Lo Último

Novedades en la pestaña Extras, si eres Autor no olvides revisar las Normas con regularidad


Recomendamos utilizar Google Chrome para ver el blog completo

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Cállame con un beso 12.

















MIGUEL.

Cuando por fin consigo que Silvia baje sus defensas conmigo y nos encontramos tirados en el tatami, haciéndonos cosquillas y riendo sin parar hasta que la voz de mi padre nos interrumpe:
     -  Temía que la sangre llegase al río, pero ya veo que no tengo de qué preocuparme.
Silvia se levanta de inmediato y, mirándome con una amplia sonrisa, le contesta a mi padre:
     -  La única forma que Miguel tiene de ganarme es haciendo trampas, Fernando. Me temo que no le has enseñado a jugar limpio.
     -  A los de la Vega nos gusta ganar, aunque sea haciendo trampas. - Le dice mi padre sonriendo. - De todas formas, tened cuidado con la herida, los puntos todavía están frescos y se pueden soltar. - Se vuelve hacia a mí y me dice sin dejar de sonreír: - Prefiero las risas a los golpes o las discusiones.
Dicho esto desaparece y Silvia estalla en carcajadas de nuevo. Me encanta verla reír de esa manera, sin preocupaciones.
     -  No quiero ni pensar lo que tu padre debe estar imaginando. - Me dice sin dejar de reír.
     -  ¿A qué te refieres?
     -  Nos pasamos el día discutiendo y, justo cuando tu padre aparece sin que nos demos cuenta, nos encuentra tirados en el tatami riéndonos o a mí dormida en tus brazos. - Me explica divertida. - Creo que

tiene una idea equivocada de nosotros.
     -  ¿Cómo sabes que nos vio anoche?
     -  Me lo ha dicho él. - Me contesta encogiéndose de hombros. - No te preocupes, le he aclarado lo que me quedé dormida y tú me llevaste a la habitación. Pero si quieres que vuelva a hablar con él y le aclare...
     -  No es necesario. - La interrumpo. - Estamos haciendo lo que nos ha pedido, no tienes que aclararle nada a menos que tú lo consideres necesario.
     -  Voy a darme una ducha antes de comer. - Me dice cambiando de tema un poco incómoda. Esta a punto de marcharse cuando se gira y me dice: - Miguel, ¿sigue en pie tu oferta de llevarme a la playa del faro? Me gustaría ir antes de que nos vayamos.
     -  Por supuesto, iremos esta tarde. - Le respondo sonriendo.
Parece que por fin la gatita ha guardado sus uñas, al menos de momento. Subo las escaleras detrás de ella, yo también necesito una ducha, pero de agua fría.


SILVIA. 

A las siete de la tarde, Lety, Alan, Daniel, Miguel y yo estamos subidos en el coche de Miguel dirigiéndonos a la playa del faro. Una vez allí, subimos al faro para contemplar el atardecer. La visión de ver el sol en el horizonte fundiéndose en el mar no tiene precio. Es una de esas cosas que, siendo gratis, te proporcionan esa paz y esa tranquilidad que todos anhelamos.
     -  ¿Estás bien, pequeña? Estás muy callada. - Me pregunta Alan colocando su brazo izquierdo sobre mis hombros.
     -  Estaba totalmente fascinada por la puesta de sol, me recuerda a las puestas de sol de Ciudad de Perla, ¿recuerdas cuando nos escapábamos a la playa para contemplarlas?
     -  Claro que me acuerdo, aún me duele la nuca del collejón que me dio mi padre cuando regresamos a casa. - Me dice divertido. - Creían que el cabecilla era yo cuando yo solo me dejaba llevar tus locuras.
Miguel, que está a mi izquierda, nos observa de reojo y yo finjo no darme cuenta. Si vamos a tener que infiltrarnos juntos, voy a tener un problema.
Justo antes de que apareciera Fernando en el sótano, mientras nos hacíamos cosquillas tirados en el tatami, nuestros labios estaban peligrosamente cerca, pero con la aparición de Fernando el hechizo se desvaneció. Yo salí corriendo de allí en cuanto pude, ni siquiera sabía lo que estaba pasando por mi cabeza en ese momento y sigo sin saberlo.
     -  ¿Sabes algo de Abel? - Me pregunta Alan pasados unos minutos.
     -  Sigue llamando y yo sigo sin cogerle el teléfono. - Le contesto. - Sinceramente, creo que se ha vuelto loco. Abel no era así, era consciente de las reglas de nuestro juego y estaba de acuerdo.
     -  No hay hombre en la tierra que no se vuelva loco por ti, pequeña. - Me anima Alan abrazándome con fuerza. Se acerca a mi oído y me susurra para que nadie le escuche: - Y Miguel es un claro ejemplo de lo que te estoy diciendo, si las miradas mataran yo ya estaría muerto.
No puedo evitar soltar una carcajada y todos se giran para mirarnos. Lety, acostumbrada a vernos hacer de las nuestras, dice tras poner los ojos en blanco:
     -  No les hagáis ni caso, se pasan el día así.
     -  Perdonad la indiscreción pero, ¿sois pareja? - Nos pregunta Daniel y todos nos echamos a reír, a excepción de él y de Miguel, que parece empezar a irritarse.
¿Será verdad lo que me ha dicho Alan?
     -  No, no somos pareja. - Le contesta Alan sonriendo. - Pero solo porque ella no quiere.
Otra vez volvemos a reír, pero esta vez nos reímos todos excepto Miguel. Empiezo a sentirme culpable, lo último que quiero es que, después de haberle traído que nos traiga, él esté de morros. Le pido ayuda a Lety con la mirada y ella me comprende de inmediato.
     -  ¿Habéis decidido ya dónde queréis pasar vuestras vacaciones forzadas?
     -  Nuestras vacaciones, vosotros dos también venís con nosotros. - Les digo a Lety y Daniel. - Aún no hemos hablado del tema pero si Miguel no tiene inconveniente, me gustaría ir a Isla del Sol. - Respondo mirando a Miguel y, dirigiéndome a él añado: - Tengo casi todas mis cosas allí y me gustaría al menos pasar a recogerlas.
     -  Nunca he estado en Isla del Sol y me encantaría conocerla. - Me responde con una sonrisa un poco forzada. - ¿Tienes sitio suficiente para los cuatro?
Lety, Alan y yo volvemos a reírnos, pro esta vez me compadezco de Miguel y le explico:
     -  Tenemos una villa, con establo, piscina, jardín de 500 km2, pista de aterrizaje para el jet, playa privada con muelle para pequeñas y medianas embarcaciones...
     -  Vale, tenéis allí una mansión. - Me dice Miguel sonriendo con más naturalidad.
     -  La casa es enorme y os encantará. - Sentencia Lety. El móvil de Alan empieza a sonar y baja las escaleras del faro para hablar con mayor intimidad, probablemente debe ser alguna de sus muchas y diferentes amigas. Lety aprovecha la retirada de Alan para proponerle a Daniel: - ¿Damos un paseo por la playa?
Y, como era de esperar, Daniel accede encantado. Miguel y yo nos quedamos a solas, en lo alto del faro, contemplando el final de la puesta de sol. Miguel se acerca a mí y, sin dejar de contemplar la puesta de sol, me pregunta con un tono de voz que me derrite:
     -  ¿Te gusta este sitio?
     -  Me encanta. - Le confieso. - Cuando estemos en Isla del Sol, recuérdame que le hagamos una visita a Lorenzo, te voy a enseñar un lugar del que no te querrás ir.
     -  ¿Esa es tu manera de darme las gracias por traerte aquí o de pedirme perdón por haberme dado un puñetazo en la mejilla? - Bromea.
Ya ni me acordaba del puñetazo hasta que lo ha mencionado. Inspecciono su cara y veo como un ligero rubor agranatado le cubre la mejilla izquierda.
     -  Creo que mañana te saldrá un buen cardenal en la mejilla, deberíamos haberte puesto hielo. - Le digo sintiéndome fatal. Poso una de mis manos en su mejilla con delicadeza y le acaricio con mucha delicadeza para no hacerle daño. - Lo siento, no pretendía hacerte daño. Estabas esquivando todos mis golpes y pensé que no te llegaría a tocar.
Miguel me coge la mano con la que le acaricio por la muñeca con suavidad pero con firmeza, me aparta lo más educadamente que puede, pero con un poco de brusquedad, y me dice incómodo:
     -  No te preocupes, son cosas que pasan.
En ese momento llega Alan y Miguel aprovecha la ocasión para huir, recordándonos de que ya es hora de marcharnos para llegar a casa a la hora de la cena.
No lo entiendo, creía que estábamos empezando a llevarnos bien, soy amable con él y me rechaza. ¿Qué le pasa? Durante todo el camino de regreso a casa de Fernando, Miguel y yo nos mantenemos en silencio mientras que Daniel, Lety y Alan se encargan de crear conversación, siendo conscientes de nuestro mutismo. Alan me mira en varias ocasiones pidiéndome una explicación de lo que está pasando, pero yo niego con la cabeza prometiendo con la mirada que después se lo contaré.


2 comentarios:

  1. Hermosoooo Rakel...Cargado de sensibilidad...¡Gracias por traerlo linda,esperamos la siguiente entrega...!!! ¡Bestos,miles..!!!

    ResponderEliminar

Comentar es un incentivo para el autor

ENVÍA ESTA PÁGINA A UN AMIGO
Indica su e-mail: