marchan a pasear por la orilla y nos dejan a solas. Me siento sobre mi toalla al lado de Silvia mientras ella sigue excitándome poniéndose la maldita crema por todo el cuerpo.
     -  Deja de hacer eso, por favor. - Le pido casi en un gruñido.
Silvia me mira alzando las cejas y me pregunta:
     -  ¿Que deje de hacer el qué?
     -  Deja de ignorarme como si no estuviera y deja de echarte esa maldita crema, ¿quieres?
     -  ¿Se puede saber qué te pasa? - Me espeta furiosa. - No haces más que gruñir, dar órdenes sin sentido o ignorarme cuando te conviene, ¿quién te crees que eres? Solo eres un maldito gruñón amargado que pretende amargar a los demás y...
No dejo que continúe hablando, me lanzo sobre ella y le devoro la boca como he deseado hacer desde que la vi por primera vez. Al principio ella se queda paralizada, pero pocos segundos después logra recobrar la compostura y colocando sus manos sobre mi pecho, me empuja para separarme de ella.
     -  Pero, ¿qué cojones te crees que haces? - Me grita más furiosa que nunca.
     -  Callarte con un beso, es la forma más educada que se me ha ocurrido para que te calles. - Le respondo divertido. - Pero no te preocupes, la próxima vez me aseguraré de llevar conmigo esparadrapo para amordazarte.
La respuesta de Silvia me llega en forma de bola de arena que impacta sobre mi pecho. Ahora sí que sonríe esta maldita mujer. Me lanzo sobre ella y, forcejeando, logro agarrarle ambas manos y sujetárselas por encima de la cabeza pero, cuando estoy a punto de volver a besarla, un click en mi nuca me detiene. Giro
despacio mi cabeza y me encuentro con el enorme Jack, el tipo del Hummer que deduzco forma parte del equipo de seguridad de la villa, apuntándome con una pistola en la cabeza.
     -  Suéltala. - Me ordena con tono amenazador.
Hago lo que me pide y Silvia, incorporándose de nuevo en su toalla, se vuelve hacia a Jack y, con una sonrisa en los labios, le dice:
     -  No te preocupes, Jack. Sólo estábamos bromeando.
Jack asiente con la cabeza y le dice casi en un susurro:
     -  Llámame si me necesitas, estaré por aquí cerca.
Jack desaparece, no sin antes lanzarme una mirada de advertencia. Silvia se levanta y camina hasta la orilla, donde se sienta con los pies a remojo. La observo desde mi toalla, no me atrevo a acercarme y que el gorila de Jack vuelva a apuntarme con su pistola. ¿Tendrían algo juntos? Estaba seguro de que me había visto besarla a traición, quizá eso es lo que había provocado que su pistola acabara encañonándome.





3 comentarios:

  1. Muy bello y cada vez más emocionante Rakel ME ENCANTA ¡Gracias por compartir linduraaaaaa...!!!

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  2. muy lindo y encantador gracias Rakel saludos cordiales

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  3. María, Isisdro, mil gracias a ambos. Un abrazo enorme!

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