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viernes, 31 de julio de 2015

EL ANGEL

Era una noche distinta, se sentía en el aire que algo extraordinario estaba por ocurrir.

La calidez dentro de la cabaña era de fábula; el suave crepitar de los leños en la chimenea, la luz tenue, los aromas a chocolate y madera, las gritos de los cuatro niños al correr y saltar y sus retumbantes risas contrastaban con la despiadada tormenta que se había desatado en la región.
El abuelo Ariel se quedó a cargo de los niños ya que Vanesa y Tomás habían ido hasta el pueblo en busca de provisiones y quedaron demorados por la tormenta.
De pronto, el grito del anciano estalló en la casa.
-¡Niños, niños! Si se calman y ordenan un poco todo lo que tiraron les contaré la mejor  historia del mundo.-
Todos se detuvieron y lo miraron fijamente.
-¿De verdad es la mejor historia del mundo? preguntó Pilar.
-Verdad.-
-¿Verdad, verdad abu?- preguntó Cecilia.

-Verdad, verdad Ceci.- respondió.
Todos se miraron, sonrieron, mal acomodaron lo que habían desordenado y se
sentaron de espaldas a la chimenea, frente al sillón donde se sentaba el abuelo.


-¿Están dispuestos entonces a escuchar sin interrumpir?-
-Sí- Gritaron al mismo tiempo.
-Bien. Sepan que no les creo.- dijo socarronamente por lo que todos rieron con ganas. Y comenzó.
 -Hace muchísimos años, una gran batalla se libró en el cielo.-
-¿Con aviones?- Preguntó Félix.
-No, no existían aún. No se habían inventado.-
-¿Con platos voladores?- Preguntó Pablo.
-NO y si me siguen interrumpiendo vamos a terminar el cuento mañana por la mañana.
-No podemos abu, tenemos que dormir a la noche, mamá no nos deja quedarnos despiertos después de las diez.- dijo Ceci un tanto compungida.
Ariel tan solo la miró fijo y fue entonces que ella entendió debía callarse aunque sin poder ocultar 
la bella sonrisa con dos dientes tan solo.
-Sigo entonces; esa batalla la protagonizaron los ángeles de Dios. Por un lado estaban los
buenos que lo defendían y por el otro los malos que no lo querían.  
Como debe ser, ganaron los buenos y los malos fueron enviados a unas cavernas
que están bajo tierra, donde el fuego y el calor son eternos; infierno lo llaman.
Los ángeles caídos, que así les decían, se quedaron allí y con el tiempo se
acostumbraron al lugar. Pero habían un ángel especial.
Ese ángel estaba muy triste y muy arrepentido por haber luchado en el bando
equivocado, en contra de Dios y aceptaba su castigo, pero no quería vivir por siempre allí.
Los años pasaron y los siglos también. Y llegó el día en que no soportó más y decidió huir. Fue entonces que se hizo de coraje y abandonó el infierno.
Tomó por un túnel solitario y que según había escuchado, lo llevaba a la superficie. Era muy largo, rocoso y empinado.
Había emprendido una titánica tarea pero estaba decidido a llegar a la superficie.
Los salientes de las rocas lastimaban sus pies y sus manos, la profunda oscuridad, la estrechez en algunos tramos, el calor asfixiante. El dolor era feroz en sus manos y piernas, tanto que dudó en seguir en varios pasajes.-
Pilar comenzó a llorar.
-¿Por qué lloras mi pequeña?- le preguntó Ariel.
-Por el ángel Abu.- respondió.
-Pues no debes. Sufrió mucho en ese momento, es verdad, pero luego fue muy feliz. Todo cambiará, confía en mí, déjame continuar.-
-Bueno.- Enjugó sus lágrimas y continuó escuchando.
-El camino fue largo y doloroso, tardó siglos en llegar.
Y un día, o noche, no sabía en realidad, se quedó dormido por el cansancio. Al despertarse vio una luz al final del túnel.- terminó diciendo.
El grito de algarabía de los niños fue ensordecedor. Los varones comenzaron a correr por la
toda la cabaña, celebrando, mientras que las niñas aprovecharon para hacer pis y regresar con una cesta repleta de chocolates. Regresaron y se sentaron en sus lugares.
-Bien niños, voy a continuar.- dijo.
-Como digas abu.- dijeron.
-El ángel comenzó a correr hacia la luz y cuando estaba a punto de salir se detuvo pues  
le dio miedo, no sabía con que se encontraría, apenas recordaba la última vez que estuvo en la Tierra, estaba poco poblada, había animales gigantes y las ciudades más importantes estaban en el mar.
Pero había sufrido mucho para llegar allí y el esfuerzo había sido titánico.
Decidió correr hacia afuera pero una vez allí el sol casi lo ciega. Luego de un rato pudo ver y distinguió el campo, los árboles, el cielo azul; se sintió de maravillas aunque algo extraño.
Comenzó a distinguir los colores y a percibir aromas. Y hasta sentir dolores, algunos intensos y sentía la garganta seca. Tenía sed y hambre. Siguió caminando y luego de varias horas llegó a una cabaña. Falto de fuerzas se desmayó en la puerta.
Al despertar se encontró con una mujer mirándolo. Recordaba como eran. 
-Hola, mi nombre es Magdalena. ¿Cómo te sientes?- le preguntó la mujer.
-Huy...se llama como la abuela… ¡Que lindo! - gritó Ceci mirando a Pilar.
-¿La abu está ahora con Dios, no?- preguntó Pablo.
-Sí, hace un año ya. -¿Sigo?- preguntó al mismo tiempo que todos hacían silencio.
-Sigo. El ángel respondió que se sentía mejor y preguntó: -¿Qué hago aquí?-
-Te encontré en mi puerta, desnudo y desmayado, así que le pedí a mi hermano me ayudara a traerte hasta aqui.
Te bañamos, te vestimos, te bajamos la fiebre, cuando despertabas te dábamos agua y sopa y luego te dormías, estuviste siete días así.- terminó diciendo.
-Es verdad Magdalena, me siento mejor.- respondió el ángel.
-Eres extraño, con la fiebre te la pasaste gritando incoherencias de todo tipo, la batalla, el infierno, el cielo y no sé cuántas locuras más pero todos estamos un poco locos ¿No crees?- Y sonrió.
Dicho esto salió del cuarto para dedicarse a sus quehaceres.
El se levantó como pudo y la siguió, estaba fascinado con esa mujer. Se le acercó y le preguntó -¿Puedo quedarme aquí? Te puedo ayudar.- le dijo.
-Si no tienes donde ir pues quédate. Me hace falta un hombre. El trabajo es mucho y mi hermano está un poco viejo y algo enfermo.- 
-Dormirás en el establo.- dijo ella. 
-Por mi está bien- respondió él.
Pasaron los días, las semanas, los meses hasta que un día…se enamoraron.
Las niñas gritaron emocionadas. 
-¡SIII!-
 Los niños aprovecharon para tirar los papeles de los chocolates al aire.
-Sigo. Los enamorados se casaron y tuvieron tres hijos, Gimena, Máximo y Vanesa.
-Como mamá Vanesa.- gritó Ceci otra vez.
-Y la tía y el tío.- gritó Pilar.
Félix se quedó callado.
-Sí, sí. Déjenme continuar por favor.- pidió Ariel.
-Pasaron los años y el ángel conoció la vida, la felicidad, el amor, la amistad, tuvo
hijos, nietos; no podía pedir más. Hasta que un día Magdalena cerró sus bellos ojos
negros para estar con Dios. Y el ángel quedó muy triste. Su compañera, su amor en esta
vida había partido.-
Inmediatamente el abuelo vio las ganas de llorar de Pilar y le pidió esperara, que
el cuento no era triste. Se abrazó con Ceci que también tenía ganas de llorar.
-Una mañana, el ángel se despertó sabiendo que algo extraordinario ocurriría ese
día.- Y se quedó callado.
Fue entonces que Félix preguntó:
-Si...¿Tu eres ese ángel, abuelo?-
Las niñas abrieron la boca y se quedaron así por un buen rato, también Pablo.
Ariel miró a Félix con todo el amor y ternura que un abuelo puede sentir por los hijos de sus hijos.
-Si Félix. Llegó el momento, niños, hoy es un día muy feliz, acompáñenme afuera por favor-
Salieron de la casa todos tomados de la mano. La tormenta había desaparecido. La noche era azul, las estrellas brillaban exultantes, la luna se veía inmensa, blanca, amigable, mágica.
-Quédense en el porche por favor.- les pidió.
Uno a uno los fue besando y abrazando con todo el amor del mundo.
Al terminar se alejó unos metros al mismo tiempo que el sonido de muchas alas vibrando se adueñaba del lugar. En ese instante los niños miraron al cielo y vieron a tres ángeles acercarse; otra vez las bocas de los cuatro quedaron totalmente abiertas por el asombro.
Emocionados presenciaron como de la espalda del Abu comenzaban a salir alas, su plumaje era muy blanco y brillante.
Aprovecharon los niños para acercarse y acariciarlas con sus pequeñas manos.
-¿Te dolió abu?- Preguntó Pablo.
-No mi pequeño, no duele.- le dijo y lo abrazó emocionado.
Antes de elevarse, Ariel lo miró a Félix y le dijo:
-Como te dije hace un rato yo soy ese ángel, mi querido niño. Quiero que
sepas que soy el ser más feliz y afortunado del Universo. A pesar de mis errores
he vivido con ustedes la mejor de las vidas, Magdalena me está esperando y Dios
me ha perdonado y me acepta nuevamente como su soldado. ¡No puedo pedir más!
Quiero que sepas y díselos a todos también que los amo y que estaré cuidándolos desde el cielo, cuando necesiten algo solo piensen en mi y vendré.- 
Emocionado hasta las lágrimas abrazó al niño y comenzó a elevarse mientras todos lo saludaban agitando sus pequeñas manitos y en medio de una enorme algarabía.
Los hermanos se quedaron un largo rato mirando al cielo hasta que en un momento les pareció que una nueva estrella brillaba en el firmamento; 
-Creo que es la del abuelo y la abuela.- dijo Ceci muy contenta.
El ruido del motor del jeep de papá Tomás comenzó a sentirse cada vez más cerca.
Mamá Vanesa bajó y corrió hacia los niños. Tenía lágrimas en los ojos. 
-¿Ya se fue?-
-Sí mamá, fue muy emocionante y muy lindo.- dijo Félix.
Allí nomás Ceci, Pilar y Pablo comenzaron a contar lo sucedido a su estilo; todos al mismo tiempo.
Entraron a la cabaña y Vanesa los fue acostando uno a uno en su cama.
Solo Félix no podía dormir. Su madre se sentó a su lado y besó su frente.
-¿Cuándo lo supiste má?-
-Cuando murió la abuela él me contó todo.- respondió Vanesa.
-Somos afortunados ¿No, ma? Mi abuelo era un ángel y tú eres la hija de un ángel.-
-Así es hijo y esta mañana pude darle el beso de despedida. El vivirá para siempre en nuestras almas.- dijo Vanesa, conmocionada. 
Luego tomó a su hijo en sus brazos y lo abrazó hasta que se durmió como cuando era un niño pequeño.
El brillo de la nueva estrella iluminaba aquella casa. 
                                               
                                                               
                                                                 F       I         N


6 comentarios:

  1. Un relato bello,cargado de la suave sensibilidad de tu pluma,da orgullo compartir de la buena letra ¡Eres grande mi Richard..!! ¡Besitos,de ángel..!!! ;)

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    Respuestas
    1. Hola María, muy buenas noches para vos.
      Como siempre tus palabras de ANGEL, vibran muy dentro mio.
      Muchisimas gracias por todo. Saber que te gusta a vos algo que escribo tiene un significado especial para mi.
      Besos.

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  2. UN relato muy encantador cargado de mucha sensibilidad saludos cordiales

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    Respuestas
    1. Muchas gracias Isidro, sos muy amable siempre con tus comentarios.
      Un fuerte abrazo.

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  3. Hermosa historia . Felicidades por esa sensibilidad que destilan tus letras

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    Respuestas
    1. Buenas noches Piel y muchas gracias por el comentario tan amable y calido.

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