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lunes, 13 de julio de 2015

Y de repente tú 17.























Sábado, 1 de septiembre de 2012.

El día de la fiesta de fin de verano que dan los padres de Lucas ha llegado y yo estoy bastante nerviosa. Lucas se ha pasado la semana diciendo que teníamos una conversación pendiente y, hasta ahora, yo he logrado alargar dicha conversación. Pero Iceman se ha cansado de esperar y me ha asaltado en el coche de camino a la fiesta:
     -  Mel, cuando lleguemos a casa de mis padres, no solo estará la gente más importante de la ciudad, también habrán periodistas y fotógrafos. -Empieza a decirme. - No suelo ir a esta clase de eventos y mucho menos acompañado, así que seremos el centro de atención de todo el mundo.
     -  ¿Qué quieres decir con eso?


     -  Que nos van a preguntar qué clase de relación tenemos. - Me responde lanzándome una severa mirada antes de volver la vista a la carretera. - Y, antes de que me digas nada, no pienso presentarte como a una amiga porque no pienso consentir que otro tipo te invite a bailar o trate de ligar contigo.
     -  ¿Celoso y posesivo? - Me mofo. - No son cualidades muy comunes en mujeriegos que no creen en el amor, ¿no te parece?
     -  Pues sí, pero en esto es en lo que me has convertido. - Me responde furioso. - Yo tenía mi vida organizada, tenía mi propio modo de pensar sobre las relaciones y de repente, tú. Llegas tú y me rompes todos los esquemas, permaneces en mi cabeza día y noche. Desde que te vi por primera vez en el Sweet me hechizaste. Estuve yendo todas las noches al Sweet, esperando volver a verte. Y, cuando ya casi he perdido la esperanza, resulta que eres la mejor amiga de Giovani. No te voy a engañar, no tengo ningún tipo de experiencia en cuanto a relaciones estables se refiere. Siempre he pensado que solo me casaría si encontraba a alguien con quien formar un matrimonio como el de mis padres. Nunca he creído poder sentir lo que siento por ti, nunca antes lo había sentido. Sé que hace poco que nos conocemos, pero yo ya sé todo lo que tengo que saber de ti. Incluso que tienes un ex novio del SS que sigue tratando de conquistarte enviándote flores y llamándote constantemente.
     -  ¿Estás seguro que quieres hacerlo público? ¿Y si mañana cambias de opinión?
     -  No pienso dejarte escapar, Mel. - Me sonríe. - Te quiero conmigo siempre.
     -  De acuerdo, pero no creo que la fiesta de esta noche sea la mejor ocasión para anunciar nada y antes tendrás que decírselo a tu familia, no les sentará bien enterarse al mismo tiempo que los demás.
     -  Mi familia ya sabe lo que hay entre nosotros, Álex les ha contado a mis padres y a Mía que nos vio besándonos en el garaje y todos han visto cómo nos tratamos, es más que evidente que somos algo más que amigos que se acuestan de vez en cuando, pero tú eres la única que se empeña en no querer verlo.
     -  No puedo creer que estemos manteniendo esta conversación en este momento.
     -  No me has dejado otra opción, llevo intentando hablar de esto contigo toda la semana. - Me reprocha molesto. - No entiendo cuál es el problema en hacer público lo evidente.
     -  Y, ¿qué es exactamente lo evidente?
     -  Que somos pareja. - Me dice con firmeza. - Mantenemos una relación de amistad y confianza, mantenemos relaciones sexuales y a ambos nos gusta pasar el tiempo juntos, ¿cuál es el problema para que no quieras intentarlo?
     -  Está bien, somos pareja. - Accedo finalmente. - Y que quede claro que eso significa que nada de terceras personas para ninguno de los dos.
     -  ¿Es que estás viendo a otra persona? - Me pregunta medio en broma medio en serio.
     -  Sabes muy bien que lo digo por ti. - Le acuso.
     -  No he estado con ninguna otra mujer desde que te vi por primera vez en el Sweet. - Me dice en un susurro. - Te dije que no he podido sacarte de mi cabeza desde entonces.
Entramos en la villa de los Mancini y descubro que la entrada delantera está llena de periodistas y fotógrafos entrevistando y fotografiando a todos los invitados.
     -  ¿Vamos a entrar por ahí? - Pregunto horrorizada.
No es que no esté acostumbrada a los periodistas y a los fotógrafos, pero eso no quiere decir que me gusten. Soy muy precavida en cuanto a mi vida privada se refiere y, aunque en Lagos sea una chica anónima, Lucas ya me ha advertido que esta noche íbamos a ser el centro de atención de todo el mundo.
     -  Sí, pero no te preocupes. - Me dice apretando mi mano en señal de apoyo. - Solo posaremos, sonreiremos y entraremos, no tienes que decir nada si no quieres.
Lucas para el coche frente a las escaleras que conducen al porche de la casa, donde sus padres están recibiendo a los invitados mientras son fotografiados constantemente. Lucas me mira y me sonríe, me besa el dorso de la mano para darme fuerzas y baja del coche rápidamente. Dos segundos después, la puerta de mi lado se abre y Lucas me tiende su mano para ayudarme a salir del coche. Nada más salir, miles de destellos de luz blanca me ciegan y me aferro con fuerza a la mano de Lucas mientras intento mantener los ojos abiertos y sonreír.
     -  Estás preciosa, cariño. - Me susurra al oído mientras me rodea la cintura con su brazo para después besarme en la sien, un gesto protector.
Los periodistas y los fotógrafos nos asaltan, impidiendo que podamos llegar al porche donde nos esperan Leonor y Fabio, que también están pendiente de nosotros. No nos queda otro remedio que parar y, cómo me ha dicho Lucas, posamos, sonreímos y entramos pero, justo cuando estamos a punto de llegar junto a Fabio y Leonor, un periodista se nos interpone en nuestro camino:
     -  Señor Mancini, ¿podría decirnos cuál es su relación con la señorita Milano?
Lucas le dedica una amplia sonrisa al periodista y acto seguido me besa en los labios, pero con una pasión menor a la acostumbrada, para después responder al periodista:
     -  Obviamente, la señorita Milano es mi pareja.
Dicho esto, Lucas me guía hasta que por fin llegamos al porche, donde somos recibidos por su padres.
     -  ¡Mel, estás preciosa! - Exclama Leonor abrazándome efusivamente. - No sabes cuánto me alegro de que hayas conseguido arrastrar a Lucas aquí esta noche.
     -  Encantado de volver a verte, Mel. - Me dice Fabio sonriendo y saludándome con un par de besos en la mejilla. Se vuelve hacia su hijo y le dice bromeando: - Lucas, enséñale la casa a Mel mientras llegan el resto de invitados, así podéis evitar durante un rato el interrogatorio al que vais a ser sometidos esta noche, sobre todo después de ese beso.
Me ruborizo más de lo que ya estaba y Lucas me abraza desde mi espalda, dándome fuerzas y mostrándome a un Lucas cariñoso y romántico que pocas veces se deja ver.
Iceman se ha tomado la noche libre.
Entramos en la enorme casa y Lucas me lleva directamente hacia a las escaleras. Subimos hasta la segunda planta en silencio y, tras cruzar un pasillo, entramos en una habitación y Lucas cierra la puerta. Echo un rápido vistazo a los pósters que hay colgados en las paredes pintadas de azul, todos de coches y motos. La cama de king size con la colcha azul y blanca a juego con las cortinas. Colgado de la pared sobre el escritorio hay un corcho lleno de fotos. Observo las fotos con atención y rápidamente reconozco al niño y al adolescente que aparece continuamente en ellas, a veces solo, a veces rodeado por amigos y amigas.
     -  ¿Está es tu habitación? - Le pregunto volviéndome hacia Lucas.
     -  Sí, mis padres la conservan tal y cómo la dejé antes de mudarme al campus de la universidad. - Me responde sonriendo. Señala una fotografía y añade: - Aquí estoy con Giovani el día de nuestra graduación, también están mis padres, Mía y Álex.
     -  ¿Este de aquí, eres tú? - Le pregunto señalando una fotografía en la que aparece un niño de unos cinco años pescando en el lago.
     -  Sí, cuándo éramos pequeños mis padres siempre nos llevaban en verano a pasar unos días a su cabaña del lago, por eso yo también me compré una. - Me da un beso en los labios y añade: - Quién sabe, quizás algún día podamos llevar a nuestros hijos allí.
     -  ¿Hijos? - Le pregunto escandalizada. - No tengo ninguna intención de pensar en tener hijos hasta los treinta, cómo mínimo.
     -  Tampoco es algo que aparezca en mis planes de futuro próximo, así que cuando cumplas los treinta volveremos a hablar del tema. - Me responde divertido.
     -  Deberíamos volver a la fiesta, la gente se estará preguntando dónde nos hemos metido. - Le recuerdo.
     -  Volvamos, pero otro día te traeré a esta habitación y te haré gemir de placer. - Me susurra al oído.
     -  No creo que importe que tardemos unos minutos más. - Le contesto excitada.
     -  No, preciosa. - Susurra con la voz ronca. - Necesitaré horas para todo lo que quiero hacerte, la fiesta se terminaría antes de que acabemos.
     -  Mm. ¿Por qué me haces esto? - Protesto. - ¿Me pones el caramelo en los labios para después arrebatármelo sin haberlo probado?
     -  Cariño, eso es exactamente lo que estás haciéndome tú constantemente al llevar ese vestido puesto.
Nos besamos apasionadamente, pero sin dejar que el beso nos arrastre a la lujuria, y decidimos bajar al jardín trasero dónde todos los invitados están concentrados.
Una vez en el jardín, uno a uno los invitados se acercan a saludar a Lucas quién, con educación y mucha paciencia, me los va presentando. Ahora recuerdo porqué no me gustan nada estas fiestas, tienes que saludar y sonreír a todo el mundo. Sin embargo, el rostro de Lucas vuelve a mostrarse implacable, se ha puesto la máscara de Iceman.

4 comentarios:

  1. Buenas tardes un relato muy interesante feliz semana Rakel saludos cordiales

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    1. Buenas tardes, Isidro. Un abrazo y feliz semana!

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  2. Hola Rakel, vamos avanzando hacia el desenlace final!!

    puedes incluir un enlace en la entrada a tu blog personal para promocionarlo, feliz dia hermosa!

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    1. Feliz día para ti también Juan Carlos! Besos!

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