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jueves, 23 de julio de 2015

Los ojos de Bagdad

Extraída de Google

Ayer vi el amanecer más hermoso salir tras las nevadas montañas del Kurdistan. Cada color, cada tonalidad, embargaron la escasa emoción que me queda. Fueron los treinta minutos más embriagadores que he pasado en los cuatro meses que llevo en este país. Nunca pensé que fuera tan bello, hasta el desierto, con la combinación de ocres de la arena cambiando al movimiento de la luz diurna, es de una belleza casi imposible de describir. Pero ayer también fue el peor día de mi vida.

Sus ojos nos dicen a cada rato que no nos quieren. No he visto ningunos alegres desde que llegué. Es, tristemente, la pura realidad. Ese primer contacto, esa intuida cercanía que pueden aportar los ojos de una persona, no existe en este lugar. Ni en los niños, que te esquivan presurosos hasta esconderse detrás de sus madres o sus hermanos mayores, tienen un rayo de esperanza en su mirada que te pueda hacer sentir que estas haciendo lo correcto. Sin ninguna emoción más que su miedo hacia nosotros. Los solitarios columpios parecen llorar cuando los niños corren a refugiarse de nuestros registros, oxidados y quejumbrosos por su falta de uso.



¿Pero qué es lo correcto? Me imagino a alguien irrumpiendo en mi propia casa y poniendo a mis hijos de rodillas durante horas, mientras la utilizan para vigilar a todos y a todo tras los registros del día, y se me revuelve el estómago al ver caer su mirada rendida al suelo frío.

Ayer, alguien a mucha distancia decidió que yo muriera: que mi hora había llegado, y apretó el gatillo de su arma convencido de que otro demonio dejaría de existir. Las balas no saben de vientos o tormentas de polvo, ni de sus ráfagas arremolinadas que se exhiben de pronto desviando esa sentencia que llevaba mi nombre. Esa, que después de atravesar mi hombro fue en busca de Yusuf. No puedo imaginar lo que estaría pensando, con los ojitos clavados en el suelo.


Hoy el sol no ha salido en esta hermosa tierra. Triste y nublado, ha acompañado el desconsuelo de otra familia. Tan tristes y nublados, como los ojos de Bagdad.




Aleksey Arkhipovskiy - Incredibly Nice Music

8 comentarios:

  1. Los ojos y el sufrimiento de Bagdad...La guerra más antigua del mundo y una parte muy lejana de su mundo sigue peleando ahí..Muy hermoso...Un escrito muy profundo que muchos,cientos deberían de escuchar el clamor de esa mirada ¡Estupendo Carlos,gracias por compartir..!!! ¡Feliz jueves..!!!

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    1. Muchísimas gracias María. Bellos y tristes ojos que el mundo solo desea esquivar.

      Un enorme abrazo, y feliz día.

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  2. Realmente conmovedor este relato, nos acerca una realidad de un país, donde sus gentes sufren cada día la crueldad de la guerra. Gracias por compartirlo y enhorabuena por el blog, un saludo! Feliz jueves.

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    1. Muchas gracias Fran. Muy triste ésta realidad que nos golpea moralmente aún estando tan lejanos.
      Gracias por tu amable comentario.

      Un enorme abrazo y feliz día.

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  3. Terrible lo que sucede en esta zona del país. Está bien que alguien lo recuerde a través de la denuncia política y social, en cualquiera de sus formatos.
    Comparto.
    Un saludo.

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    1. Muchas gracias Marybel. Desde luego no hay que olvidar.

      Un enorme abrazo, y feliz día.

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  4. Los ojos de Bagdad son los ojos del invierno de la civilización "las guerras". Es realmente enloquecedor lo que allí se permite. Pero no hace falta ir muy lejos o hasta allí. También al lado de nuestras ciudades hay barrios que sufren crueldades tan perversas o más que la esbozada, Carlos. No obstante hay que reconocer que el mero hecho de describirlo con esa agudeza tan peculiar, haces que los demás nos unamos para luchar contra este cáncer que nos invade no solo en la tierra de Ali Baba...

    Un fuerte abrazo, amigo.

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    1. Muchas gracias Joaquín. Gracias por tu amable comentario. Éste es un tema que me enerva. En el Siglo XXI, países aún sometiendo a otros países por puro interés. No puedo con ello.

      Un enorme abrazo amigo, y feliz día.

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