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domingo, 23 de agosto de 2015

Anke, una niña especial.


No sería una noche más. 
El invierno era el más crudo de los últimos diez años; el frío cortaba la piel, se pegaba en los huesos y su gélido soplido congelaba el alma.
Y a las nueve, entre solitarias calles y un sepulcral silencio, apareció Ella...de la nada. 
Solo la casa de la pequeña Anke estaba vestida de fiesta pues su hermana Agnes cumplía ocho años; la música de los acordeones y los cánticos llegaban a la calle, el baile y la alegría danzaban junto a las hermanas, su madre Marlene y su abuela Brunhilde.  
Los tíos, el manco Eldwin y el cojo Encel se encargaban de la música. Por viejos y por haber sido mutilados durante la Primera Guerra, no  fueron reclutados.
Y fue Anke la que la vio escondida detrás de una puerta en medio del festejo. Esta, al darse cuenta que había sido descubierta le hizo señas con el dedo índice para que mantuviera el silencio.
Y así lo hizo pero la tristeza la envolvió.
Se obligó a reponerse, lo logró y regresó a la fiesta con la mejor de sus sonrisas.
Pero a las nueve en punto sucedió; primero fue el sonido de un avión sobrevolando el pueblo a una altura muy baja y luego la aterradora y tan temida sirena indicando que un ataque aéreo era inminente por lo que debían dirigirse hacia el refugio sin demoras.
Con resignación comenzaron a abrigarse con lo que tenían a mano; Agnes, la más pequeña llevó consigo la única muñeca que tenía y mamá Marlene algunas galletas para comer, un pequeño bolso y no mucho más.
Salieron a la calle al mismo tiempo que el resto de los pobladores. El frío dolía.
Sin prisa pero sin pausa dejaron sus hogares para refugiarse en el sótano de la Capilla que había sido preparado para resistir los bombardeos.
Al rato, los noventa y siete habitantes estaban en el lugar. El cura cerró la puerta y se persignó.
Un minuto después, una bomba hizo temblar todo pues había caído muy cerca de allí. Instantes pasaron para escuchar el estruendo de otra bomba, y otra y otra y otra más. Algunas mujeres comenzaron a gritar temblorosas ante cada explosión, las vibraciones y el polvo que caía a partir de las grietas que se iban formando comenzaron a sofocar a todos.
El único anhelo que tenían en esos momentos era escuchar el silencio.El mayor temor era quedar enterrados vivos.
Que se hizo, pero por muy poco tiempo pues comenzaron a caer, una detrás de la otra, bombas y bombas que arrojaban los aliados sin tregua.
La tristeza y la angustia rugieron ferozmente pues los más grandes, eran conscientes que, de su casa no encontrarían nada…siempre y cuando lograran salir vivos del refugio.
Comenzaron a rezar y abrazar a sus niños para protegerlos.
Mientras tanto, la pequeña Anke recorría los ojos tristes de la gente. Y lloraba por ellos.
De pequeña decían en el pueblo era un “engel”. En la vida cotidiana se desvivía por ayudar a los demás, era muy solidaria y caritativa. Tenía un “don” especial.
Hasta que la vio otra vez en un rincón del refugio, parada, inmóvil, expectante. Era un instante por demás dramático. 
Se dio cuenta que debía hacer algo y lo hizo: se puso de pie y comenzó a cantar una antigua y muy bella canción: “Sie sind bunt und Wälder“

Coloridos ya están los bosques,
amarillos los campos segados
y comienza el otoño
Hojas rojas que caen, nieblas grises se difunden
y sopla el viento mas frío.

Con qué color de rojo profundo
la uva plena brilla desde la vid
Cerca de la barandilla crecen melocotones con líneas
pintadas en rojo y blanco

 ¡Agiles labradores saltan y las chicas cantan
todas alegremente!
cintas coloridas planean entre las vides altas
sobre los sombreros de paja

Suena el violín en el ocaso
y en el brillo de la luna
las hijas de los vitivinicultores hacen señas
y comienzan el alegre baile de cosecha.

La primera reacción fue de estupor. Todos se quedaron en silencio. Anke comenzó a cantarla otra vez y luego otra.
De a poco todos la acompañaron y cantaron con ella.
Al rato ya nadie recordaba donde estaba: bailaban, cantaban, reían y se abrazaban. La tristeza y la angustia se fueron alejando hasta convertirse en una vaga y antigua sensación.
Y siguieron cantando y saltando al son de los aplausos de Anke, mientras la miraba a Ella, a los ojos. En un momento le pareció que estaban húmedos.
La niña se acercó para preguntarle:
-¿Estás llorando?-
A lo que la Muerte respondió:
-A veces me sucede niña, me has conmovido sobremanera pero solo estamos retrasando el momento, igualmente sucederá.- Y le acarició la cabeza.
-Anke, debo cumplir con mi tarea, para eso me crearon. Ve con los tuyos por favor y cierra los ojos.- agregó.
La engel le hizo caso y corrió para abrazar a toda su familia para no separarse nunca más.
El estruendo de las bombas comenzó a sentirse lejano…la música se escuchaba más fuerte...

Cerca del amanecer, el ruido de los motores de camiones y jeeps despedazó el silencio y alejó a los cuervos.
El poblado estaba destruido en su totalidad, había sido arrasado por un bombardeo que inexplicablemente duró toda la noche. No se explicaron nunca tanta saña contra un insignificante caserío de civiles. 
Solo ruinas y escombros había allí, fuego y humo, muerte y dolor.
La patrulla alemana, en su afán por encontrar sobrevivientes recorría minuciosamente el lugar.
Más al llegar a lo que había sido el refugio, el asombro y la emoción embargó a los soldados.
No entendían ni podían creer lo que veían en los rostros de los muertos allí:
“todos y cada uno de ellos tenían una sonrisa dibujada”
                                                            

                                                                  F    I    N 



8 comentarios:

  1. Que historia más bella....Cautivada estoy como siempre por la sensibilidad de tu pluma....La suavidad con que nos llevas a tus historias y nos haces vivir cada gesto y cada paso...Eres grande mi Richard... Y yo,yo feliz estoy de tenerte cerquitas...¡Venga un abrazo,cálido,venciendo las distancias..!!

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    1. Querida María:
      Quiero decirte que aprecio muchisimo tu calidez, tus comentarios, tu generosidad.
      Muchas pero muchas gracias.
      Infinita noche María, pues en ella los mas maravillosos sueños se convierten en realidad.
      Beso.

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  2. Excelente relato Ricardo. Vivir una guerra debe ser muy difícil desde cualquier punto de vista, me encanto la forma como describes todos y cada uno de los detalles de lo que sucedió a esté pueblo y a esta niña.
    Te envío un gran abrazo.

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    1. Buenas noches Josue.
      Muchas gracias por tus comentarios, por demás generosos.
      Gran abrazo para vos.

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  3. Disfrute mucho del relato. Muchísimas GRACIAS y FELIZ semana.

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    1. Muchas gracias David. Un honor tus palabras.
      Abrazo.

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  4. MUY interesante gracias por compartir saludos cordiales

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  5. Muchas gracias Isidro. Son muy amables tus comentarios.
    Abrazo

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