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domingo, 19 de julio de 2015

EL VIAJE





Los furiosos golpes que se escucharon en medio de la noche, sobresaltaron sobremanera a Nicolás.
A los tumbos se levantó y llevándose por delante todo lo que se encontraba a su paso llegó a la puerta de entrada.
-¡Que calor hace!- dijo.
Antes de abrir curioseó por la mirilla. No había nadie. Con cautela abrió la puerta y la soledad y el silencio más absoluto reinaban en la calle, el ladrido de un perro trasnochado pero nada más.
Se metió en la casa, le dio dos vueltas de llave a la cerradura y atravesó la puerta con un viejo madero que tenía.
Estaba llegando a su cuarto cuando, otra vez, violentos golpes que le dejaron una sensación muy desagradable de desesperación.
Casi colérico con la persona que golpeaba de esa forma, bajó corriendo, sacó el madero, tomó el atizador de la chimenea y salió a la calle blandiendo el mismo…
Pero no había nadie.
Maldijo a los cuatro vientos.   
-¡Basta con esta broma pues te encontraré y te golpearé hasta matarte, imbécil!- gritó.
Un silencio abrumador fue la respuesta.
-¡Si, matar!- dijo fuera de sí.
Entró, aseguró todo otra vez y se fue a la cocina a beber algo que lo tranquilizara; se sirvió un whisky doble con hielo.
Mientras aguardaba a que tomara la temperatura adecuada, colocó el disco de Colplay en la bandeja y se sentó en su sillón preferido.
El alcohol y la música lograron en minutos poner la mente en blanco de Nicolás. Más tranquilo comenzó a pensar, pues quería saber de qué se trataba la broma que le hacían y quien la ejecutaba.
Surgieron varios nombres, casi todos amigos, aunque bien podía pergeñarla alguien que no era amigo o una ex novia celosa. Y recordó a Carolina.
-Pero eso fue hace mucho, ahora estoy con Lita a quien amo profundamente. Si, la amo y estoy pensando que ya es hora de proponer casamiento, llevamos tres años juntos creo.- dijo en voz alta.
Feliz como estaba decidió llamarla. No le importó la hora.
-Pero que sueño pesado tiene, hace más de diez minutos que la llamo y no contesta.- dijo quejándose.
-La llamaré por la mañana, ahora debo dormir.- terminó diciendo y se acostó.
Los rayos del sol entrando por la persiana americana lo despertaron muy temprano.
Extrañamente descansado se levantó, se dio una ducha caliente, tomó un café negro como era su costumbre y se vistió para ir a la casa de Lita que vivía a siete cuadras.
Tomó su bicicleta y salió a la calle. Le llamó la atención no ver a sus vecinos, ni al repartidor de diarios, tampoco a los niños rumbo a la escuela, ni siquiera a alguien conduciendo su auto. Estaba solo.
No obstante la inquietud que le produjo la situación, decidió continuar su camino.
La preocupación se transformó en miedo al darse cuenta que no se percibían aves en el cielo ni perros o gatos en la calle o aceras. La soledad lo abrazaba.
Apuró el paso para llegar hasta la casa de Lita pues era seguro que ella tendría una respuesta a lo que estaba percibiendo. Siempre las tenía.
Ya en la casa, dejó la bicicleta en el jardín del frente y avanzó a pie hasta la puerta para tocar el timbre. Pero nadie salió.
-¡Por favor que extraño es todo esto, es imposible que Lita no esté en su casa a esta hora!- gritó.
No convencido siguió tocando hasta que se acercó a una de las ventanas del living. Y allí la vio; llorando desconsoladamente en el regazo de su madre con una foto.
Completamente confundido comenzó a golpear los vidrios para que le abrieran pero era como que no lo escuchaban. Agotado de golpear durante minutos en vano, se desplomó en el verde césped y miró al cielo, se dio cuenta que su color era diferente, era oscuro como en el espacio.
Volvió a mirar hacia adentro y Lita seguía llorando mirando aquella foto hasta que en un momento se cayó al piso y Nicolás pudo verla: él era el del retrato.
La angustia lo envolvió, se quedó inmóvil en el piso.
Fue allí que hombres y mujeres comenzaron a acercarse para ayudarlo a incorporarse.
-Tranquilo, estamos aquí para ayudarte a cruzar pero todavía debes recordar.- le dijo una bella morena de ojos verdes.
Este acercamiento lo alentó y ayudó a calmarlo.
Fue entonces que comenzó a caminar solo por la calle; durante alguna distancia nada ocurrió hasta que el camino se oscureció y una carretera lúgubre se le presentó.
-Conozco este lugar.- dijo en voz alta.
Siguió avanzando hasta que vio fuego y humo a un costado de la misma. La desesperación se apoderó de él y corrió.
Al llegar vio a su auto incendiándose y a su cuerpo envuelto en llamas, muerto.
-Así ocurrió entonces, me dormí.- dijo fríamente y sin  inmutarse.
De pronto sintió algo que lo tironeaba hacia su hogar.
Al llegar encontró a Lita, golpeando desesperada la puerta, gritando y llorando totalmente desgarrada:
-¡Estás adentro, vivo, aguardándome, no estás en ese maldito auto, estás vivo!- repetía.
Fue la madre y los médicos que llegaron la que la abrazaron en un intento por calmarla.
Más volvió a escaparse y a golpear y gritar otra vez:
-¡Estás vivo Nicolás, estás vivo y vamos a casarnos!- gritaba hasta que se desmayó a causa del profundo dolor y la espantosa pena.
El corazón de él se estrujó por un momento y una lágrima surcó su rostro.
De pronto todo estaba en calma, Nicolás sintió como la cálida brisa de aquella eterna playa acariciaba su rostro.
Fue entonces que la bella morena se acercó a él y le preguntó:
-Ya sabes…ahora puedes hacerlo…vamos, te ayudaré a cruzar.- le dijo con voz suave mientras lo tomaba de la mano.
-¿Vendrá el barquero Caronte para ello?- preguntó el muchacho un tanto jocoso.
La mujer sonrió.
-Y ahora que te miro, sé que te conozco.- dijo Nicolás.
La muchacha lo miró a los ojos y le dijo:
-Nos conocemos hace mucho tiempo niño, hemos vivido muchas vidas juntos. En el viaje las recordarás…-   
De pronto, ambos alientos se hicieron brisa y se perdieron en el horizonte dibujando una bella parábola.
                                                          
F      I      N 
   

   





5 comentarios:

  1. Qué belleza, la muerte casi queda sublimada por la aparición de las almas que ayudan a cruzar al otro lado y por la exquisitez de la propia narración, su delicadeza, que es alentadora, porque su final indica que la muerte es un proceso que se repite. Excelente y brillante relato, Ricardo

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  2. Hola Marisa, muy buenas noches.
    Tus conceptos tan elogiosos no hacen más que desear darte las gracias en persona.
    Todos elegimos en que creer y a medida que esa creencia se va asentando en nuestro ser, (en mi caso gracias a las clases de Filosofia que tomo), las dudas se despejan, la armonia interna se logra (de a ratos por supuesto) y las ganas de compartirlo con todos es poderoso.
    Muchas pero muchas gracias Marisa.
    Un beso y magnifica noche para vos.

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  3. Un relato que como todos los tuyos,hace estremecer el alma...Te lleva a vivir cada palabra....¡Da gusto comentar y compartir de tan buena letra...!!! ¡Fabulosa entrada mi Richard,gracias por traérnosla...!!! ¡Besitos miles,miles...Infinitos...!!!

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  4. Me fascinas Ricardo!! no puedo evitar leer tu entradas cada vez que las veo, me embrujas con tus hostorias fantáticas del más allá, me chocan algunas expresiones que utilizas porque en España significan otra cosa, como "Cuadras" por ejemplo, pero ya me he acostumbrado y captado sus significados, maravilloso! quiero massss!!! xd

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  5. Una buena entrada un gran relato que enseña a vivir gracias por compartir feliz domingo saludos cordiales me a encantado gracias

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