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domingo, 19 de julio de 2015

GENESIS




Un sonido retumbante y profundo explotó en la apacible ciudad causando horror y espanto.
-¿Qué fue eso?- preguntó aterrada Fátima.
-Tranquila mi amor, saldré a investigar, quédate con los niños.- respondió Santiago.
Al salir a la calle encontró a todos los vecinos por demás perturbados mirando hacia todos lados. Se reunieron y comenzaron a hablar.
-Espero que no, pero tengo miedo haya sido algo que cayó del cielo.- dijo Mora, la más anciana del lugar.
-No creo, algún desperfecto en la subestación eléctrica, seguramente ya lo están reparando y en breve regresará la luz.- sentenció Miguel, el contador.
-Sonó muy profundo, parecía que venía de las entrañas de la tierra.- comentó Aldana, una joven veinteañera.
Uno a uno fue vertiendo su opinión sobre lo ocurrido. 
Hasta que le llegó el turno al Padre Ignacio.
-Fue la Trompeta número uno, Dios ha comenzado con el apocalipsis.- dijo con tono dramático. 
El murmullo fue generalizado. El comentario desató todas las emociones; miedo, terror, esperanza, 


descreimiento, enojo, desazón.
-¿Por qué dice eso Padre?- preguntó Santiago.
-Está escrito hijo, ha llegado la hora de decidirse; Dios o el Infierno.- 
Algunos se persignaron, otros desesperaron y los más escépticos comenzaron pedirle a gritos que se calle.
-Está asustando a todos, cálmese por favor.- 
-Está bien, me callo pero mi silencio no detendrá lo que se ha iniciado.- respondió.
Todos se miraron y dejaron de hablar. 
Hasta que Santiago se animó a decir:
-No sé lo que ocurre pero es todo muy extraño, además no sé si notaron que la noche está por demás sofocante, el aire es caliente, el cielo tiene un color negro muy extraño y la luna y las estrellas desaparecieron de pronto.-
Asintieron con pesar todos.
-Vaya cada uno a su casa, aseguren puertas y ventanas y quédense tranquilos, alguna explicación lógica tiene que haber.- terminó diciendo.
-Y recen, pidan perdón por los pecados y acepten a Dios, la Iglesia permanecerá abierta a todo aquel que quiera acercarse.- dijo a gritos el Padre Ignacio.
Santiago fue hacia su casa y comenzó a cerrar puertas y tapiar ventanas mientras le pedía a los niños, Florencia y Tomás que se quedaran en su cuarto y no salieran.
-No importa lo que escuchen: ¡NO salgan! ¿Me lo prometen?- 
Los pequeños asintieron con la cabeza, asustados.
Fue Fátima la que preguntó con voz angustiada una vez que quedaron solos.
-¿Qué ocurre Santiago?- 
-Aún no lo sé mi amor pero quédate tranquila, tal vez no sea nada.- respondió.
Ella lo miró y dijo:
-Prepararé café pues creo será una larga noche.- 
-Es una buena idea, amor.- dijo él y siguió trabajando.
Al terminar, se derrumbó en el sillón al mismo tiempo que Fátima llegaba con lo prometido.
-¡Qué bien huele ese café!- dijo complaciente. Ella se sentó a su lado para mantener una conversación, en medio de una penumbra casi romántica; comenzaron con los recuerdos, siguieron con los planes y terminaron en el futuro. 
-El nuestro no me importa pero si el de nuestros hijos.- dijo ella sollozando.
En ese momento Santiago la abrazó y le respondió:
-No nos adelantemos por favor, aún no ha pasado nada, si fue en realidad la Trompeta de Dios, tendrían que estar cayendo…- 
De pronto, un silbido atroz, agudo e intolerable rompió el silencio pero las aterradoras explosiones que se escucharon a continuación hicieron que se tiraran al piso.
 -¡Ve con los niños y quédate allí Fátima!- gritó.
-¡No, ven conmigo, no te dejaré solo!- respondió ella.
¡VETE POR FAVOR Y CUIDA A TUS HIJOS!- le ordenó.
La mujer salió corriendo hacia el cuarto y se encerró con ellos. 
Mientras, Santiago se acercó a una ventana y pudo ver las enormes piedras que caían del cielo. 
-Una lluvia de meteoritos, entonces…está sucediendo. ¡Que no caiga ninguno sobre la casa por favor!- dijo en voz alta y se escondió debajo de un sillón. 
Las explosiones se mantuvieron por horas, todo asemejaba a un bombardeo.
Los desgarradores gritos de los vecinos apretujaban su alma.
Hasta que en un momento se hizo un silencio absoluto, tan aterrador como el sonido de las explosiones.
Santiago salió de su escondite y fue hacia el cuarto para saber cómo estaban todos. La voz de Fátima lo tranquilizó.
Entonces corrió hacia la puerta, desclavó las maderas y con cautela salió a la calle cuando las primeras luces del día asomaban; era un amanecer triste, melancólico y gris, las cenizas y el humo envolvían todo. Se respiraba muerte y destrucción.
La vista era desoladora, la lluvia de meteoritos había demolido casas, destruido negocios, campos, calles, veredas, cortado cables, volteado postes y arboles. Todo estaba en ruinas. 
Las rocas que cayeron del cielo aún mantenían su incandescencia. 
En la cuadra solo tres casas se mantuvieron incólumes: la de Aldana y sus padres, la de Mora con su nieto y la de Santiago, además de la Iglesia.
Comenzó a caminar entre los escombros con la intención de encontrar sobrevivientes. 
El dolor lo atravesó como una lanza al encontrar a todos sus vecinos muertos.
Se derrumbó, cayó de rodillas al piso y estuvo así hasta que la mano del Padre Ignacio le tocó el hombro derecho.
-¿Ahora me crees, te has dado cuenta que tenía razón?- dijo con tono desafiante y por demás incomprensible. 
Dicho esto se dio media vuelta y caminó hacia la Iglesia. Pero apenas traspasó la puerta un enorme meteorito cayó sobre la misma. No quedaron rastros del cura, tampoco del edificio.
Santiago presenció su muerte sin inmutarse, resignado.
Decidió reunir a los sobrevivientes en su casa: Aldana y sus padres y la anciana Mora con su nieto Marcelo. 
Pasaron los días y la ciudad en ruinas se teñía del color de la melancolía. Y una  lenta, fina lluvia que no se detuvo nunca, ahondaba el pesar. 
El hecho de estar juntos los nueve, hacía todo menos doloroso; conversaban mucho, leían todo lo que encontraban y hacían planes con vistas al futuro.
Las provisiones de agua y comida eran suficientes para tres meses más no pensaban que llegarían al final de las mismas pues mantenían la firme esperanza de ser rescatados, algo que ocurrió una noche, cuando varios camiones del ejército entraron al pueblo en busca de sobrevivientes…
Un año había pasado de aquella lluvia de meteoritos que diezmó la población mundial.
Los muertos se contaron por millones, países enteros desaparecieron, los bosques ardieron todos pues los volcanes del mundo de pronto hicieron erupción al mismo tiempo. Muchas praderas verdes se transformaron en extensiones áridas, rocosas y polvorientas.
Los sobrevivientes se agruparon en la América del Sur donde comenzaron con la reconstrucción, estaban persuadidos que la civilización desaparecida fue castigada y que el motor para el cambio eran ellos, los que aún estaban con vida.
Y así lo hicieron. Por un tiempo. Demasiado poco. 
Y fue una noche cualquiera, que un profundo y cavernoso sonido estalló otra vez en el aire.
-¿Otra vez, será la trompeta número dos? – gritó Santiago mientras corría a proteger a su familia.
Todos contemplaron como del cielo descendía lo que parecía una montaña envuelta en llamas. El mar sería su tumba. 
El hombre se ahogó…
Al cabo de semanas las aguas bajaron y la tierra apareció otra vez. 
El ser humano fue erradicado y gran parte de la Tierra fue arrasada. Llevaría siglos su curación.
Más no todo estaba perdido. 
El pequeño grupo, en caravana por la eterna playa, caminaba en busca de un lugar donde afincarse y comenzar la Quinta era del hombre:
Santiago y Fátima con sus hijos, Aldana y Marcelo, dos hermanos huérfanos, Cynthia y Renato y una joven pareja Cristian y Helena. Eran once en total pues en el vientre de Aldana se encontraba UNUM, el nuevo hombre.
La noche anterior, cuando el pequeño grupo platicaba alrededor del fuego, una suave brisa comenzó a soplar.
Cuando se detuvo, los Antiguos se les presentaron. 
Allí les comunicaron que Aldana había sido elegida para ser la madre del UNO.
Luego les narraron una vieja historia. Lo llamaron GENESIS…




15 comentarios:

  1. El relato es estremecedor, segun avanza, la lectura se hace más imprescindible. Eres un enorme escritor, la calidad se palpa en tu pluma amigo Ricardo!! me ha encantado, gracias!

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    1. Hola Juan Carlos.
      Sos muy generoso, muchas pero muchas gracias, es una gran satisfacción recibir tus comentarios.
      Abrazo grande señor.

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    2. Hola Juan Carlos.
      Sos muy generoso, muchas pero muchas gracias, es una gran satisfacción recibir tus comentarios.
      Abrazo grande señor.

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  2. Como siempre mi Richard,tocando el alma con tu pluma,un relato lleno de mensaje,que sea leído también por esos corazones metalizados que tanto lastiman nuestro planeta....PRE-CIO-SO.... Que gusto tenerte aqui,cerquititas y poder disfrutar de tus inigualables letras... Casi lo olvido,besitos infinitos...!!!

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    1. Dulce María, muy buenas noches.
      La satisfacción es mía por haber tenido la oportunidad de rodearme de gente tan especial como vos.
      Beso y abrazo.
      Que lo mejor te suceda, te lo merecés.

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    2. Dulce María, muy buenas noches.
      La satisfacción es mía por haber tenido la oportunidad de rodearme de gente tan especial como vos.
      Beso y abrazo.
      Que lo mejor te suceda, te lo merecés.

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  3. Vaya, no sabía qué encontrarme cuando comencé a leerlo, pero me atrapó, fue intrigante de principio a fin.
    Saludos

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    1. Hola Barbara.
      Muchas gracias, me alegra saber lo que la historia generó en vos.
      Que tengas una feliz noche.

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  4. Un relato muy interesante de eso relatos que te enganchan y quieres saber el final gracias por compartir feliz inicio de semanas saludos cordiales

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    1. Muchas gracias Isidro. Sos muy amable y me alegran mucho tus comentarios.
      Buenas noches.

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  5. comment avez vous mis la pendule dans le blog ?

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  6. Un relato estremecedor y al mismo tiempo prometedor con respeto al alma. Subyuga sin darse cuenta. Muy buen trabajo.

    Saludos.

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    1. Muchas gracias Joaquin, me siento muy honrado por tus conceptos.
      Abrazo y buenas noches.

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