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martes, 1 de septiembre de 2015

Cállame con un beso 11.

















SILVIA.

Nada más entrar en el despacho de Fernando, me indica que me siente frente a él. Le obedezco sin rechistar y me siento donde me indica. Estamos los dos solos, por lo que deduzco que no quiere hablar de trabajo, si no de algo más personal.
     -  Si te digo la verdad, no sé por dónde empezar. - Me dice cruzando las manos sobre la mesa. - Ayer vi como mi hijo te llevaba en brazos a la habitación y...
     -  Salimos al jardín y me quedé dormida. - Le explico antes de que saque falsas conclusiones. - Miguel no quiso despertarme y me llevó a la habitación.
     -  Mira, no sé qué os traéis entre manos vosotros dos, pero está claro que saltan chispas cada vez que estáis cerca. - Me dice sonriendo. - Al principio, pensaba que os llevabais mal y que en cualquier momento os mataríais, pero después de veros anoche... En fin, que me alegra de que entre tanta discusión sepáis comportaros como adultos responsables.
     -  Creo que me he perdido, Fernando.
     -  ¿Estarías dispuesta a infiltrarte con mi hijo? - Me pregunta llegando al fondo del asunto.
     -  ¿Infiltrarnos juntos? ¿Cómo pareja? - Pregunto sorprendida. - No creo que sea una buena idea. Tú hijo y yo a penas nos soportamos, a penas nos conocemos y, si te soy sincera, dudo de que podamos


convivir más de unos días juntos. Creo que, como tú has dicho, acabaremos matándonos. Lo más sensato sería infiltrarme con alguien de mi confianza, Fernando.
     -  Alguien de tu confianza, aunque confío ciegamente en ti, no sería de mi confianza. - Me dice sin dar su brazo a torcer. - Te necesito, pero también necesito que hagas esto con mi hijo. Si estás más cómoda, puedes infiltrarte con Daniel.
     -  No creo que esa sea la solución, Fernando. - Empiezo a impacientarme. - Necesito a alguien que con una sola mirada entienda mis intenciones, nos estaremos jugando la vida.
     -  He visto como intercambias miradas con Miguel, estoy seguro de que no tenéis ningún inconveniente en entenderos cuando os miráis. - Me replica divertido. - ¿Estás dispuesta?
     -  ¿Tengo otra opción? - Replico.
     -  Silvia, no quiero que te sientas obligada a hacer esto y si no quieres, no pasa nada.
     -  Vale, está bien. - Cedo finalmente. - Pero no es algo que podamos organizar de un día para otro, nos lo vamos a tener que currar mucho.
Diez minutos más tarde, Fernando sale del despacho en busca de Miguel, a quien trae al despacho escasos minutos después. Miguel cruza una mirada conmigo antes de sentarse a mi lado y palpo su preocupación. Fernando le debe haber dicho lo que pretende y no debe estar nada contento.
     -  Quiero que os encarguéis de este asunto vosotros dos, juntos. - Empieza a decir Fernando. - Soy consciente de que necesitáis confiar el uno el otro para infiltraros juntos y que tardaremos un tiempo en organizarlo todo, tiempo que vosotros emplearéis para conoceros mejor.
     -  Esto no tiene ni pies ni cabeza. - Murmuro.
     -  ¿Prefieres infiltrarte con Daniel? - Me pregunta Fernando poniendo el dedo en la llaga.
No, no prefiero infiltrarme con Daniel, pero tampoco pienso decirlo. En lugar de eso, me limito a resoplar.
Miguel me mira esperando una respuesta y, cuando se convence de que no se la voy a dar, me pregunta directamente:
     -  ¿Quieres hacerlo?
     -  Quiero ayudaros, pero no creo que infiltrarnos tú y yo juntos sea una buena idea. - Le explico con la poca paciencia que me queda. - No es nada personal, simplemente es que ni siquiera hemos trabajado juntos antes, ¡si solo hace tres días que nos conocemos y desde entonces no hemos dejado de discutir!
     -  Vamos a hacer una cosa. - Propone Fernando. - Silvia, tú necesitas descansar y Miguel también, ambos habéis estado al pie del cañón durante demasiado tiempo sin descanso. Iros juntos a Isla del Sol o a cualquier otro lugar para descansar y conoceros mejor. Mientras tanto, entre Alan, Alejandro y yo lo organizaremos todo.
     -  Ni de coña, Fernando. - Le interrumpo. - Sabes perfectamente que si me infiltro no voy a dejar que otra persona que no sea yo organice la operación. Si me quieres en esto, tendrás que dejar que lo haga a mi manera.
     -  A nuestra manera. - Me corrige Miguel. - Si vamos a hacer esto juntos, tendremos que organizarlo juntos, ¿no crees?
Asiento con la cabeza, al fin y al cabo está en su derecho.
     -  De acuerdo. - Acepta Fernando. - Pero lo de las vacaciones juntos no es discutible. Si queréis, podéis aprovechar el tiempo para organizar la operación y creo que lo mejor será que Daniel y Lety os acompañen, así nos aseguramos que no acabáis matándoos. Alejandro vendrá mañana y os llevará con el jet a dónde le pidáis.
     -  No me lo puedo creer, ¿has organizado todo esto a nuestras espaldas? - Le pregunto furiosa.
     -  No exactamente. - Me contesta con el semblante serio. - Simplemente le he consultado lo que pensaba proponeros y él ha estado de acuerdo, siempre y cuando vosotros dos lo estuvierais, claro.
     -  Si me disculpáis, creo que voy a ir dar una vuelta. - Les digo lo más educadamente posible antes de levantarme y salir de allí sin dar más explicaciones.
Subo a mi habitación y me pongo unos shorts de algodón, una camiseta de tirantes y mis zapatillas deportivas, necesito salir a correr y quemar adrenalina o de lo contrario mataré a alguien. Cuando bajo las escaleras me encuentro a Lety, Daniel, Alan y Miguel hablando en el hall pero se callan en cuanto me ven aparecer. Alan es el único que se atreve a hablar:
     -  Pequeña, no creo que salir a correr te sirva de ayuda.
     -  ¿Tienes una opción mejor que no complique aún más las cosas? - Le pregunto furiosa.
     -  Sí, creo que echar un polvo te vendría muy bien. - Me contesta burlonamente. - No es para tanto, pequeña. No será tan divertido como cuando te infiltras conmigo pero estoy seguro de que Miguel será capaz de mantenerte entretenida.
     -  A mí no me hace ninguna gracia. - Vocifero antes de marcharme.
Salgo por la puerta principal y, cuando estoy a punto de bajar las escaleras del porche, alguien me agarra del brazo con fuera y me gira 180 grados. Es Miguel.
     -  ¿Qué quieres, Miguel? - Le pregunto malhumorada.
     -  Gatita, no me saque las uñas a mí, te recuerdo que estoy en tu misma situación. - Me dice con una sonrisa burlona en los labios. - No puedes salir a correr ahí fuera, ¿has olvidado lo que pasó anoche?
     -  Estaré bien, solo necesito correr un poco. - Le respondo.
     -  Si necesitas aliviar el estrés, soy tu hombre. - Abro la boca para insultarle, pero Miguel se me adelanta y continua hablando: - En el sótano tenemos un gimnasio con un pequeño tatami, Alan me ha dicho que eres muy buena y, si vamos a ser compañeros, me gustaría saber qué eres capaz de hacer. ¿Qué te parece, Barbie?
     -  Si vuelves a llamarme Barbie, te quedas sin dientes. - Le gruño regresando al interior de la casa.
No puedo verlo, pero sé camina detrás de mí sonriendo y eso me hace sonreír para dentro. No sé cómo lo hace, pero logra sacarme de quicio y después calmarme como nadie sabe.
Bajamos directamente al sótano sin decir nada a todos los que nos miran, seguramente temiendo que nos matemos. Miguel se quita las zapatillas y la camiseta y se sube al tatami. Me lo quedo observando, es la primera vez que lo veo sin camiseta y lo que veo me encanta.
     -  Venga gatita, prometo no hacerte daño. - Bromea al ver que no subo al tatami.
     -  Te he dicho que si volvías a llamarme así te quedarías sin dientes. - Le gruño de nuevo.
     -  Gatita, me has dicho que no te llamara Barbie y no lo voy a hacer, pero no me pidas que deje de llamarte gatita porque no lo voy a hacer. - Me dice divertido.
Me quito las zapatillas y subo al tatami decidida a quitarle las ganas de bromar y de llamarme Barbie, gatita o cualquier otra cosa que no sea mi nombre.
Empiezo a atacarle sin descanso y él para todos mis golpes, aunque con cierta dificultad. Hasta que consigo darle un puñetazo en la mejilla y, por la sorpresa, cae al suelo. Eso sí, arrastrándome con él. Ambos caemos al suelo, yo encima de él. Sin poder evitarlo, estallo en carcajadas y Miguel también empieza a reír. Sin darme cuenta, ambos estamos revolcándonos por el tatami, haciéndonos cosquillas y riéndonos sin parar.






4 comentarios:

  1. PRECIOSO mi Rakel...¡Gracias por compartir..!!! ¡Besitos linda..!!

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  2. Hermoso Rakel como SIEMPRE. Besos y abrazos. GRACIAS por compartir.

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  3. precioso Rakel encantador gracias saludos cordiales

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  4. Muy bueno, intenso y entretenido.
    Un abrazo.

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