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miércoles, 19 de agosto de 2015

Cállame con un beso 3.





















MIGUEL.

Después de comer y de echarme una larga siesta, bajo al salón y Amelia, nuestra ama de llaves, me informa que Daniel se ha ido a la playa. Voy a la cocina y saco una cerveza de la nevera. ¿Quién cojones será esa rubia? Entonces me doy cuenta que mi padre debe estar en su despacho de casa y me dirijo hacia allí.
     -  Hijo, ¿ya te has despertado? - Me pregunta en cuanto abro la puerta de su despacho.
     -  A medias. - Le respondo bromeando. - ¿Dónde has estado? Me pareció ver el coche de Thor en el aparcamiento del hotel Amanecer. ¿Tenías una cita?
     -  Más o menos. - Me responde sonriendo nerviosamente.
     -  ¿Has quedado con una mujer?
     -  ¿Habría algún problema si sí fuera? - Me inquiere.
     -  No, para nada. - Le respondo. - ¿Estás saliendo con ella?
     -  Miguel, no tienes de qué preocuparte. - Me dice sonriendo. - No tengo previsto traer a casa a ninguna amante. Respecto a la mujer con la que he quedado hoy, es alguien muy especial a quién conocerás a su debido tiempo.
     -  ¿Alguien muy especial? - Le pregunto aturdido. - ¿A qué te refieres con eso?
     -  Lo sabrás a su debido tiempo, ahora no tienes que preocuparte por eso.
Salgo al jardín y me siento en uno de los sofás que están a la sombra. Saco mi teléfono móvil y decido llamar a Pedro por si tiene alguna noticia.
     -  No sé quién será esta tía, pero alguien se ha ocupado de blindarla. Ni siquiera he podido acceder a su teléfono móvil. - Me dice Pedro furioso en cuanto descuelga. - ¿Quién cojones es? ¿Por qué quieres investigarla?
     -  No puedo decírtelo ahora, pero sigue intentando averiguar lo que sea y llámame.
Cuelgo el teléfono y decido llamar a mi hermano, puede que no quiera saber nada del asunto, pero voy a tantear el terreno.
     -  No te lo vas a creer, Miguel. - Me dice nada más descolgar. - Acabo de conocer a una diosa en la playa y me tienes que hacer un favor. La chica ha venido con una amiga y le he propuesto que vayamos a cenar esta noche los cuatro. ¿Qué me dices? ¿Te apuntas? Si no lo haces, me buscaré a otro que me acompañe.
     -  ¿Pretendes encasquetarme a la amiga fea para ligarte a la diosa? - Me mofo. - Ni de coña, no cuentes conmigo, Daniel.
     -  No había visto a su amiga, pero acaba de llegar y está hablando con la diosa. - Me informa. - Y, para convencerte de que es otra diosa, te voy a decir que si esta noche la amiga no te gusta, te la cambio por mi diosa. Ambas son diosas, la mía morena y la tuya rubia, pero estoy dispuesto a cambiarlas.
     -  Está bien, pero si después de la cena no congeniamos, yo me voy a casa y tú te ocupas de ambas, ¿de acuerdo? - Le advierto.
     -  De acuerdo. - Me dice resoplando. Tengo que colgar, voy a conocer a la rubia.
Subo a mi habitación y decido pasar el resto de la tarde intentando averiguar algo sobre Leticia Vargas y su acompañante rubia. Menuda ironía de la vida, sé cómo es la rubia pero no sé su nombre y sé el nombre de la tal Leticia y ni siquiera sé cómo es.



SILVIA.

Cuando llego a la playa me encuentro  Lety tumbada sobre su toalla mirando a un tipo que habla por su teléfono móvil a escasos metros de ella.
     -  ¿Ligando en la playa, Lety? - Bromeo.
Lety da un respingo al escuchar mi voz y me sonríe de oreja a oreja antes de decir:
     -  Silvia, acabo de enamorarme.
     -  ¿Del bombón que habla por teléfono? - Le pregunto y ella asiente. - No tienes mal gusto.
     -  Nos ha invitado a cenar esta noche, vendrá con su hermano. - Antes de que yo pueda abrir la boca, añade rápidamente: - Es su hermano, si tienen los mismos genes su hermano también será un dios.
     -  No puedo creer que hayas organizado una doble cita, ¿por qué me metes en esto? ¿No crees que ya tengo bastante con evitar constantemente a Abel? - Le espeto furiosa. - Entre todos me vais a volver loca.
     -  ¡Menudo carácter! - Oigo una voz masculina a mi espalda. Me vuelvo y me encuentro con el bombón que se ha ligado Lety. - Supongo que tú debes de ser Silvia, ¿me equivoco?
     -  No, no te equivocas. - Le contesto. Y tú eres...
     -  Soy Daniel, encantado de conocerte. - Me dice mientras me da un par de besos en la mejilla y continua hablando alegremente: - Tiene gracia, mi hermano ha hecho un comentario parecido cuando le he propuesto lo de esta noche, creo que os vais a llevar muy bien.
     -  Nos podríamos llevar mejor si fuerais vosotros a cenar y nos dejarais al margen, ¿para qué nos necesitáis? - Les espeto malhumorada.
     -  Silvia, necesitas distraerte un poco, no puedes llevar el peso de los problemas de todo el mundo y encima tener que lidiar con Abel. Ah, ya que lo menciono, me ha llamado hace un rato porque tú no le coges el teléfono. - Me dice poniendo los ojos en blanco. - Necesitas relajarte, desconectar y tomarte una copa, ¿podrás hacer eso por mí?
     -  De acuerdo. - Musito entre dientes.
Daniel sonríe, coloca su toalla frente a la nuestra y, con una naturalidad sorprendente, empieza a hablar.
     -  Si os parece bien, podemos ir a un restaurante francés que está muy de moda en la ciudad. Tiene muy buenas críticas y la lista de espera es de meses, pero el hijo del propietario me debe un favor y no creo que haya problema en conseguir una mesa para cuatro.
     -  ¿Un restaurante francés? - Le pregunto a Lety horrorizada.
     -  Vale, nada de restaurantes franceses. - Sentencia Daniel. - ¿Alguna sugerencia?
     -  ¿Qué os parece una brasería? - Propone Lety. - He visto una al final del paseo marítimo, en un pequeño acantilado.
     -  Sé qué restaurante me dices, ¿queréis ir allí? - Nos pregunta Daniel sin perder la sonrisa. No sé por qué, pero me cae bien. Ambas asentimos y añade con voz alegre: - Me encanta ver a chicas comer como una persona normal, la mayoría de chicas hubieran preferido ir a un vegetariano y yo los detesto.
     -  ¿Un vegetariano? Yo  voy a un restaurante donde no sirvan carne. - Le digo encogiéndome de hombros. - Voy darme un chapuzón, tengo calor.
Me levanto y me dirijo hacia a la orilla, donde las pequeñas olas traen el agua hasta mis pies. El agua está fresquita, pero se agradece para poder soportar el calor. Sin pensármelo dos veces, camino decidida mar adentro hasta que el agua me llega a la cintura, cuando me sumerjo completamente aprovechando una ola más grande. Nado durante unos minutos y regreso a la toalla, donde Daniel se está despidiendo de Lety. Llego hasta ellos y Daniel me dice:
     -  Hemos quedado en pasar a recogeros al hotel, así llegaremos juntos al restaurante. A las nueve en punto estaremos en el bar del hotel, nos tomamos una copa mientras os esperamos y hacemos tiempo para llegar al restaurante a las diez  media. He llamado para reservar pero estaba todo completo y solo nos han podido hacer hueco a esa hora.
     -  Por mí perfecto, nos vemos a las nueve. - Le digo sin demasiado entusiasmo.
Daniel se despide de nosotras con un par de besos en la mejilla y se marcha con una sonrisa en los labios. En cuanto Daniel desaparece, el rostro dulce de Lety se esfuma y en su lugar aparece un rostro para nada amistoso.
     -  ¿Se puede saber qué te pasa? - Me espeta. - Daniel parece un tipo encantador y tú tratas de espantarlo. ¿No puedes sonreír y ser amable aunque solo sea por mí?
     -  Lety, he sido amable. - Le digo encogiédome de hombros. - Incluso he pensado que Daniel me cae bien, es simpático y está claro que está dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguir una cita contigo.
     -  ¡Qué nervios! ¿Qué me pongo? - Me pregunta dejando a un lado su enfado. - Vamos al hotel, quiero estar tremenda esta noche.
     -  Deja que me seque un poco, acabo de salir del agua. - Le digo riendo. - Cuéntame cómo le has conocido.
     -  Cuando he llegado unos niños estaban jugando a la pelota y Daniel ha evitado que me dieran en toda la cara. - Me explica sonriendo. - Tras asegurarse de que estaba bien, me ha pedido que le acompañase y he puesto mi toalla junto a la suya. Me ha caído bien desde el primer momento y hemos estado hablando todo el tiempo. Por cierto, me ha preguntado qué hacíamos en Ciudad del Cielo y, como no quería mentirle, le he dicho que hemos venido por un asunto personal tuyo. No ha preguntado nada más, así que no creo que vuelva a mencionar el asunto.
Entre bromas y risas regresamos al hotel y subimos a la suite para ducharnos. Por suerte, la suite tiene dos baños, porque conociendo a Lety, acaparará el baño mínimo dos horas y aún le quedará vestirse y maquillarse.

5 comentarios:

  1. un buen relato precioso encantador me ha encantado gracias saludos cordiales

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  2. Padrisimo mi preciosa Rakel,haciendo fila para la siguiente entrega..!!! ¡Besitos linduraaaaa..!!!!

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  3. Precioso querida amiga. Enhorabuena. MIL GRACIAS por compartir.

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  4. Ana María, Isidro, María y David mil gracias, me alegra mucho que os gustes! Un abrazo enorme para tod@s!

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