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jueves, 20 de agosto de 2015

Cállame con un beso 4.





















MIGUEL.

Estoy en el coche con mi hermano Daniel de camino a buscar a su diosa y la amiga. La única razón por la que finalmente he aceptado ir es porque Daniel me ha asegurado que la amiga de su diosa es otra diosa y que tenemos que pasar por el mismo hotel donde se aloja Leticia Vargas y su amiga, con la que mi padre ha estado comiendo este mediodía. Con un poco de suerte, podré verla de nuevo y quizás hablar con ella. Daniel aparca en el reservado para clientes del hotel y entramos directamente al bar, donde se supone que debemos esperarlas. Le pido un par de copas al camarero y me detengo a observar a los clientes del amplio bar del hotel. Ni rastro de la rubia.
     -  Mira, ahí está Lety. - Me dice mi hermano señalando hacia la puerta que da al hall del hotel.


     -  ¿Lety? - Le pregunto.
     -  Se llama Leticia, pero prefieren que le llamen Lety. - Me dice mi hermano encogiéndose de hombros para después dirigir su mirada hacia una chica morena y muy guapa, que le sonríe en cuanto le ve. - Lety, estás preciosa.
     -  Gracias, tú tampoco estás nada mal. - Le dice bromeando al mismo tiempo que le saluda con un beso en la mejilla.
     -  Lety, te presento a mi hermano Miguel. - Dice Daniel.
     -  Encantada de conocerte, Miguel. - Me dice la morena dándome un par de besos en la mejilla.
     -  ¿Dónde está Silvia? - Pregunta mi hermano con miedo de oír la respuesta.
     -  Ahora mismo baja, estaba hablando por teléfono. - Nos responde.
Diez minutos más tarde, la rubia que había visto con mi padre aparece en la puerta del bar y, a juzgar por su rostro, no parece muy contenta. Nuestras miradas se cruzan un instante pero ella ni siquiera se fija en mí. Entonces, Daniel me da un codazo discretamente y, tras señalar con su mentón hacia la rubia que sigo observando, me susurra:

     -  Esa es Silvia, la amiga de Lety. ¿Sigues pensando que es fea?
Tras pensarlo durante unos segundos, decido contarle a Daniel lo que sé.
     -  Papá ha estado comiendo con ella este mediodía. ¿Qué pueden traerse entre manos? - Le pregunto sin entender nada.
     -  No lo sé, pero espero que te mantengas al margen. - Me dice mi hermano. - ¿Podrás comportarte como una persona normal esta noche?
     -  Vale, está bien. - Le respondo.
La chica rubia llega hasta a nosotros y saluda a mi hermano Daniel con una sonrisa y un par de besos en la mejilla. Acto seguido, Daniel nos presenta:
     -  Silvia, te presento a mi hermano Miguel.
Nos miramos fijamente a los ojos durante unos instantes. Por algún motivo, a mí no me sonríe como le ha sonreído a mi hermano y, al ver que tampoco se decide a saludarme, doy el primer paso.
     -  Encantado de conocerte. - Le digo y le doy un par de besos en la mejilla colocando mi mano ligeramente sobre su espalda. Su aroma mezclado con su perfume me embriaga, pero logro contenerme y, como me ha pedido Daniel, me comporto como una persona normal. - ¿Qué queréis tomar?
     -  Una cerveza está bien, gracias. - Me responde Silvia.
Le dedico una sonrisa. Cuando mi hermano me dijo que querían ir a una brasería me sorprendí, las chicas que se hospedan en un hotel como este suelen ser pijas y piden ensaladas para comer. Me alegra ver a una chica comiendo carne y bebiendo cerveza.
Pido otro par de cervezas al camarero y observo como Silvia bebe un largo trago sin dificultad. Está acostumbrada a beber cerveza, no la ha pedido porque nosotros la estuviéramos bebiendo y eso me gusta.
     -  ¿Estáis aquí de vacaciones? - Le pregunto a Silvia, tratando de averiguar algo.
     -  No, no estamos de vacaciones. - Me responde.
     -  Entonces, ¿estáis aquí por trabajo? - Insisto de nuevo.
     -  No, no exactamente. - Me responde. - Digamos que he venido a ver a alguien para aclarar algunas cosas. Es algo complicado de explicar.
     -  Claro. - Le digo simulando desinterés. - ¿Os quedaréis mucho tiempo?
     -  No lo sé, depende de cómo vayan las cosas por aquí. - Me dice empezando a incomodarse.
     -  Si tienes tiempo, antes de irte de la ciudad visita la playa del faro. - Le digo para intentar distraerla y que no piense que la estoy sometiendo a un tercer grado. - Es una playa virgen y el faro está sobre una pequeña colina rodeada de dunas. Se puede subir al faro y desde allí los atardeceres son espectaculares.
     -  Si la vista es tan espectacular, encontraré un hueco para ir a verlo. - Me dice sonriendo ya más relajada. Su móvil empieza a sonar, lo saca del bolso y, tras mirar en la pantalla quién es la persona que llama, pone los ojos en blanco y rechaza la llamada.
     -  ¿Abel otra vez? - Le pregunta Lety preocupada. Silvia asiente con la cabeza y se encoge de hombros con resignación. - Desde luego, Abel no sabe aceptar un no por respuesta. Aunque tampoco le culpo, no me gustaría estar en su situación.
     -  Hablas como si la mala fuera yo. ¿De verdad crees que tendría que haberme casado con él? - Le espeta furiosa a Lety.
     -  Si nos contáis de lo que estáis hablando, mi hermano y yo podremos daros un punto de vista externo de lo que decís. - Dice Daniel divertido.
     -  ¿Qué pensarías si le pides matrimonio a una chica y ella rechaza la proposición y rompe con la relación? - Le pregunta Lety a Daniel y yo la fulmino con la mirada.
     -  Eso no está bien, Silvia. - Le dice Daniel riendo.
     -  Tal  como ella lo cuenta suena mal, pero no fue así. - Me defiendo. - Abel y yo éramos amigos con derecho a roce, desde el principio le dejé muy claro que no quería una relación seria con él y aceptó las condiciones. - Les aclaro encogiéndome de hombros. - Lo siento por él, pero yo no le engañé en ningún momento así que tengo mi conciencia limpia.
     -  ¿Por qué no querías una relación seria con él? - Me oigo preguntar y mi hermano me mira alzando una ceja. - Si no es indiscreción...
     -  ¿Por qué me estás sometiendo a un tercer grado? - Me pregunta de repente.
     -  Silvia... - Intenta llamar su atención Lety.
     -  ¿Qué quieres saber exactamente? Desde que he aparecido por la puerta te contienes para no preguntarme algo que te mueres por saber. - Le digo mirándole fijamente a los ojos. - Dime, ¿qué quieres saber?
     -  Te he visto este mediodía comiendo con Fernando de la Vega. - Le respondo aguantándole la mirada sin amilanarme. - ¿Qué tienes que ver con él?
     -  ¿Qué crees tú que tengo que ver con él? - Me pregunta desafiante.
     -  No sé, ¿su amante, quizás? ¿Una hija secreta? - Intento adivinar.
     -  ¡Joder, Miguel! ¿Qué cojones te pasa? - Me reprocha Daniel.
     -  Lo que yo haga o deje de hacer con Fernando de la Vega no es asunto tuyo. - Me dice furiosa.
Lety se ha quedado sin palabras. Mi hermano, tratando de salvar su cita, decide intervenir:
     -  Creo que es mejor que vayamos yendo al restaurante si no queremos llegar tarde.
Silvia intercambia un par de miradas con Lety, que le pide que haga un esfuerzo y venga al restaurante y ella termina aceptando de mala gana. ¿Tanto se me ha notado? ¿Cómo es posible que se haya dado cuenta que quería saber algo? No ha confirmado ni desmentido nada. ¿Es posible que sea la amante de mi padre? También está el asunto del expediente de Lety, que es totalmente inaccesible. ¿Quién serán estas dos bellezas que guardan su identidad con tanto recelo? Mi padre me ha dicho que se trata de alguien especial a quién conoceré a su debido tiempo, pero yo no estoy dispuesto a esperar.
Nos montamos en el coche, las chicas en la parte de atrás, mi hermano al volante y yo a su lado, y nos dirigimos hacia la brasería donde Daniel ha reservado mesa. Lety y Silvia se han pasado todo el trayecto en silencio, pese a que mi hermano a tratado de distraerlas y hacerlas sonreír sin éxito.
     -  Ya hemos llegado, espero que tengáis hambre. - Dice Daniel sonriendo.
Bajamos del coche y entramos en el restaurante. El mitre nos guía hasta nuestra mesa y las chicas se sientan una al lado de la otra, así que Daniel se sienta frente a Lety y yo me siento frente a Silvia, que ni siquiera se ha dignado a mirarme desde que hemos salido del hotel.
     -  ¿Os apetece beber vino tinto? - Pregunta Daniel.
Lety asiente con la cabeza y le dedica una sonrisa a Daniel al mismo tiempo que le da un codazo a Silvia y ésta le dice:
     -  Por mí está bien.
Cuando el camarero viene a traernos la carta, Daniel le pide una botella de vino valorada en 600€. Sin duda alguna le ha gustado la morena y quiera impresionarla. Tras echar un rápido vistazo a la carta, todos sabemos lo que queremos y la dejamos cerrada sobre la mesa para que el camarero venga a atendernos. Un segundo después, el camarero está a nuestro lado. Lety es la primera en pedir:
     -  Yo quiero un entrecot poco hecho con salsa de trufas.
     -  Yo quiero un solomillo al Oporto, en su punto. - Dice Silvia cuando el camarero le mira esperando su pedido.
     -  Yo quiero un entrecot a la pimienta verde, poco hecho. - Dice mi hermano.
     -  Y yo un solomillo al porto, en su punto. - Le pido al camarero posando mis ojos en los de Silvia, que me mira por primera vez desde que hemos llegado. Tratando de eliminar la tensión que hay entre nosotros, le sonrío y trato de bromear: - Tienes buen gusto para la comida.
Pero ella no me devuelve la sonrisa. De hecho, creo que si no me ha arrancado la cabeza ha sido porque Lety le ha suplicado con la mirada que no lo hiciera.

3 comentarios:

  1. Precioso relato Rakel. Vaya imaginación, ojalá tuviera esa capacidad de generar historias. MIL GRACIAS por compartir. Besos y abrazos.

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  2. un gran relato Rakel , me ha encantado saludos cordiales gracias

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  3. Me ha encantado, bonita historia, espero que la sigas y yo la pueda ver finalizada, no tardes mucho en sacar el próximo capítulo y, si puedes, me avisas cuando lo saques, por favor.
    Un abrazo, te deseo un feliz fin de semana.

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