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viernes, 28 de agosto de 2015

TÓMATE LAS FOBIAS CON FILOSÓFIA

TÓMATE LAS FOBIAS 

CON FILOSOFÍA


Si no tienes una fobia, es porque no te da la gana. Hay tantas para elegir que, a estas alturas, se ha convertido en una cuestión de estatus: 

–¡Ay, chica!, pues yo, desde que veo Telecinco, tengo una sofofobia de tres pares de pelotas. Es que no aprendo nada nuevo ni aunque quiera, que no quiero, no te vayas a pensar…
–¡Qué voy a pensar yo! Para que me dé un esguince cerebral. Pero tú estás muy out, nena, si hasta Belén Esteban se ha hecho escritora. Mira, lo último es la brodmidrosifobia. Y yo la tengo.
–¿Y eso qué es?
–Pues ya te lo contaré en otro ratito, cuando te pongas desodorante, porque de verdad que no aguanto la peste que echas…

Estas dos muestras son tan reales como el miedo mismo. La sofofobia es el miedo a adquirir nuevos conocimientos y la brodmidrosifobia es la repugnancia morbosa al olor corporal del prójimo. No te pongo más ejemplos de fobias porque, si padeces hipocondría, te estallaría la cabeza antes de decidirte por una. Te cuento la que yo tuve de niño: fobia a las legumbres, leguminofobia. Vamos, que me costaba un mundo comerme las lentejas y los garbanzos... ¡Con lo que me gustan ahora los cocidos y los potajes! Quizá te parezca de lo más normal, casi todos los críos que conozco la padecen, pero si te cuento que un filósofo griego la tuvo en grado sumo, la cosa cambia y te parecerá más in. 

Te doy una pista: catetos, hipotenusa y leguminofobia. Claro, te estoy hablando de Pitágoras. En concreto, este fóbico extraordinario no le tenía aversión a los garbanzos ni a las lentejas, solamente a las habichuelas. No te rías ni te lleves las manos a la cabeza. Desde tiempo inmemorial, esa legumbre ha estado relacionada con lo irracional. 

Los antiguos romanos temían a los espectros de quienes habían sido malvados en vida. Los llamaban lémures y los apartaban de sí y de sus hogares gracias a las habas. Si algún supersticioso caminaba de noche por la calle y temía que un lémur le robase la vida o la cordura, arrojaba habichuelas a sus espaldas. Los lémures, que debían de ser un poco obsesivo-compulsivos, dejaban de seguirlo para detenerse a recogerlas y contarlas. En sus casas, los romanos los espantaban quemando las habas en el fuego del hogar.

Pitágoras fundó una escuela filosófica en Crotona, ciudad de la Magna Grecia, que era como se llamaba a las colonias griegas en el sur de Italia. Les contaba a sus alumnos que hombres y mujeres nacimos de una misma podredumbre original y que por eso los cadáveres apestan: "Si aplastáis un haba con los dientes y la dejáis al sol, acabará hediendo como un hombre asesinado". De ahí a concluir que las habas contenían el alma humana y que comerlas era un acto de canibalismo solo había un paso. Y Pitágoras lo dio. Según eso, cuando un asturiano se come una fabada, se está zampando a su árbol genealógico y al de varios de sus paisanos.

Aquel sabio, aunque no lo parezca, apoyaba su fobia con un argumento más razonable: las habichuelas traen flatulencias; pero luego lo estropeaba asegurando que también provocaban esterilidad en las mujeres, a pesar de que, como él mismo defendía, dichas legumbres tuvieran la forma del aparato genital femenino y, lo que es peor, de las puertas del Hades.

Finalmente, el filósofo tuvo que marcharse de Crotona por la hostilidad de un aristócrata al que no aceptó en su escuela. Una leyenda sin fundamento cuenta que, perseguido por los criados del plutócrata, se encontró de frente con un campo de habas. Al no poder cruzarlo debido a su fobia, fue asesinado allí mismo.

Mira, la verdad es que, de tanto hablar de habichuelas, se me ha abierto el apetito… ¿te hace una fabada? Para que no se te indigeste, en mi blog personal te invito a un café:


10 comentarios:

  1. Me encantó la historia José, FANTÁSTICA. GRACIAS por compartir. Saludos y abrazos.

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  2. muy buen relato gracias por compartir saludos cordiales

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  3. Respuestas
    1. Menos mal que no somo fóbicos a los saludos. Otro para ti, María Paz.

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  4. Thank you for a light-hearted treatment of some very heavy phobias, Isidro. I enjoyed reading it, but I do have one problem: it gave me gas!

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    1. Oh! I'm sorry for that, Paula. And thanks for your words.

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  5. Muy interesante descubrimiento histórico, la fobia a las habichuelas, con lo ricas que están en tortillita y rehogadas en aceite...Lo del susodicho filósofo y el campo de habas, más que fobia era animadversión, pero cada etapa histórica tiene sus consideraciones sociológicas, vamos, que cualquiera se mostraba contrario a esos postulados...
    Ha estado genial leerte, como anecdotario señalar que no sé como sería en la Valencia de la época (mi tierra) pues no se concibe la paella sin unos buenos "batxocones", jeje. Me lo he pasado muy bien, excelente artículo. Gracias por traérnoslo y hacernos disfrutar.
    Un beso

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  6. ¡Tortilla de habichuelas! ¡Mmmmmmm! No me acordaba, riquísima. Muchas gracias, Marisa, por tu comentario. Un beso.

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