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viernes, 14 de agosto de 2015

LA MANSION





La mansión de la colina resplandecía en la oscura noche: "the high society" se daba cita  allí con fines altruistas según sus anfitriones, Madame Claire y Monsieur Charles.
Durante semanas, hombres y mujeres trabajaron en ella pues no podía quedar nada librado al azar.   
Claire era descendiente de la realeza británica. A sus sesenta años, la belleza y vitalidad la abandonaban día a día, no así la soberbia y la crueldad que supo llevar con orgullo.
Fue un parásito, no tenía logros personales, no había hecho nada en su vida por sí misma, al punto de no haberse lavado jamas la cara, lo hacían los sirvientes por ella.
Mantenía relaciones sexuales con ellos y luego los despedía. Con la servidumbre femenina llegaba hasta el castigo físico, solo por placer y ocasionalmente mantenía relaciones con alguna jovencita que le llamaba la atención.
Su estado dominante era el aburrimiento
Se casó con Charles como lo indicaba el protocolo. 

El, también descendiente de la realeza, tenía sesenta y tres años y además de su vitalidad, había perdido un ojo, estaba casi sordo y se ayudaba con un bastón para caminar producto de  un atentado contra su vida.
Era una persona cruel y desalmada como pocas. Dueño de ferrocarriles, fundó y clausuró ramales a su antojo. No le interesaban las consecuencias.
Habían engendrado dos hijos, Guillermina y Donato.
Al llegar ambos a la mayoría de edad, abandonaron la mansión y jamás regresaron. Odiaban a sus padres. El corazón frío y la forma de manejarse con sus semejantes les resultaban repugnantes. Ninguno recordaba alguna muestra de afecto, ni de niños.
Para ellos, sus hijos estaban muertos por lo que inventaron una horrorosa historia: el hundimiento del barco que los llevaba a Europa en plan de Estudios



A las nueve llegó el primer coche al castillo con la condesa Natacha y su esposo, el Conde William III.
A partir de esto, el desfile fue incesante: personajes de la realeza, magnates, millonarios, músicos de fama, actores y actrices y algún miembro de la Iglesia también, formaban una extensa fila de autos sobre el escarpado camino.
Apenas ingresaban al salón, un ejército de sirvientes los atendía casi en forma personalizada
La orquesta comenzaba  a interpretar los clásicos; Las Cuatro Estaciones, El Danubio azul, El lago de los Cisnes, el Bolero de Ravel entre otros.
A las diez de la noche, Claire y Charles bajaron lentamente por las escaleras y comenzaron a saludar a los invitados, uno por uno, todo en un ambiente de extrema cordialidad.  
Luego tomaron asiento y se dio por comenzada la cena.
Terminada la misma, los anfitriones reunieron a todos en el gran Salón.
Luego de agradecer la asistencia anunciaron una sorpresa para la medianoche.
A continuación, bellas camareras repartieron habanos cubanos y coñac caliente entre los hombres, champagne francés y trufas de chocolate negro a las mujeres.
A las once y cincuenta minutos, el tañido de una campana estalló en el ambiente.
Inmediatamente las luces se apagaron y se encendieron las antorchas ubicadas estratégicamente para crear una atmósfera ancestral, arcaica. Una bruma violeta comenzó a brotar del piso. Las sombras que se proyectaban eran fantasmagóricas, irreales. Todos se sintieron en el umbral de una región encantada, donde un raro y antiguo suceso se manifestaría.
Se escuchó entonces la voz de Charles que decía:
-Damas y caballeros: de la lejana Antártida, han venido dos amigos para entregarnos un regalo muy especial. Pido un aplauso para ellos.-
Se encendieron las luces y dos personas con túnicas violetas y capuchas comenzaron a bajar por las escaleras.
Los aplausos y comentarios no se hicieron esperar.
Una vez ubicados en el medio del Gran Salón, se quedaron inmóviles y con el rostro oculto.
-Estimados, estamos emocionados con Claire dada la trascendencia del momento pues esta noche recibiremos el regalo más preciado para el hombre: la Inmortalidad.-
Algunos sonrieron, unos pocos aplaudieron. Otros se miraron sin decir palabra.
Fue entonces que Charles les pidió a los encapuchados descubrirse ante la concurrencia.
Así lo hicieron; una mujer regordeta, rubia que rondaría los treinta años y un hombre mayor con un rostro aterrador se revelaron.
Tenían la mirada perdida, miraban sin ver.
-Tenemos el honor de presentar a Adolf y Eva.-
El murmullo fue intenso.
-Es una broma de muy mal gusto Charles.- dijeron varios.
-¿Qué significa esto?- reclamaron otros.
Las voces de protesta se alzaron.
-Calma por favor; si me lo permiten les explicaré.-
-Por favor.- gritaron todos al mismo tiempo.
-Hace un tiempo, al ver que nuestra vida entraba en el ocaso, decidimos contactarnos con el S.S.S. o Sociedad Secreta de Sacerdotes de la cual mi padre es miembro e hicimos un trato con sus autoridades.- narró.
-¿Pe…pero como dices que tu padre es miembro? Si él viviera tendría cien años.-  gritó uno de entre la concurrencia.
-Pues para vuestra información mi padre vive en el Monasterio y se encuentra muy bien. En algunos años será el responsable del inicio de la tercera Guerra Mundial.- aclaró. Y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro.
-No es posible.- gritaron al unísono.
-Si lo es y ocurrirá en cincuenta años, la chispa se encenderá en América.- respondió Charles.
-Y déjenme terminar.- Ya el grito fue aterrador e intolerable.
-Bien. Adolf y Eva pertenecen al S.S.S., son miembros fundadores y descendientes directos del Primer vampiro, el primer asesino de la historia: Caín.
El trato fue ofrendar la vida de ustedes a cambio de la Inmortalidad a manos del mismísimo Original, que está llegando de un momento a otro.
Con mí amada esposa queremos darles las gracias a todos, no olvidaremos vuestro sacrificio.- terminó diciendo.
-Sirvientes; afuera están aguardando cientos de invitados por demás especiales, permitan su ingreso y cierren todas las puertas pues nadie puede escapar.- dijo.
Luego, miró a su esposa para decirle:
-Subamos a nuestro cuarto Claire y aguardemos allí hasta que Él llegue.-
-Es una buena idea querido.- respondió.
Lentamente comenzaron a subir las escaleras, no tenían prisa alguna ya que pocos minutos serían eternos y vivirían para siempre.
Mientras, a sus espaldas, el pandemónium de gritos de horror y rugidos terroríficos, indicaban a las claras que el festín de los vampiros, con sus líderes a la cabeza, Adolf y Eva había comenzado.


F    I     N


 Estas y mas de mis historias en Historias de Richard

2 comentarios:

  1. un buen relato muy interesante gracias por compartir saludos cordiales

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  2. Escalofriante mi Richard... pero tu pluma lo vuelve exquisito....¡ME ENCANTÓ...!!! Vamos produciendo un cortometraje corazón :DDDDD ¡Feliz me tienes con tus letras y ese toque que engancha,besitos...inmortales..!!!

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