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martes, 4 de agosto de 2015

Caprichos del destino 16.





















Me puse en las manos de Ana y organizó mi encuentro con Jason pero para el sábado a mediodía en vez de el viernes por la noche, ya que Jason se negó en rotundo a reunirse por trabajo un viernes por la noche y lo suyo le ha costado que accediera a organizarlo un sábado a mediodía cuando tienen la fiesta en casa de Ana y Marcos por la noche. Pero finalmente ha terminado accediendo gracias a que Ana a metido en el ajo al representante de Jason.

A las doce en punto, entro en el hotel donde Ana ha reservado mesa y habitación y subo directamente a la habitación, una suite de 300 m2. Dejo la pequeña maleta donde llevo ropa interior limpia y un vestido para la fiesta de esta noche en casa de Ana y entro al baño para mirar mi aspecto en el espejo. Puede que la ropa para embarazadas no sea para nada atractiva, pero lo cierto es que me veo guapa, con el rostro iluminado y los ojos brillantes. Me veo feliz, aunque cuando escucho abrirse la puerta de la suite mi seguridad me abandona y las piernas me empiezan a temblar de los nervios. Miro el reloj, las doce y cuarto. Jason no tendría que estar aquí hasta las doce y media, pero ha sido puntual como siempre y ha llegado antes.


     -  ¿Hola? ¿Hay alguien aquí? - Le oigo preguntar desde el salón de la suite.

Su voz. Echaba de menos oír su voz. Una descarga eléctrica sacude mi cuerpo y mis piernas empiezan a moverse. Salgo del dormitorio y me encuentro a Jason sentado en uno de los sofás del salón de espaldas a mí. No puede verme, pero detecta mi presencia porque se vuelve de inmediato y se me queda mirando fijamente a la barriga para después mirarme a los ojos y viceversa. Se queda mudo, no dice nada, solo me observa. Camino unos pasos hasta quedarme a escasos dos metros de él y, con un hilo de voz, logro decir:

     -  Hola, Jason.

Jason se pone en pie y camina dos pasos para quedarse frente a mí. Continua observándome y también continua sin decir nada.

     -  ¿Nos sentamos? - Le propongo temerosa.

Jason asiente con la cabeza y, sin dejar de mirarme, se sienta en el mismo sitio donde antes estaba sentado, sin decir nada. Sus ojos no se apartan de mis ojos salvo para echar una rápida mirada a mi vientre y, tras un par de minutos en absoluto silencio, le oigo decir:

     -  Estás embarazada. - Asiento con la cabeza y cubro mi vientre con las manos. - ¿Puedo preguntarte de cuánto tiempo estás?
     -  De veintitrés semanas, casi seis meses. - Le respondo sin perder detalle de su cara, que hasta ahora solo muestra sorpresa.
     -  ¿Seis meses? ¿Sabes que voy a ser padre desde hace seis meses y me lo dices ahora? - Me pregunta, y esta vez puedo ver la decepción en su rostro. - Puedo entender que dejaras que creyera que estabas saliendo con Raúl para alejarme del peligro, aunque no lo comparta en absoluto. Pero, ¿por qué querías ocultarme algo así, Sara? ¿No quieres que tu hijo tenga un padre como yo?

Eso era lo último que me esperaba oír y lo máximo que puedo llegar a soportar. Las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas pero logro armarme de valor y hablo, decidida a recuperar a la persona que amo:

     -  Soy una idiota, Jason. Estaba preocupada por lo que pudiera pasar y decidida a explicártelo pero cuando llegaste a casa de Raúl y pensaste que estábamos juntos se me ocurrió que alejarte de mi lado era lo mejor para mantenerte a salvo. Después entraron en casa de Raúl y me llevaron al hospital donde me dijeron que estaba embarazada de tres meses. Ni siquiera me di cuenta de que no me venía la regla en tres meses. Me acordé de lo que me dijiste y le oculté a todo el mundo que estaba embarazada, a todos menos a Raúl, que se enteró en el mismo momento que yo. Mi padre fue la segunda persona a la que se lo conté y, aunque el hombre intentó hacerme entrar en razón y trató de convencerme para que te llamara, no le hice caso. Dos semanas más tarde vino Ana a verme y cuando la vi supe que no iba a poder ocultar mi estado durante mucho más tiempo, así que reuní a mis amigos, les dije que estaba embarazada y me fui un par de meses a Salou porque necesitaba desconectar y terminar de asimilar mi embarazo.
     -  Ana y Marcos también saben que estás embarazada, ¿verdad? - Me pregunta molesto. Asiento con la cabeza y, tras darle un puñetazo a la mesa, se levanta y me espeta: - ¿Lo sabía todo el mundo menos yo, que soy el padre de ese bebé? ¿Por qué, Sara?
     -  Me encontré con Ana y Marcos el martes en la consulta del médico y me vieron. - Hice una señal en dirección a mi barriga y añado: - Esto no se puede ocultar.
     -  Y por eso estás aquí, porque preferiste decírmelo tú a que lo hiciera Ana o Marcos. Es todo un detalle de tu parte. - Me reprocha. - ¿Me lo hubieras dicho si no te hubieras encontrado a Ana y Marcos en la consulta?
     -  No, no creo. - Confieso. - Este bebé es mío, Jason. No voy a permitir que me lo quites.
     -  ¿Qué? ¡Claro que no te lo voy a quitar! - Me espeta ofendido. - Joder, si te dije todo eso era porque estaba furioso, creía que te estabas acostando con Raúl. - Se acerca a mí lentamente y me besa con suavidad en los labios: - Te amo, Sara. Me he vuelto loco sin ti y no tienes que preocuparte porque te quite a nuestro hijo porque no pienso separarme de ti, no pienso separarme de ninguno de los dos.
     -  A pesar de todo lo que te he hecho, ¿me sigues queriendo?
     -  No me has hecho nada, simplemente no hemos sabido llevar las cosas bien ninguno de los dos pero a partir de ahora va a ir todo bien porque no va a haber secretos entre nosotros, ¿de acuerdo? - Asiento con la cabeza mientras las lágrimas inundan mis ojos y Jason me vuelve a besar. - Ya verás lo contenta que se va a poner mi madre cuando se entere que va a se abuela.
     -  Ana nos ha invitado a todos a cenar, quiere que celebremos tu victoria todos juntos en su casa.
     -  Pobre Ana. Quería organizar todo esto para ayer por la noche y yo la obligué a retrasarlo para hoy y eso que me advirtió que me iba a arrepentir y que ni pensara en faltar a su fiesta, ahora lo entiendo. - Me dice riendo como un niño. - Espero que se le vaya el enfado cuando me vea pegado a ti esta noche.
     -  Te he echado de menos, Jason.
     -  Y yo a ti, preciosa. Y yo a ti. - Me abraza y me besa de nuevo en los labios, un beso suave y dulce pero apasionado y prometedor. Me acaricia el abultado vientre y me pregunta: - ¿Sabes si nuestro bebé es niño o niña?
     -  Sí, me lo dijeron el martes. - Le digo sonriendo. - Es un niño y seguro que será igual de guapo que su padre.
     -  ¡Un niño! - Exclama encantado. - Y, ¿qué nombre quieres ponerle?
     -  Aún no lo he pensado. - Contesto divertida, contagiada por su euforia y su buen humor. - ¿Qué nombre te gustaría ponerle?
     -  ¿Qué te parece Jason Junior? Podemos llamarle Junior o JJ.
     -  Me encanta, pero JJ no. - Le digo sin poder dejar de reír.

Jason me besa al mismo tiempo que me coloca en su regazo y empieza a acariciarme, excitándose y excitándome.

     -  Cariño, estás preciosa. El embarazo te está sentando muy bien. - Desliza sus labios de mi mentón hacia abajo, pasando por mi cuello para seguir por la clavícula y llegar al hombro. - Quiero verte desnuda, mi amor. Quiero besar cada centímetro de tu piel.
     -  Si le hubieras hecho caso a Ana, ahora tendríamos toda la noche para nosotros solos. - Le digo bromeando. - Tenemos reservada una mesa en el restaurante del hotel a las 14:30 horas, así que tienes una hora y media para hacer conmigo lo que quieras. Después bajaremos a comer y nos prepararemos para la fiesta de esta noche, así que emplea bien esta hora y media.
     -  La voy a emplear muy bien pero creo que podemos encontrar un hueco después de comer y antes de irnos a la fiesta. De hecho, creo que me va a costar quitarte las manos de encima en el restaurante.
     -  En el baño hay una enorme bañera donde cabemos los dos perfectamente. - Le digo con picardía al mismo tiempo que acaricio su cuello con mis labios. - No pienso ir a esa fiesta si antes no he estado contigo en esa bañera, pero la comida es sagrada, estoy hambrienta.
     -  ¡Eres tremenda! - Me replica bromeando.

Jason me lleva en brazos a la habitación y allí me desnuda con delicadeza. Observa cada milímetro de piel comparando el cambio de mi cuerpo. Me acaricia el vientre y me besa en el ombligo.

     -  Cariño, me muero por estar dentro de ti pero no sé si en tu estado podemos...
     -  ¡No digas tonterías! - Le digo riendo. - No pasa nada, el bebé está en el útero y tú entrarás en la vagina, pero te aseguro que nada de lo que hay aquí dentro tiene que ver con lo que había la última vez que estuviste aquí.
     -  Oh, cielo. Deja de provocarme.

Y, sin más espera, Jason me tumba en la cama, me abre las piernas y empieza a lamer mi clítoris, mordisqueándolo y presionándolo con su lengua al mismo tiempo que presiona mis pezones con la yema de los dedos.

     -  Jason, te quiero dentro. - Le suplico cuando estoy a punto de correrme.
     -  Tus deseos son órdenes para mí, cariño. - Me contesta antes de penetrarme con suavidad, lenta y dulcemente. - Estás más estrecha, cariño.
     -  Más.
     -  Como desees.

Y como si de un baile se tratara, nuestros cuerpos se unen de nuevo haciéndonos gozar pero, sobretodo, haciéndonos felices.



2 comentarios:

  1. un gran relato muy interesante y muy realista , gracias por compartir Rakel saludos cordiales

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  2. ¡Boda,boda,boda...!!! Definitivamente habrá boda y será la primera en BLOGGER HOUSE :))) ¡Estupendo...Rakel...!!! Un orgullo tenerte con nosotros,besitos miles miles linduraaaa...!!!

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