Lo Último

Novedades en la pestaña Extras, si eres Autor no olvides revisar las Normas con regularidad



Recomendamos utilizar Google Chrome para ver el blog completo

martes, 14 de julio de 2015

Y de repente tú 18.
























Madrugada del domingo 2 de septiembre de 2012.

Tras saludar a todos los invitados que han llegado puntuales, nos hicieron pasar al enorme salón de actos el cual habían amueblado y decorado para la ocasión, donde hemos cenado tras un breve discurso de Fabio y Leonor. Las mesas eran redondas y grandes, para ocho comensales, y en la nuestra estaban sentados Leonor, Fabio, Mía, Álex, Giovani, Gina, Lucas y yo, en ese orden. Al estar sentada al lado de Leonor, he podido preguntar todo lo que necesitaba saber sobre el evento, ya que Lucas no ha mostrado el menor interés por la fiesta de sus padres.


     -  Todos los años hacemos esta fiesta para recaudar dinero que posteriormente donaremos a los orfanatos de la ciudad. - Empieza a explicarme. - Cada año se dona a un organización diferente, pero siempre con el fin de ayudar a los ciudadanos más necesitados. El año pasado reformamos el hospital del barrio del sur, uno de los barrios más desfavorecidos de la ciudad. Recibimos miles de propuestas al año y todas ellas son estudiadas para finalmente decidir a donde van a dirigirse los fondos recaudados. Este año, la propuesta seleccionada ha sido el orfanato de Lagos. Las instalaciones son pésimas, las aulas y las habitaciones de los niños están llenas de moho debido a la humedad y el material escolar que utilizan está completamente desfasado. Necesitan urgentemente una reforma.
     -  ¿Quién se encarga de escoger la propuesta? - Le pregunto interesada.
     -  Se encarga el comité de la Organización Benéfica de Lagos, la OBL, de la cuál o soy la presidenta desde hace quince años. - Me contesta orgullosa. - Si estás interesada, podríamos quedar un día y te enseñaré todo lo que solemos hacer y, si te animas, puedes hacerte miembro y poner tu granito de arena.
     -  Mamá, no aburras a Mel. - Le reprocha Lucas severamente. - Dono el 5% de lo que gano a tu organización, eso debe bastar para evitar que aburras a Mel.
     -  No te preocupes Leonor, estoy muy interesada en la OBL y me encantaría que otro día pudieras enseñarme todo lo necesario para aportar mi grano de arena. - Le digo a Leonor al mismo tiempo que fulmino a Lucas con la mirada.
     -  ¡Por fin una mujer que sabe plantarle cara a este hijo mío! - Se alegra Leonor. - No sé de quién ha sacado ese carácter, ni su padre ni yo somos cómo él. - Se vuelve hacia a mí y me susurra para que también la oiga Lucas: - Sinceramente, aún no sé cómo le aguantas.
     -  ¡Mamá! - Exclama Lucas con su mirada de Iceman.
     -  Oh, vamos. Solo estamos bromeando. - Intento mediar entre ambos. - Estamos pasando un rato agradable y disfruto escuchando a tu madre decir lo mucho que trabajan durante el año para recaudar fondos y hacer algo bueno para la comunidad. Es algo que tendría que hincharte de orgullo, no de aburrimiento.
     -  Entonces, ¿por qué nunca vas a las galas benéficas que organizan constantemente tus padres? - Me pregunta Giovani divertido. Le fulmino con la mirada y añade: - No me mires así, alguien tiene que defender a mi amigo, ¿no?
     -  ¿Puedes explicarme eso? - Me pregunta Iceman en estado puro.
     -  No voy, pero ayudo a organizarlas. - Me defiendo. - Además, el motivo por el que no voy nada tiene que ver con el evento en sí, sino por factores externos.
     -  ¿Factores externos? - Me inquiere Lucas.
     -  ¿Recuerdas el motivo de mi trato con Giovani al cumplir los treinta y cinco? - Le doy una pista.
     -  Estoy completamente de acuerdo en que no asistas a esos eventos, pero del trato que tienes con Giovani tenemos que hablar. - Me susurra al oído.
El jardín trasero se ha convertido en una pista de baile con barras de bar por todas partes, como si estuviéramos en una de esas fiestas chil-out de Villasol. Lucas me coge de la mano en todo momento, evitando que me escape mientras él recibe educadamente el saludo de los invitados que no le habían saludado antes de la cena.
     -  No me lo puedo creer, ¿cómo puedes estar con el serio de mi primo con lo divertida que eres tú? - Escucho una voz que me resulta familiar a mi espalda.
Tanto Lucas como yo nos giramos para poder ver al dueño de esa voz y mi sorpresa es encontrarme allí a Carlo, un chico al que conocí un verano en Villasol, un verano bastante peculiar.
     -  ¡Carlo, qué alegría verte! - Exclamo avalanzándome sobre él para abrazarle.
     -  Yo también me alegro de verte, aunque no me alegro tanto de verte con mi primo Lucas. Sí me echabas de menos, sólo tenías que llamarme. - Bromea Carlo. - Ahora en serio, he escuchado por ahí que por fin Lucas se había echado novia y cuándo te he visto, no me lo he podido creer. Dime que se trata de una broma o algo parecido.
     -  No es ninguna broma. - Sentencia Iceman con su mirada más gélida que nunca. Sus ojos se han ensombrecido tanto que se han vuelto del color del humo, un gris oscuro y temeroso.
     -  Vaya, veo que va en serio. - Contesta Carlo sorprendido. - En fin, espero que cuando te aburras de él decidas llamarme y repetir una noche como la de la fiesta de la luna llena en la cueva de la playa.
Noto como los músculos de Lucas, que está pegado detrás de mí con sus manos en mi cintura, se contraen por la tensión y casi me olvido de respirar.
     -  Carlo, lárgate. - Le dice Giovani. - No es el momento ni el lugar para uno de tus numeritos.
     -  Nos vemos, Mel. - Se despide Carlo lanzándome un beso al aire.
Apenas me da tiempo a abrir la boca para explicarle a Lucas lo que acaba de oír, Lucas me agarra del brazo y me lleva hasta el jardín delantero, dónde el aparcacoches ha ido aparcando los coches de los invitados. Lucas saca a llave del coche del bolsillo y dándole al botón abre su coche y las luces se encienden de inmediato. Abre la puerta del copiloto y me hace subir al coche para después sentarse él en el asiento del conductor.
     -  ¿Qué pasa? - Le pregunto cuando soy capaz de hablar.
     -  Nos vamos. - Me contesta arrancando el coche y sin mirarme.
     -  ¿Nos vamos? ¿A dónde?
     -  Nos vamos a casa.
     -  ¿A casa de quién? - Le pregunto enfadada. - ¿A la tuya? ¿A la mía? ¿O cada uno a su casa y Dios en la de todos?
Lucas no me contesta, me fulmina con la mirada y sigue conduciendo. Me resigno a mi destino y cierro los ojos. Cuando por fin Lucas aparca el coche, abro los y descubro que estamos en el parking del edificio de Lucas y Giovani. ¿Me ha traído a su casa? Lucas sale del coche y espera a que yo le siga, sin abrirme la puerta y ayudarme a salir del coche como acostumbra a hacer.
Después de subir en el ascensor en silencio y entrar en su casa, Lucas se sirve una vaso de wisky con hielo mientras yo empiezo a decirle:
     -  Lucas, lo que Carlo ha dicho a parecido sonar a algo que no es así y...
     -  Déjalo, Mel. - Me espeta furioso. - Tú estás demasiado cansada y yo demasiado furioso. Lo mejor es que te vayas a dormir y mañana hablaremos más tranquilamente.
     -  ¿Tú no vienes a dormir?
     -  No, no tengo sueño y tengo trabajo pendiente por hacer. - Me contesta secamente. - Estaré en mi despacho si necesitas algo.
Y dicho ésto, se da media vuelta y desaparece tras la puerta de su despacho. Resignada, me dirijo al dormitorio de Lucas, el único que hay, me desnudo y me meto en la cama. Doy vueltas intentando dormir, pensando en si debo o no ir al despacho de Lucas y hablar del tema, pero recuerdo lo enfadado que está y decido quedarme en la cama y seguir intentando dormir.







4 comentarios:


  1. Cada día, entro más en calor... Por qué será?

    Un abrazo, Rakel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja! Es que últimamente hace mucho calor, Joaquín...

      Otro abrazo enorme para ti!

      Eliminar

Comentar es un incentivo para el autor

ENVÍA ESTA PÁGINA A UN AMIGO
Indica su e-mail: