Lo Último

Novedades en la pestaña Extras, si eres Autor no olvides revisar las Normas con regularidad


Recomendamos utilizar Google Chrome para ver el blog completo

domingo, 30 de agosto de 2015

EL LIBRO

EL LIBRO

(acuarela de Steve Hanks)


Martín se sirvió un whisky, tomó el extraño libro que había encontrado en un rincón del garaje y se sentó sobre la cama dispuesto a leerlo. Con los primeros párrafos, una extraña inquietud comenzó a abordarlo.
El beso eterno del amor sellaba el encuentro de estas dos almas que desde
los orígenes estaban unidas al mismo tiempo que la luz de la luna entraba por la ventana de la cabaña, solitaria en aquella inmortal montaña.
Las estrellas brillaban con pasión en el cielo profundo, las luciérnagas  dibujaban flores en el aire y la suave brisa acariciaba la piel desnuda de los amantes.”
Conmovido, no pudo evitar cerrar los ojos y desear ser ese hombre. Su imaginación comenzó a explorar una noche plena de amor. El ritmo de su corazón era frenético.   
-¿Pero que me pasa por Dios, qué tiene de distinto esta historia?.-

Intentó recomponerse por lo que salió nerviosamente del cuarto, abrió con sigilo la puerta de la habitación de Tomás, su hijo adolescente para cerciorarse que no había llegado.
Al rato regresó al dormitorio, se sirvió otro whisky y continuó la lectura.
La muerte de la protagonista lo sumió en una enorme tristeza. Leyó sus últimas palabras:
“Mi amor, no llores por favor, la muerte no existe, la muerte no nos separa, nos prepara para una nueva vida. Te encontraré, me encontrarás, nunca nos separaremos, estamos juntos desde siempre y para siempre mi amor.”
-¡Basta por favor! ¿Qué diablos me pasa…cómo alguien puede escribir así y emocionarme de la forma en que lo está haciendo?- 
Desesperado deseó con toda su alma conocer a aquella escritora; Rosa Menvielle.
De pronto algo ocurrió, sintió como el mundo se detenía y nada se movía. 
Pero no era todo; la más profunda oscuridad se apoderó del cuarto. Asustado se quedó sentado en la cama sin moverse. 
Pasaron segundos que parecieron siglos y una exquisita fragancia inundó la habitación.
Las sensaciones de Martín cambiaron al punto de sentir que alguien más estaba allí. Había llegado ella, desnuda, hermosa y enamorada.
Se acercó a él y posó sus labios cálidos y húmedos sobre los de Martín. Este intuyendo que el amor estaba al alcance de sus manos, respondió con los besos más apasionados.
Y el sabor de aquella boca le resultó conocida, el suave jadeo de ella hizo que recordara todo.
Se abrazaron; él sintió contra su pecho el calor de unos senos desnudos, suaves como las alas de una mariposa. Buscó aquellos pezones para besarlos, mimarlos, acariciarlos. Comenzó a recorrer su cuerpo con sus manos y su lengua hasta llegar a su vagina; exquisita como un pétalo de rosa.    
Siguió recorriendo sus larguísimas piernas hasta llegar a los pies para luego regresar con una ancestral energía y adentrarse suave pero firme en las entrañas de la mujer: eran solo uno en el Universo. Los gemidos de placer eran musicales. La petite mort llegó en medio de húmedos besos empapados de amor. Martín había regado con su simiente el interior de su amada colmándola de estrellas.
Se siguieron prodigando caricias hasta que lentamente comenzó a hacerse la luz.
La miró a los ojos y la reconoció; era la protagonista de la historia de amor que estaba leyendo.
Allí se dio cuenta que él era el protagonista del libro y que Rosa, ella, había venido a buscarlo…

Tomás llegó a su casa al amanecer. Al pasar por la puerta del cuarto de su padre vio que estaba entreabierta y se asomó pero con estupor vio que no estaba; lo llamó pero no hubo respuesta.
Regresó a la habitación y vio un libro sobre la cama. Lo tomó y al hacerlo cayó una hoja. La letra era de Martín:
"Sé que no lo creerás si te lo explico así que tan solo mira la ilustración al final del libro y libera tu imaginación. Te amo hijo y saluda a tu madre cuando regrese. Y no te preocupes estarás bien. Adiós”.
Sumamente perturbado hizo lo que le pedía. La imagen que vio lo dejó confundido, quedó así unos minutos hasta que sonrió; había entendido.
En la ilustración final del libro había una bella mujer y un hombre desnudos en una cabaña. Y un pequeño párrafo;
"El beso de ella lo despertó. El abrió los ojos y se encontró con la mirada azul océano de ella.
Y mientras la brisa cálida de la montaña entraba serena por las ventanas, el sol iluminaba el cuarto, y los perfumes silvestres se metían en todos los rincones, Rosa y Martín vivían para siempre. 
Son inmortales, como el Amor.

                                               F       I       N 

     
  

4 comentarios:

  1. Que relato más bello y que letra más exquisita...Por breves instantes me sentí amada y me sentí ella..No pierdes el toque mi Richard,sensual, sin perder le estilo....ME ENCANTÓ....¡Enamorada estoy también de tu libro..!! ;) ¡Besitos miles,infinitos...!!

    ResponderEliminar
  2. Precioso, hermososo, bello...sobran calificativos. ENHORABUENA Ricardo.

    ResponderEliminar
  3. un relato muy bello gracias por compartir saludos cordiales

    ResponderEliminar
  4. Qué dulce fragancia literaria despide este relato, el amor que juega con la realidad e irrealidad de una bella historia de amantes eternos.
    Precioso regalo nos haces, Ricardo.
    Un abrazo

    ResponderEliminar

Comentar es un incentivo para el autor

ENVÍA ESTA PÁGINA A UN AMIGO
Indica su e-mail: