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martes, 21 de julio de 2015

Los tiempos que corren.

No se si sabes los tiempos que corren, 
o lo que corren los tiempos, 
que se escapan de los relojes 
en los que con paciencia, 
tratamos de encerrarles.

Nos han robado la llave de los días 
y ahora resultan ser ellos quienes nos viven, 
y nosotros quienes nos dejamos vivir 
atrapados entre versos efímeros 
que resultan ser droga 
para aquellos que seguimos proclamando 
la importancia del espíritu.

Y mientras nos someten a este ir y venir 
de oportunidades suicidas disfrazadas de calendarios, 
la belleza nunca muere, 
aun aunque muera la vida 
apuñalada por las agujas del minutero 
que se nos coge a los dientes 
y nos arranca lo que antaño eran verdades, 
y ahora apenas alcanzan a ser mentiras, 
por ser algo.

A veces la belleza 
es un lugar que nos encharca las retinas, 
como se nos encharcan los pies 
cuando salimos aprisa y sin paraguas, 
en busca de un autobús al que nunca llegamos a tiempo.

Pero lo seguimos intentando, 
porque dejar de hacerlo es hacerse amiga
de todas esas ocasiones que desfilaron frente a nosotros 
con la prisa que tiene un mezquino en cobrarse una venganza.

Otras, 
nos eclipsa la belleza de una canción 
que se nos cuelga en el tímpano 
y se balancea con el soplo de un recuerdo, 
haciendo vibrar las costuras de las cientos de cicatrices 
que cosimos con esmero 
después del último tango que bailamos con la pena.

Que siempre nos pisa los zapatos 
con poca delicadeza.  

Y otras veces, 
las agujas se detienen 
como se detuvieron las pupilas de Garcilaso en Isabel, 
las de Neruda en Matilde 
o las de Machado en Guiomar, 
obligándoles con esa sutileza con la que obliga el amor, 
a no quitarles el lápiz de encima de por vida.

Es así, de ese modo, como te conocí. 

Con ese aire que confiere la belleza 
a unos tiempos de ruinas, 
atrapados en la caja tonta 
y olvidándonos de la torácica.

Como no iba a detenerse el Universo, 
como no iban a subir el telón que suponen tus párpados 
para hallar la poesía al fondo de tus ojos 
y ponérselo fácil a Bécquer, 
como no iban a temblar en el Olimpo 
si se les había descolgado tu silueta 
poniendo en entredicho su sistema de seguridad.

No se cuanta vida hay en un abrazo, 
o cuantos abrazos caben en la vida, 
ni siquiera se como suena un piano cuando nadie lo toca, 
o que se siente antes de un viaje sin fecha de regreso, 
pero me sobran las razones o los motivos, 
para decir que tus pasos suenan diferente 
cuando caminas hacia mi.

Mírame largo y tendido, 
como se mira un horizonte apuñalado de chimeneas 
que escupen verdades negras, 
y deja que mis ojos le quiten la ropa a tus kilómetros, 
haciendo de tu bragueta la cinta de salida y la de meta.

Y encontrarme, 
aun sin que me busques, 
aun sin buscarnos, 
de la misma forma que la brújula 
siempre apunta al Norte, 
pero nuestros veranos anhelan un poco de Sur, 
de esa manera en la que continuamente 
brillan las siete estrellas de la Osa Mayor 
entre coordenadas celestes 
que envidian el incesante destello 
de todo lo que eres aun cuando crees no serlo.

No se si me explico, 
pero se que lo siento.

Has recolocado mis órganos vitales, 
recuperándolos de ese mercado negro 
en el que se intercambia el amor barato 
a cambio de unas cuantas historias a medias 
con las que protagonizar insomnios, 
tal vez con las que justificar borracheras.

Encontrarse en otras manos 
es lo más parecido a reinventarse, 
de la misma forma de la que Eva nació de Adam, 
pero sin barro de por medio, 
que yo he nacido de tus palabras, 
de tus versos, 
que soy el amor por tus formas, 
tus delirios y tus miedos.

Puede que hasta tus manzanas, 
colocadas estratégicamente 
en cada uno de los verbos 
que solo pueden conjugarse en plural.

Muérdelas, 
y déjame hacer de veneno, 
dulce y placentero, 
hasta dormirte las circunstancias que te impiden hacerme beso.

Y de veras espero que me estés entendiendo.

Que hasta el pasado me resulta tierno 
a través de tus ojos, 
y me siento valiente en tierra de recuerdos; 
ya ves, todo lo que consigue la belleza de tu cuerpo, 
que me adormece las alarmas y descorcha las botellas 
que guardaba en el pecho 
para las celebraciones importantes.

Tengo fuegos artificiales en los pulmones 
y los lunares se me han vuelto serpentina.

Ahora, si me dejas arrancarte en un instante 
todos los planes que no conducen a un futuro bilateral, 
podré decirte con la seguridad que se tiene 
de que compromiso empieza por ‘’c’’ de ‘’cariño’’, 
que te echo de menos aun cuando estás conmigo.

Que no hay suficientes cielos en el mundo 
para hacerte el amor, 
ni bastantes infiernos para follarte 
hasta decir basta; 
que me faltan vidas y muertes 
para todo lo que quiero besarte; 
que te vestiría solo por el mero placer 
que supone desnudarte.

No se si sabes los tiempos que corren 
o lo que corren los tiempos, 
que se recochinean en lo relativo de unas agujas 
que a veces parecen girar a la inversa 
y devolverte a ese instante que te empeñas en olvidar; 
y otras sin embargo, 
agradeces el retroceso a un momento 
en el que te devoraron unas pupilas 
con la rapidez de un lector frente a un libro interesante.

¿Me entiendes?

Que a veces un para siempre 
se hace interminable 
y otras, 
tan efímero que duele el paso de unos días 
que se te escapan entre los dedos 
con la prisa de un rumor 
y la agilidad de la malas lenguas.


Ya sabes que si con algo me quedo, 
es con la eternidad de un sentimiento 
cuando se hace deseo 
y con la valentía de unos dedos,
para hacerlo verso. 



6 comentarios:

  1. Un homenaje al tiempo, expresado en casi poesía por la artista de Amapro!! Ya tienes libro? y si no lo tienes.....porque no? no has enseñado tus escritos a los editores? Fenomenal otra entrada campeona, gracias!!

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    Respuestas
    1. Al fin y al cabo el tiempo es quien siempre termina por ganar, por darnos las respuestas, por poner cada cosa en su lugar, el tiempo todo lo cura, que menos que hacerle protagonista de algunos escritos, merecido lo tiene ¿no? Jajaja

      Ay, muchas gracias por tus palabras siempre Juan Carlos; nunca he publicado nada, una vez me lo propusieron pero no lo vi claro, ¿te vas a creer que me asusta?

      Un abrazo.

      Amparo.

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  2. Yo diría que el tiempo es oro, hay que saber aprovecharlo,muy bonitas estas letras Amparo, sigue el consejo de Juan Carlos, deberías planteártelo. ¡Feliz tarde!

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    Respuestas
    1. Tienes muchísima razón, el tiempo es oro, aunque no siempre reluzca, tenemos que aprender a usarlo de la mejor manera posible y exprimirlo, porque podemos tenerlo a favor o en contra, y siempre es mejor la primera.

      Respecto a lo de Juan Carlos, me da un poco de yuyu... es que sería un paso muy importante, y no se, nunca antes lo he hecho.

      Miles y millones de gracias Raquel!

      Un montón de besos.

      Amparo.

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  3. Muy bello Amparo,me quedo con tu cierre que me parece esencialmente profundo:
    "Ya sabes que si con algo me quedo,
    es con la eternidad de un sentimiento
    cuando se hace deseo
    y con la valentía de unos dedos,
    para hacerlo verso." PRE-CIO-SO ¡Gracias por compartirlo..!!! ¡Besitos,muchitos..!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias Maria del Socorro, es que suelo pensar que no hay buen escrito si no dejamos el final cerrado; es como quedarse a medias.

      Gracias a ti, por leerlo y por animarme con tus palabras.

      Millones de besos.

      Amparo.

      Eliminar

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