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lunes, 10 de agosto de 2015

Deconstruyendo París



Conocí París, como casi todo el mundo, mucho antes de conocer París. Conocí París como mucha gente, a través de la literatura.
Primero fue el París del siglo XVII, el Louvre y las Tullerías de los Tres Mosqueteros, por cuyos enormes y desangelados pasillos se movían Ana de Austria y el Cardenal Richelieu, con sus intrigas y maquinaciones a espaldas de Luis XIII;
más tarde fue el París del siglo XIX con los salones de la mejor sociedad burguesa en los que el Conde de Montecristo maquinaba su venganza. También del Conde de Montecristo me salió al paso el cementerio del Pére Lachaise, único en el que el Señor deVillefort consideraba digno dejar sus despojos; el mismo cementerio donde Víctor Hugo dejó enterrado a Jean Valjean el protagonista de Los Miserables; el viejo cementerio con su halo romántico de flores marchitas y lápidas húmedas de moho y sombras; el cementerio romántico y decadente donde reposa, tras recobrar el tiempo perdido, Marcel Proust, donde Oscar Wilde sigue mirando aterrorizado el retrato de Dorian Grey, mientras se alivia de los calores con el abanico de Lady Windermere.
Unos años más tarde fue el París de los años 50 y 60 del siglo XX, el de los jóvenes estudiantes sudamericanos, el que nos relatan Cortázar y Vargas Llosa y Bryce Echenique y mayo del 68 y... el que vio pasear a la Maga y Pedro Balbuena; el París en cuyas calles, Ricardo se reencontró con Lily, una niña muy mala.
El recuerdo más vivo que tengo de cómo una novela me evocó la ciudad y me hizo desear conocerla se debe a "La araña negra" de Blasco Ibáñez. No recuerdo apenas nada de la historia más allá de una serie de intrigas por parte de los Jesuitas que van tejiendo su tela (la tela de la araña negra) para quedarse con la fortuna de una familia adinerada. Hace más de treinta años que la leí, pero nunca olvidé sus descripciones de la margen izquierda del Sena (la famosa rive gauche) y de la zona de Montmartre. 
No pude olvidar durante mucho tiempo el ambiente bohemio de estudiantes y artistas, cabarets y mujeres de mala vida, antros nublados por el humo y los vapores de la absenta, buhardillas heladas de frío y hambre; y puede que mezcle novelas y sensaciones y lo que recordé durante mucho tiempo, aquel París que permaneció durante años en mi imaginario, fuera un refrito de demasiadas historias, demasiadas novelas, demasiada imaginación.
El caso es que no lo olvidé hasta que conocí París. La decepción de mi primer paseo por la orilla izquierda no fui capaz de confesármela ni a mi misma. París lleno de coches y de turistas, sin humo en los antros porque ya no hay antros (o yo no los encontré) y porque ya no se fuma en ningún sitio.
Me olvidé de mi París; me resigné a que el París de las novelas es un París de otro tiempo, de otros siglos, de otros estilos de vida. Tuve que deconstruir París y construirlo de nuevo a partir de sus propias ruinas y de las ruinas de mi pobre recuerdo malherido. Y me quedó precioso. 
Ahora mi París es el que he ido descubriendo poco a poco, viaje a viaje. No tiene sabor a boinas negras de estudiantes existecialistas, ni olor a trementina de estudio de pintor en Pigalle. Es un París del siglo XXI, más vivible, más claro y luminoso, al que, de vez en cuando, voy con ilusión, sabiendo lo que voy a encontrar. Sabiendo lo que no voy a encontrar. Ya no me decepciona y las sorpresas que me reserva son siempre agradables.
... Pero me gustaría encontrar a Toulouse-Lautrec haciéndole un retrato a Jane Avril en el Moulin de la Galette que, por cierto, me gusta mucho más que el Moulin Rouge.

Y este es mi París (retratado por mi misma)

































10 comentarios:

  1. Precioso París, yo sólo he ido tres veces, con otros objetivos, pero al final la ruta monumental es inevitable, todo allí es precioso, pero lo que nunca olvidaré son esas noches sin dormir en el piso 44 del Concorde Lafayette que con tres cristales dobles no era capaz de evitar el tremendo sonido del tráfico parisino, y es que como todos los sitios París no es perfecto. Eso sí, es precioso, romático, bullicioso, monumental, creo que París tiene todos los calificativos. Si vamos con una guía histórica como tú, seguro que la emoción crece con la sabiduría de quien conoce sus secretos y su historia.

    Precioso reportaje fotográfico!! gracias por compartir en tu segunda casa Rosa!

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  2. Gracias a vosotros por darme esta oportunidad. Estoy encantada.
    Un abrazo.

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  3. París es mi primer recuerdo. Después vino ya el París de los libros, del cine, del arte, de la música, de los viajes adolescentes y adultos. Me ha encantado viajar a París contigo, Rosa. Qué buena compañía y que modo tan bello de hablar de esa ciudad y de mostrarla. ¡Gracias!

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    Respuestas
    1. Gracias a ti por la lealtad con la que me sigues. No me imagino cómo sería haber conocido París sin el filtro de la literatura y el cine. Eso ya me lo he perdido.
      Un beso.

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  4. Quien no ama París...Quien no quisiera perderse en sus calles cargadas de romance en cada esquina....¡Muy buena entrada Rosa..!!! ¡Bienvenida a BLOGGER HOUSE,un gran alegría recibirte..!!! ¡Besitos miles..!!

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  5. Gracias. espero colaborar con vosotros mucho tiempo. Un blog magnífico y una gran idea.

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  6. buenas tardes preciosa entrada bienvenida saludos cordiales

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  7. Gracias por admitirme. Espero mereceros.
    Saludos.

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  8. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  9. ¡Qué hermoso recuerdo, Rosa! Y qué coincidencia, porque al final de la próxima semana voy a ir allí. Serà una escapada breve pero, seguro, que muy agradable. Ya contaré.
    Un beso

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