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domingo, 12 de julio de 2015

LOS ACCIDENTES

LOS ACCIDENTES



-Niñas, hora de ir al colegio, dense prisa por favor. -dijo la madre asomándose al cuarto.
Carla y Mireia, muy somnolientas se levantaron;  el capítulo de Glee las había mantenido despiertas hasta tarde.
Florencia debió entrar al baño para ayudarlas en su higiene ya que aún debían tomar el desayuno y el micro escolar llegaría en veinte minutos.

Una vez listas, se sentaron a la mesa; Carla tenía servido su café con leche y tostadas, en cambio Mireia tenía preparado su yogurt con cereales, el cual nunca tomaba; todas las mañanas Flor se encontraba con el desayuno de la niña sin tocar.
-Uno de estos días tendré una muy seria charla con ella.- se dijo para sí misma, pero luego se olvidaba de regañarla.
Se escuchó la bocina del micro y salieron con prisa hacia la puerta de calle donde se despidieron con un beso a su madre. Antes de partir, Carla le pidió hablara con su padre.
Florencia se quedó sola en la casa pues su esposo estaba de viaje. Con energía comenzó los quehaceres domésticos mientras escuchaba Coldplay, su banda favorita.


A media mañana sonó el timbre y fue hasta la puerta;  al mirar por la mirilla se encontró con una mujer que le parecía conocida pero no llegaba a acertar quien era.
-Abre Florencia por favor, soy tu hermana Guillermina, que, ¿acaso no me reconoces?- escuchó decir.
Cuando abrió la puerta y vio a su hermana la emoción la embargó, no podía creerlo, era ella.
Emocionadas por el reencuentro, se fundieron en un interminable abrazo.
Reían, lloraban, se besaban y abrazaban.
Fueron hacia al living donde Flor le ofreció un té, una invitación que rechazó Guille.
-Te propongo algo Flor; ¿Qué te parece si vamos de compras, así conversamos y nos ponemos al día?- le sugirió.
Su hermana comenzó a saltar de alegría ya que le pareció una idea fantástica por lo que se cambió de ropas y en quince minutos estaban saliendo hacia el shopping que se encontraba a tres cuadras de su casa.
Mientras caminaban, charlaban de todo.
Era notable como todos en la calle miraban a Flor.
-Estás preciosa hermana, todo el mundo te mira.- dijo orgullosa Guille.
-Igual que tú, siempre fuiste más bella que yo.- respondió Florencia.
Una vez en el Shopping, entraron en un local de calzados muy famoso.
En un momento Flor se sintió molesta porque la vendedora se dirigía solo a ella.
-Oiga señorita.- dijo dirigiéndose a una vendedora. -¿Porque no le pregunta Usted a mi hermana en lugar de preguntarme a mí?-
La vendedora, sin perder la sonrisa y arqueando las cejas, miró a Flor, luego hacia el lugar donde estaba Guillermina y le preguntó amablemente:
-¿Que talle tiene en botas señora?-
-Treinta y ocho-. Respondió Florencia.
La vendedora no se inmutó y dijo:
-No tengo ese talle. Espero sepa disculparme.-
Molesta por la atención, se levantó y se retiró del local.  Al salir le comentó a su hermana:
-Estoy sorprendida de la mala educación de los vendedores hoy en día, -¿Puedes creerlo?- Guillermina no respondió nada. Siguieron caminando por el lugar más nada compraron.
Decidieron regresar a la casa ya que se había hecho la hora del almuerzo.
-¿Qué quieres comer? Ya sé, no me lo digas, lo recuerdo.
-¡Si, no te has olvidado hermanita! –
-¿Cómo puedo olvidarme? Eres mi hermana.-
-Te amo Flor, que buena hermana fuiste, eres y serás.-
-Yo también te amo Guille, pero basta de sensiblerías; si quieres date una ducha mientras preparo la comida; el baño está por el pasillo, es la última puerta.
-Bien, muchas gracias, no tardaré.- respondió.
Florencia estaba feliz; volver a ver a su hermana después de tantos años le había alegrado el día pero de pronto una duda ensombreció su momento, no recordaba con certeza el motivo por el cual se habían distanciado por veinte años. Luego se lo preguntaría.
Guillermina regresó a la cocina, fresca y radiante y comenzó a ayudarla.
Fue entonces que Florencia le preguntó:
-¿Sabes que no puedo recordar porque hace veinte años no nos vemos?-
-¿No lo recuerdas Flor, has olvidado todo, el accidente también?-
-¿Qué accidente?- preguntó Flor angustiada.
-Te contaré hermanita, no puedes olvidarte, a ver: recuerdas que nuestro padre conduciendo de noche no era garantía de nada. ¿Sí?-
Florencia asintió con la cabeza.
-Esa noche la lluvia era torrencial y se apuró para llegar al motel de siempre para pasar la noche. De pronto algo se cruzó en el camino y el viejo tuvo la estúpida idea de frenar para no matarlo, nuestro auto dio seis vueltas hasta quedar en el campo, a treinta metros de la ruta, destrozado.
Reaccionamos y nos dimos cuenta que estábamos atrapadas en el auto cabeza abajo. Mamá y Papá estaban muertos. Como pudimos nos liberamos de los cinturones de seguridad y comenzamos a alejarnos pues, a juzgar por el fuerte olor a gasolina, que volara todo por los aires era cuestión de segundos.
Tú saliste corriendo y te alejaste lo suficiente pero yo me caí, me levanté pero fue tarde, la explosión hizo que el fuego me abrazara y me tomara; el cabello, la ropa que se fundía con la piel encendida, comencé a derretirme. ¡Y el olor inmundo a carne quemada fue lo peor!-
-Y tú mirándome, gritando desesperada, desgarrada por el dolor; estoy muerta Flor,  muerta en ese accidente, solo tú sobreviviste.-
-¡No, no, no, no, estás mintiendo! no recuerdo nada de lo que dices.- gritó entre sollozos.

-Lo bloqueaste, tenías doce años Florencia y para colmo te criaste con los abuelos que jamás te hablaron de lo ocurrido esa noche.-
-¡Es mentira, estás enferma, quiero que te vayas!- gritó con todas sus fuerzas.
-Está bien, tú lo quisiste, velo por ti misma.-
-Fue entonces que la imagen de Guillermina comenzó a desdibujarse hasta desaparecer y en su lugar apareció un cuerpo casi humano, carbonizado por el fuego, parado en el medio de la sala. El olor a carne quemada era asfixiante.
El grito de terror alertó al vecindario.
En ese momento llegó a la casa Gonzalo, su marido que corrió inmediatamente a abrazar a su esposa.
-¿Qué te pasa Florencia, por el amor de Dios?-
-¡Guillermina!- gritó.
-¿Quién, tu hermana?-
-Sí, allí está, parada en el medio del living toda quemada.- dijo horrorizada.
-Tranquilízate por favor que allí no hay nadie; tu hermana está muerta, murió en aquel accidente. ¿Recuerdas?-
Flor miró a los ojos de su marido, se quedó paralizada unos segundos y se echó a llorar desconsolada en sus brazos.
Cuando se tranquilizó, Gonzalo la ayudó a darse un baño y a recostarse en la cama.
Se quedó dormida a los pocos minutos.
Dos horas después se levantó y su esposo la ayudó a sentarse en el sillón del living para conversar.
-¿Estás mejor Flor?-
-Si mi amor, no te preocupes más; luego llamaré a mi psicóloga para reanudar las sesiones, aún estoy confundida.-
-Creo que es lo mejor.- dijo Gonzalo.
-Sí… ¿Qué hora es?- preguntó.
-Faltan dos minutos para las cinco.- respondió él.
-Bien, están por llegar las niñas así que prepararé la merienda, Gonzalo; debemos hablar con Mireia seriamente, le dejo preparado el desayuno y ni lo toca.- dijo y se fue hacia la cocina.
Solo en el living y preocupado, Gonzalo tomó el teléfono y marcó el número.
-Consultorio del Doctor José Zorrilla. Buenas tardes.-
-Buenas tardes María, pásame a José por favor.-
-Hola Gonzalo, como estás, aguárdame un instante por favor.- dijo amablemente la secretaria.
-¿Cómo estás muchacho, como está tu esposa?- preguntó el médico con su voz ronca.
-Preocupado José; Florencia aún cree que Mireia está viva.-
                                   
                        F    I     N



8 comentarios:

  1. buenas tardes muy interesante la entrada gracias por traer estas maravillosas letras saludos cordiales feliz semana Ricardo Mazzoccone

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  2. ¡Qué final! ¡Jamás me esperé algo así! Un excelente relato, gracias por compartirlo.
    Ten un excelente día.
    ¡Saludos!

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    1. Muchas gracias Felipe, me alegra te haya gustado.
      Abrazo para vos.

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  3. Como todos tus relatos Ricardo, me he extremecido desde que la empleada vió a Flor sola hasta el final. Eres un grandísimo escritor. Sólo me pregunto....porque no te he leído antes?. Abrazo desde Galcia compañero!

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    1. Muchas gracias Juan Carlos, sos muy amable y generoso con tu comentario.
      Y todo ocurre cuando ya es tiempo, ni antes ni después.
      Un fuerte abrazo mi amigo.

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  4. Ay mi Richard,que puedo decirte que no te haya dicho antes ¡Me encantas,me tienes por entero..!!! Las musas contigo llegaron y se enamoraron bellísimo....Total..!!! ¡Besitos....In-fi-ni-tos..!!!

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    1. María mía, muy buenas noches.
      No sé como agradecer tanta calidez, hay mucho afecto en tus comentarios y me complacen absolutamente.
      Muchisimas gracias, del fondo de mi corazón.
      Besos.

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