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lunes, 3 de agosto de 2015

Caprichos del destino 15.





















Tras pasar dos meses en Salou recibiendo la visita de mi padre y mis amigos todos los sábados, decido regresar a casa. Mi embarazo va genial y mi barriga, a pesar de estar embarazada de cinco meses y medio, es enorme. Por suerte, la barriga y los pechos es lo único que me he engordado. En la sala de espera de la consulta del ginecólogo, empiezo a pensar en lo que ha sido de mi vida estos últimos meses.

En estos dos meses he sufrido con cada una de las carreras que he visto a Jason. He visto accidentes que me han cortado la respiración y, a pesar de no quedar primero en algunas carreras, logró subir al podio y quedar primero en el campeonato, seguido de Marcos y en tercer lugar Bjorn Wolf. En la carrera del Gran Premio de la India, me vi obligada a llamar a Ana para rogarle que hiciera entrar en razón a Jason y que dejara de jugarse la vida, pero Ana me dijo que ella, Marcos y el equipo entero lo intentaban constantemente sin ningún tipo de éxito.


Desde la visita de Ana a mi apartamento, Jason no ha vuelto a intentar ponerse en contacto conmigo. Cuando lo vi aparecer en las noticias recogiendo el premio de pilotos y se lo dedicó a su familia y a una tal Rachel me entraron ganas de tirar un jarrón contra la televisión, pero en lugar de eso respiré hondo, bebí un vaso de agua y me puse a llorar.
Echo de menos a Jason. Sigo pasando las noches llorando en mi habitación hasta que consigo quedarme dormida, me despierto con ojeras y los ojos hinchados, sonrío para aparentar que estoy bien cuando en realidad estoy fatal.

     -  No estés nerviosa, seguro que todo está bien. - Me dice mi padre colocando su brazo sobre mis hombros para estrecharme contra él.

Le sonrío solo para que se relaje, pues parece estar más nervioso que yo. La puerta de la consulta se abre y de ella salen Ana y Marcos, seguidos por el doctor. Me quedo completamente paralizada y ellos actúan del mismo modo al verme. El doctor, que se percata de nuestro comportamiento, decide mediar entre nosotros:

     -  Señorita Moreno, es su turno. - Como yo no hago la menor intención de moverme, el doctor continua hablando pero esta vez, le pregunta a Ana: - ¿Se conocen?
     -  Sí, somos amigas. - Contesta Ana sin dejar de mirar mi barriga. Instintivamente, me llevo las manos a la barriga para proteger a mi bebé de cualquier cosa. - Ahora entiendo lo que decía Alicia de que Jason lo había arruinado todo al abrir su bocaza.
     -  Señorita Moreno, pasemos a la consulta. - Interviene de nuevo el doctor, mirando su carísimo reloj de pulsera. - Esperemos que esta vez el bebé nos deje ver su sexo.
     -  Esperaremos fuera. - Logra decir Ana.

Se lo van a decir a Jason, se lo van a decir y él y me va a quitar a mi bebé. Mi cabeza no deja de dar vueltas hasta que el doctor me realiza la ecografía y puedo escuchar los latidos tremendamente rápidos del bebé. Incluso puedo ver con total claridad su cabeza, con su naricita, los brazos y las piernas, los dedos de las manos y los pies y...

     -  ¿Qué es eso?  - Pregunto señalando la pantalla.
     -  Eso es el sexo de su bebé, señorita Moreno. - Me dice el doctor. - Su bebé es un niño, ya puede ir pensando qué nombre le va a poner.

Un nombre. Ni siquiera había pensado en uno.

     -  ¡Un niño! ¿Estás contenta, hija? ¡Un niño! - Grita mi padre eufórico.
Asiento con la cabeza, es lo único que puedo hacer. El doctor revisa todos y cada uno de los parámetros del estado del bebé y concluye que todo está perfectamente.
Cuando salgo de la consulta acompañada de mi padre, Ana y Marcos continúan en la sala de espera y se levantan en cuanto nos ven salir.
     -  Sara, ¿podemos hablar un momento? - Me pregunta Ana.
     -  No creo que sea un buen momento... - Empiezo a decir, pero mi padre me interrumpe.
     -  Hija, ves a tomarte un refresco con tu amiga mientras yo aprovecho para pedir todas estas citas que te ha dado el médico. - Se vuelve hacia Marcos y le dice: - ¿Marcos, me acompañas? Tú ya debes de estar bien informado sobre todo esto y tu ayuda me vendría muy bien.

Sin dudarlo un instante, Marcos acompaña a mi padre a donde quiera que vaya por el hospital mientras yo decido seguir a Ana que me coge del brazo con suavidad y me acompaña a la cafetería del hospital. Una vez nos sentamos en una de las mesas con los refrescos en la mano, es Ana quien decide hablar primero:

     -  ¿De cuánto tiempo estás?
     -  De cinco meses y medio. - Le respondo.
     -  Y, ¿cuándo piensas decírselo a Jason?
     -  No tengo pensado decírselo.
     -  Puede que tú no se lo digas, pero puedo asegurarte que Marcos sí lo va a hacer. - Me dice Ana para avisarme. - Yo he podido convencerle para que te dé algo de tiempo y se lo digas tú, pero no creo que te dé más de un día.
     -  Ni siquiera sabéis de quién es este niño. - Le espeto molesta.
     -  Sara, quizás puedas engañar a Jason diciéndole que estás con otro, pero a mí no me engañas. Veo en tus ojos el dolor y sé que le echas de menos casi tanto como él te echa de menos a ti. - Me dice Ana empezando a desesperarse. - Se pasa el día de mal humor, se ha jugado la vida en las últimas carreras, no tiene interés por nada ni por nadie. Sus días libres los pasa en el jardín de su casa en Londres emborrachándose. No es justo Sara, él no hizo nada malo y tú lo separaste de tu vida.
     -  Solo quería que no estuviera en peligro, quería protegerle. - Susurro con un hijo de voz mientras las lágrimas empiezan a llegar a mis ojos.
     -  Lo hiciste para protegerlo, pero deberías haber dejado que él tomara esa decisión. ¿No pensaste que quizás y a pesar del peligro él quisiera quedarse a tu lado? - Me pregunta Ana pero sin esperar respuesta alguna continua hablando. - Jason me contó todo lo que te dijo y debo decirte que no está para nada orgulloso de todo eso, sobre todo después de saber el verdadero motivo por el que lo hiciste. Jason nunca te quitaría a tu hijo. De hecho, estoy segura de que si le llamas y le pides que venga lo tendrás aquí en menos de veinticuatro horas. Jason te adora y, aún creyendo que le habías sido infiel, seguía adorándote.
     -  Ana yo... Lo siento. - Es lo único que puedo decir. - Puede que no hiciera las cosas bien, pero solo quería lo mejor para todos y así lo sigo queriendo, por eso es mejor que Jason no sepa nada de esto, él ya está rehaciendo su vida y...
     -  ¿Rehaciendo su vida? - Me interrumpe Ana. - ¿A qué le llamas tú rehacer su vida?
     -  A esa morena que se llama Rachel a la cual fue a abrazar nada más bajar del podio y a la que le dedicó el premio en Brasil hace escasos dos días.

Ana estalla en carcajadas hasta que, pasados unos segundos, se percata de que a mí no me hace ninguna gracia y deja de reír para, con tono suave pero divertido, aclararme:

     -  Rachel es la prima de Jason, siempre se han llevado muy bien y, como Jason no estaba pasando por un buen momento, decidió acompañarlo.
     -  Entonces, ¿no está con nadie?
     -  No, de momento no. Pero es un hombre muy cotizado entre las mujeres y no va a estar esperándote eternamente, Sara. Si de verdad le quieres, ve a por él.
     -  No sé si es una buena idea. - Opino.
     -  El sábado organizaremos una pequeña fiesta en mi casa para celebrar la victoria de Jason y el segundo puesto de Marcos. Será algo íntimo, nuestras familias y la familia de Jason. Queríamos invitaros pero Jason se negó porque no quiere que nada le recuerde a ti.
     -  No creo que ese sea el mejor momento para encontrarme con Jason. - Lo descarto de inmediato.
     -  No, debéis arreglar las cosas antes. ¿Qué te parece una cena el viernes por la noche? Yo me encargo de todo, tú solo tienes que estar preparada a la hora que yo te diga en el restaurante que yo te diga.
     -  Ana, no creo que forzar las cosas sea lo mejor...
     -  Cómo quieras. - Me dice maliciosamente. - Estoy segura que a Jason le encantará saber que va a ser padre de la boca de Marcos en vez de la tuya.
     -  De acuerdo, haz lo que quieras. - Acepto finalmente. - Supongo que ya no puedo perder nada más por intentarlo.

Me aprieto el vientre con fuerza, no dejaré que nadie haga daño a mi bebé, pero Raúl tiene razón, no puedo quitarle el derecho a mi hijo de tener a un padre ni tampoco puedo ocultárselo a Jason, no es justo.

     -  Tranquila, ese bebé crecerá con un padre y una madre, ambos unidos y felices. - Me anima Ana.



2 comentarios:

  1. buenas tardes un gran relato muy apasionante gracias Rakel saludos cordiales

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  2. Ay un varoncito ¡Lo sabía..!!! Estas de lujo mi Rakel,no sueltes la pluma...Ya me comen las ganas de ver que sige ...Ajajajajaja...¡Besitos linduraaaaa...!!!

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