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domingo, 9 de agosto de 2015

Mi yo de siempre.

Hoy voy a hablar de mi. 
De mi yo de todos los días. 

De mi familia, con la que no siempre he estado en equilibrio pero sin embargo, quienes más me han ayudado a lidiar conmigo misma y con las adversidades; de mi carrera como abogada, que me tiene inmersa la gran parte del año entre grandes ideas y numerosos planes; de mis amigas, que son tan diferentes las unas de las otras que no se bien como puedo encajar entre tanta variedad, pero así es, y es una maravilla.

De los que no fueron, 
de los que fueron poco, 
de los que fueron mucho, 
de los que son siempre.

Yo también he estado de guerra con la vida, que me ha empujado de bruces sin enseñarme como salir del agujero. Sin escaleras, sin arnés, sin ayuda. Te ves sola contigo misma. Sin pautas, sin instrucciones. Y empiezas a darte cuenta de que no te conocías tan bien. Y es una lata que los fracasos nos lleven a conocernos tan en profundidad, porque vamos, ¿entonces cuántos necesitamos? Y paso palabra porque se la respuesta.

Mi cerebro siempre ha querido llevar el control, pero cuando más necesitaba que se impusiera, ha delegado en la caja torácica haciendo honor a esas famosas frases que afirman que si lo haces con el corazón nunca puede salir mal. Y que mentira. Siempre hay posibilidad de que salga mal, siempre cabe la opción de que nada termine como te hubiese gustado a pesar de haber empezado mejor de lo que nunca imaginaste. Solo que si el fallo es poniendo el corazón, nos deshacemos, milagrosamente, de todos los ‘’¿y si…?’’, que son pesadas cadenas que arrastran nuestros fantasmas. Y eso ya es más que suficiente.

Hay días en los que me paro a pensar en todo lo que he hecho. En veintitrés años completos. Y dejando a un lado lo relativa que es la intensidad, podría decir que mi vida lo ha sido. Tan intensa que puedo rebobinar y volver a situarme en momentos pasados y concentrarme para sentir justo lo que sentí en ese instante. No es más que el eco que perdura cuando una gritó con fuerza.


Tengo libros con páginas marcadas que releo cuando no puedo dormir. Huelen a papel viejo. Usado. A papel con más vida que muchas personas. Les tengo un cariño especial porque hubo una vez que un autor escribió justo aquel párrafo para mi sin saberlo. Están apilados en cajas de zapatos que guardan de todo, menos zapatos. Cartas, cintas, libretas.

Los zapatos los guardo en un lugar que no es para zapatos. Y así con todo.

Soy consciente de que me necesito. Que necesito todas las etapas por las que he pasado, a pesar de haber dicho en alguna ocasión aquello de: ‘’ojalá no le hubiese conocido’’; ‘’ojalá no hubiese sido tan tonta’’; ‘’ojalá todo’’, ‘’ojalá nada’’. Que me necesito en todas las versiones de mi misma, y a través de todas las personas que me quieren y a las que quiero. Que no dejo de querer a ni una sola para poder quererme a mi, es más, que las quiero con locura porque cuando lo haces inmensamente, se produce ese efecto rebote que vuelve hacia a ti convirtiéndose en amor propio a través del amor ajeno. Que si te quieres querer mucho, entonces quiéreles mucho.

Cuando paso tiempo con alguno de ellos, irremediablemente se lo estoy restando a otro, pero al final, todo suma y nada resta. Los momentos se unen en un mural al que llamamos vida. Y si me quieres bien y me compartes, otros van a quererte a través de mi. Y ganarás, siempre se gana cuando se quiere como se debe.

Le he dicho un montón de veces a distintas personas que no me iré. Pero nunca ha sido cierto, hasta que lo fue y entonces me mintieron a mi. Te he contado en todos los lugares a los que he ido, como la mejor historia del mundo. Te he resumido y te he descrito con tanto afán y entusiasmo que por un momento, todos me envidiaron. Te dije que no me iría y era tan real, que me está costando irme ahora a pesar de que tú no estás. Y no estoy enfadada, porque no me compensa; mi enfado no va a traerte hasta a mi, ya me lo ha dicho.

Mi yo pasado me ha enviado una carta a mi yo de siempre, y me ha hablado de ti. Me cuesta no volver a enamorarme de lo que fue. Te lo aseguro.

Ahora ya no salgo con el móvil porque no tengo que esforzarme por acortar la distancia continuamente, ni siquiera tengo que pensar en como hacerte sonreír. No llevo demasiado equipaje porque no cuento con la idea de tener que sorprenderte con cientos de modelitos que te quiten las ganas de salir de la habitación o de correr hacia ella. Ahora camino mirando hacia los lados por si aparece una ruta alternativa, poco turística, poco transitada. Que parezca que fue hecha para mi. Caminos en los que debes de llevar los ojos como platos (de los que nos tirábamos a la cabeza) para no perder detalle, tan cargados de belleza, de secretos, que hacen adorar el camino. Que diluyen principios arraigados a nosotros mismos tales como: ‘’quiero conseguir mi objetivo’’; ‘’no descansaré hasta llegar a la meta’’, para entender que igual es el camino todo lo que cuenta. Que el trabajo, la perseverancia, el esfuerzo en cada paso, son el éxito, y la meta, quizás no sea más que el trofeo que te recuerda eternamente todo lo que anduviste.

Y si las rutas alternativas se hacen en compañía, empiezas a comprender aquello de que ‘’la vida compartida, es más’’. Más vida. Porque no sabes verdaderamente lo bonito que es un éxito ajeno hasta que lo sientes como propio. Vivir por dos, compartiendo alegrías y penas. Pasado, presente y futuro. Que te desenreden los miedos y te acunen las dudas. Que te multipliquen por cien. Y te hagan crecer. Mi yo de siempre era solo contigo. Y tú yo de siempre era solo conmigo. Conmigo en ti.

Entre nosotros no había barreras, ni los kilómetros se atrevían a aparecer por mucho que estuviésemos separados. Y entonces, como dije antes, aunque alguna vez me haya dolido como duelen las cosas que te dejan sabor a eternidad, lo cierto es que espero volver a encontrarme contigo, aunque sea en otra persona.

Alguien que traiga consigo su yo de siempre.

Que salga de una de las rutas alternativas y me diga suavito: ‘’te sientan de cine todas las versiones de ti misma.’’

Y sin preaviso, 
aparezca mi yo de siempre porque él trajo al suyo consigo.



8 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Juan... Muchísimas gracias! Gracias de veras, siempre tienes las palabras exactas.

      Un abrazo enorme.

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  2. Muy profundo y muy tuyo ¡Gracias por compartir.!!! ¡Feliz domingo preciosa..!!! ¡Besitos muchitos..!!!

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    Respuestas
    1. Muchísimas gracias María del Socorro, ten una semana tan dulce como lo eres tú.

      Un abrazo enorme.

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  3. muy profundo y encantador gracias por compartir saludos cordiales

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  4. Un largo caminar a traves del camino a la maduración, hasta encontrar el equilibrio que tanto me costó conseguir, soy feliz buscando nuevos caminos, marcándome nuevos retos, mirando fijamente al frente porque lo que suelo ver a los lados no me gusta, pero tranquilo y sosegado busco mi sendero hacia la eternidad.

    He dejado familia, amigos, me he encerrado en mi para hablar conmigo mismo y madurar con el sol, como la fruta, peo aun no me ha llegado la hora de caer del árbol.

    Gracias Amparo, cuando te he leido, me he leído a mi mismo, precioso relato de parte de tu hermosa, delicada y dura historia, como la de todos, sólo cambian los detalles, besos gallegos linda!

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