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martes, 4 de agosto de 2015

QUE NO TE DEN JICARAZO

¡QUE NO TE DEN JICARAZO!






Desde que Hernán Cortés lo trajo al Viejo Mundo, el chocolate fue tan rey en España como los Austrias y los Borbones. De la tonificante cocción bien se podría decir lo mismo que de Dios: "Cada uno en su casa y el chocolate en la de todos". Entre el siglo XVI y el XIX no hubo otra infusión, poción o mejunje que le hiciera sombra al cacao molido y desleído en desayunos, meriendas y saraos. Ni que pudiese alcanzar el título de bebida nacional; y no hablo solo de la metrópoli, sino también de los territorios de ultramar, de donde el xocolatl azteca salió mezclado con ajís y harina de maíz y volvió blanqueado con leche y endulzado con azúcar.
Fue tal la fiebre peninsular y criolla por la antigua bebida de los dioses mesoamericanos, que la Iglesia, alarmada, tuvo que gritar "¡Por los clavos de Cristo, con el chocolate hemos topado!". Y es que las damas coloniales se pirraban por tomarlo a toda hora y no podían prescindir de él ni en misa. Tomás Gago, un espía a sueldo de Cromwell, el dictador inglés, llegó a decir lo que sigue de las mujeres de Chiapas:
"Se quejan constantemente de una flaqueza de estómago tan grande, que no podrían oír una misa rezada y, mucho menos, una misa mayor y el sermón, sin tomar una jícara de chocolate bien caliente y algunas tacillas de conserva o almíbar, para fortalecerse"
Las jícaras eran vasijas pequeñas de loza o madera, diferentes de las tazas en que no tenían asa. Aquello de lo que el inglés se asombraba era literal: las feligresas de Chiapas, Popayán o Maracaibo llevaban a la iglesia el chocolate caliente para tomarlo en medio de los oficios. Conclusión: no podían comulgar, pues ya no estaban en ayunas, de modo que las misas se convirtieron en un acto de sociedad más (si es que ya no lo eran). Tan impío le pareció el hábito a más de un párroco, que cambió la manzana de Eva por una maraca de cacao en sus sermones. Tenía que llegar un ¡Vade retro!... y llegó.

Un obispo de Chiapas se negó a que el chocolate tomara asiento en la casa de Dios, a riesgo de que, si cedía, se convirtiera en la de Tócame Roque. Aquel pastor tuvo los santos suspensorios de excomulgar a quien tomase cacao antes de la comunión, con el resultado de que se le fueron quedando los templos de la diócesis más vacíos que el desierto de Sonora. ¿Y a dónde fueron las cacaoinómanas? A los conventos, donde los frailes no se mostraban tan quisiquillosos y habrían dejado pasar al mismísimo Moctezuma si pasare por la puerta con un cacaotero al hombro.

El obispo, encorajinado, quiso excomulgar a toda criatura de dos patas entre el Yucatán y California, pero sus amenazas se disolvieron en el aire como se disuelve el cacao en leche caliente. Dicen que una damita chiapeña envió al prelado a la portería de San Pedro vertiéndole veneno en una jícara, pues el intransigente ministro divino prohibía el chocolate en la casa de Dios, pero no en la suya. De ahí surgió la expresión dar jicarazo, que el Diccionario de la Real Academia recoge como envenenar, ya sea la salud o la buena fama.

Si prefieres alejarte de los peligro del chocolate, yo te invito a café aquí: 
http://vientodemisvelas.blogspot.com.es/.





7 comentarios:

  1. Estupenda entrada. Ahora en las iglesias de Chiapas toman pepsi-cola, bebida que asocian por su sabor, a un elixir que tomaban sus antepasados para levantar el ánimo hacia Dios, o hacia dónde fuera.
    Así que, en San Juan Chamula y en Zinacantán, ves abuelitas que acuden a la máquina de refrescos prestas para poder conseguir su botella de tónico antes de entrar en las eclécticas iglesias, en las que te encuentras desde sacrificios de gallos, hasta bandas de música que no paran de tocar y percutir sus instrumentos con el correspondiente jolgorio de la parroquia. Y por si fuera poco, todo el suelo está cubierto de una capa de más de un palmo de hojas de pino, que otorgan al ambiente ese olor tan pentrante y característico.
    Capítulo aparte merecen las capillas y los santos...
    Evidentemente está prohibido hacer fotos, sino ya hubiera publicado una en el blog.

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    1. Qué buen texto, José Juan, y qué buen comentario, Elisenda. ¿Sabéis lo que os digo? Que eso del chocolate es demasiado arriesgado. ¡A por el café!

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    2. Muchas gracias a las dos. Y sí, el comentario es muy bueno, debería incorporarlo al texto. Perdóname y compréndeme, Carmen, pero aquí puedo tener una aventurilla extracafetera.

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  2. Buenas tardes un gran relato precioso encatador gracias por compartir saludos cordiales

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  3. Ay José Juan,cuando creo ya he conocido toda la felicidad en tus letras me llegas con esta exquisita entrada...A MI EL CHOCOLATE COMO EL CAFÉ ME ENCANTAN...¡Fabuloso mi José...!! ¡Un orgullo seas parte de BLOGGER HOUSE...!! Casi lo olvido por la emoción,besitos...muchitos..!!! ;)

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    1. El chocolate de tus raíces, María. Muchas gracias. Un beso.

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