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miércoles, 15 de julio de 2015

Y de repente tú 19.























Domingo, 2 de septiembre de 2012.

Me despierto sola en la cama de Lucas, su lado de la cama está intacto, no ha dormido, al menos si lo ha hecho no ha sido en esta cama. Me incorporo en la cama y me percato de que Lucas está sentado en un sillón en una esquina de la habitación, observándome.
     -  Tenemos una conversación pendiente. - Le digo enfadada.
Lucas se levanta del sillón y camina lentamente hasta llegar a la cama y sentarse junto a mí. Me da un beso en la frente y me dice con la voz apagada:

     -  Disculpa mi comportamiento de anoche.
     -  ¿Vas a dejar que te lo explique? - Le espeto molesta.
     -  No hace falta, Gina le contó a Giovani que conocisteis a Carlo un verano en Villasol y que la noche de la que hablaba el estúpido de mi primo se refería a que pasasteis la noche en una cueva para refugiaros de una inesperada tormenta, pero que no estabais solos, habían por lo menos veinte personas más. - Me contesta avergonzado. - Giovani me llamó ayer por la noche, estaba preocupado por la forma en que nos marchamos de la fiesta.
     -  ¿Nos marchamos? - Le espeto con sarcasmo. - Querrás decir que me arrastraste hasta sacarme de allí como a una delincuente.
     -  No sé lo que me pasó. - Me responde separándose de mí con cautela. - Mi relación con mi primo Carlo se basa en hacernos la vida imposible, no nos llevamos nada bien, ni siquiera nos soportamos. Solo de pensar en él contigo me pone enfermo. - Iceman se asoma brevemente pero desaparece para que Lucas pueda seguir hablando: - No estoy acostumbrado a sentir celos, supongo que tengo que aprender muchas cosas. Déjame que te lo compense.
     -  Lucas, los dos tenemos un pasado. - Le digo con calma. - No me he liado con tu primo Carlo, pero tampoco eres el primer hombre en mi vida, como yo tampoco soy tu primera mujer. ¿Cómo te sentirías si yo reaccionara así al encontrarme con alguna de tus ex amantes, novias o como quieras llamarlas?
     -  Lo sé, cariño. - Me contesta besándome en los labios. - Y voy a compensarte por ello hasta que tú des por pagada la deuda.
     -  No quiero que me debas nada, sólo quiero que confíes en mí. - Le replico. - Me pediste que confiara en ti y confío en ti, pero necesito que tú también confíes en mí.
     -  Dame una oportunidad para demostrarte que confío en ti, no te defraudaré.
Lucas empieza a besarme y yo pierdo toda lucidez, dejándome llevar por su beso abrasador. Pero el momento se ve interrumpido por el sonido de mi móvil.
     -  No lo cojas. - Me ruega Lucas.
     -  Es mi madre, nunca me llama a estas horas. - Le respondo antes de contestar la llamada. - ¿Sí?
     -  ¿Cuándo pensabas decírmelo? - Me espeta mi madre.
     -  ¿Decirte qué, mamá?
     -  Tu cara está en todas las portadas de los periódicos y revistas de sociedad y economía, besándote con Lucas Mancini, ¿cuándo pensabas decirme que tienes novio? ¿Te parece normal que haya tenido que enterarme por la prensa?
     -  Oh, no. - Murmuro.
     -  El viernes 14 de septiembre a las 18:40 horas aterriza nuestro avión en Lagos, espero que durante ese fin de semana tengamos el placer de conocer personalmente a ese chico. - Insiste mi madre ofendida.
     -  Mamá, cálmate. - Le ordeno. - Ya hablaremos de esto cuando estés aquí.
     -  ¡Aún faltan dos semanas! - Protesta. - ¿Acaso piensas dejarme con la incertidumbre? ¿Pretendes matarme?
Aparto el teléfono un instante y le explico rápidamente a Lucas lo que me está diciendo mi madre. Para mi sorpresa, Lucas me arrebata el teléfono y, con su voz más carismática, habla con mi madre:
     -  Señora Milano, soy Lucas Mancini. - Una breve pausa. - Lamento que haya tenido que saber de nuestra relación por la prensa, pretendíamos ser discretos pero ya sabe usted lo impulsivos que podemos ser la juventud. - Una pausa más larga y después continúa: - Por supuesto, de hecho si me indica cuándo aterrizan en Lagos me encargaré de ir personalmente a buscarles. - Una breve pausa y añade para despedirse: - Encantado de conocerla, señora Milano.
Lucas cuelga el teléfono y me sonríe encantado.
     -  No sabe lo que ha hecho, señor Mancini. - Le aviso divertida. - La señora Milano es una loca de las bodas y se va a pasar todo el fin de semana preguntándole cuándo se piensa casar.
     -  Señorita Milano, estaré encantado de oír los planes que tiene para nosotros la señora Milano. - Me contesta bromeando. - Para serle sincero, el que me preocupa es el señor Milano, tiene fama de pez gordo duro de pelar, sobre todo si se trata de su única hija.
     -  Puede estar tranquilo con el señor Milano, es un hombre encantador que es feliz si su hija lo es y, en este momento, su hija es muy feliz. - Le digo para después tumbarme sobre él y besarle.
Le desabrocho la camisa y Lucas se incorpora de golpe en la cama, dejándome sobre su regazo frente a él. Me besa apasionadamente al mismo tiempo que me acaricia por todo el cuerpo. Nuestras respiraciones se aceleran y nuestros cuerpos excitados se enredan. Con un movimiento rápido y veloz, Lucas me da la vuelta y me tumba en la cama boca arriba. Se desprende de sus pantalones con pericia y me observa con lujuria antes de susurrarme con la voz ronca:
     -  Me encanta tenerte desnuda sobre mi cama.
Me besa a la altura del ombligo y sus labios empiezan a ascender, llevándome por el camino del placer, la excitación y la lujuria.
Mi teléfono móvil empieza a sonar de nuevo pero esta vez ninguno de los dos nos molestamos en cogerlo o apagarlo, simplemente lo ignoramos.
Un par de horas más tarde, después de ducharme y desayunar, cojo el móvil al recordar las llamadas ignoradas y veo que tengo doce llamadas perdidas de Gonzalo, supongo que él tan bien ha visto mi cara en los periódicos de todo el país y habrá escuchado mi nombre en las noticias de la televisión. Lucas y yo también hemos echado un vistazo por Internet a toda la prensa mientras desayunábamos para saber qué decían de nosotros. Nos hemos reído bastante, nos lo hemos tomado bien. Al fin y al cabo, ya sabíamos que esto podía pasar.
Con el teléfono móvil entre mis manos, este empieza a sonar de nuevo. Es Gonzalo, otra vez.
     -  ¿No lo piensas coger? - Me pregunda Lucas escrutándome con la mirada.
     -  Es Gonzalo y debería cogerlo, puede que haya pasado algo.
     -  Estaré en mi despacho si me necesitas. - Me dice después de besarme en los labios, desapareciendo en dirección a su despacho.
Me ha dejado a solas para que hable tranquilamente con Gonzalo, lo cual demuestra que confía en mí, o al menos que lo está intentando.
     -  Hola. - Contesto nerviosa al teléfono.
     -  Por fin te encuentro, Mel. - Escucho el alivio en la voz de Gonzalo que se convierte rápidamente en ira: - ¿Se puede seber en qué estás pensando? ¿Cómo se te ocurre dejar que tu cara aparezca en todos los putos periódicos del país? ¿No has pensado en las consecuencias que puede acarrear? Te recuerdo que la mafia sureña ha visto tu cara y tú has visto cosas que nadie ve y sigue vivo para contarlo.
Sinceramente, ni siquiera se me había pasado por la cabeza. He estado tan concentrada en mi relación con Lucas y en la entrevista de mi nuevo trabajo que ni siquiera se me ha ocurrido en pensar en eso.
     -  ¿No vasa decir nada? - Me increpa Gonzalo desde el otro lado del teléfono.
     -  No sé qué decir. - Reconozco. - No me había parado a pensar que mi cara podía estar en la prensa de todo el país, no ha sido nada premeditado, al menos no con el tiempo suficiente como para pensar en eso.
     -  Escúchame, Mel. - Me ordena. - Estamos siguiendo todos los pasos de la mafia sureña, tenemos un agente infiltrado y por el momento no parecen haber relacionado la foto de la prensa con la chica que logro escapar en la discoteca de Valdemar. De todas formas, lo mejor es ponerte a uno de mis hombres para que te acompañe donde vayas. ¿Crees que tu hombre de negocios pondrá alguna pega?
     -  Gonzalo, por favor. - Le advierto.
     -  Está bien, está bien. - Recula. - Pero tengo que confesarte que sigo sin poder creer que estés con ese tipo, parece un estirado poco social y muy gruñón.
     -  Gonzalo.
     -  Lo sé, lo sé. No es asunto mío. - Me dice resignado. - En fin, dile a tu chico que a partir de esta tarde tendrás a uno de mis agentes pegado a la espalda.
     -  Gonzalo, te agradezco lo que estás haciendo por mí, pero estoy cansada de esconderme o de salir huyendo. Lo que tenga que pasar, pasará. - Le digo con firmeza. - No quiero tener a uno de tus agentes pegado a mi trasero, no es necesario.
     -  No voy a ganar nada discutiendo contigo, así que me conformaré con que me prometas que me llamarás si notas cualquier cosa extraña y que irás con cuidado.
     -  Te lo prometo, Gonzalo. - Acepto y añado antes de colgar: - Gracias por todo y cuídate.
Me siento en uno de los taburetes de la cocina y analizo mi conversación con Gonzalo tratando de asimilar lo que acaba de pasar. Hace ya casi un año que no estamos juntos, pero a pesar de ello, siempre hemos coqueteado un poco cuando hemos hablado por teléfono e incluso hemos tenido un par de encuentros sexuales algunas de las pocas veces que nos hemos visto desde entonces.
     -  Mel, me acaba de llamar tu amigo Gonzalo. - Escucho la voz de Iceman a mi espalda.
     -  ¿Qué? - Respondo poniéndome en pie de un salto.
     -  Me ha dicho que has rechazo que te pongan a un agente por seguridad y, sabiendo que iba a ser imposible de convencerte de lo contrario, hemos llegado a un acuerdo.
     -  ¿Qué clase de acuerdo? - Le pregunto. - ¿Y desde cuándo hablas con Gonzalo?
     -  Es la primera vez que he hablado con él y, aunque lo quiero bien lejos de ti, he de reconocer que tiene razón. - Me contesta abrazándome desde la espalda. Me besa en la mejilla y continua: - Aún no conoces a Thaison, es mi escolta personal, aunque solo suele acompañarme cuando viajo al extranjero o cuando considero que puedo tener problemas. Es de confianza y estará encantado de acompañarte e ir a buscarte al trabajo o a donde quieras ir.
     -  Lucas, no es necesario que...
     -  Deja que cuide de ti. - Me interrumpe. - Puede que no sea necesario, pero prefiero ser precavido y vivir tranquilo. ¿Vas a darme ese capricho?
     -  No sé cómo lo haces, pero me es imposible decirte que no. - Le contesto cediendo resignada.
Lucas me abraza y empieza a besarme por el cuello, la clavícula y el hombro. Sé a dónde nos van a llevar esos besos y solo el pensarlo me produce una descarga eléctrica que humedece mi entrepierna de la excitación por la espectativa. El sexo entre nosotros se está convirtiendo en una necesidad, una adicción u obsesión insaciable en la que ambos estamos encantados de sucumbir.

2 comentarios:

  1. Ya hemos entrado en materia!! ya poco debe faltar para un desenlace que seguro va a sorprender, estoy ansioso!! precioso relato Rakel, feliz dia!!

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    Respuestas
    1. Poco queda ya, acabo de subir el capítulo 20 y la novela tiene 21, jejeje! Muchas gracias, Juan Carlos, un abrazo y feliz día para ti también! ;-)

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