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miércoles, 29 de julio de 2015

¿Cómo lo hago?

Extraída de Google

Nunca avisa, siempre se presenta sin llamar, como el huracán que envía emisarias lánguidas brisas antes de embestir. No creo que ni siquiera anunciándose estaría cómodo en su presencia. Pero es así, cómo una visita embarazosa, se planta ante mí sin que pueda hacer nada. No la llamo, no la reclamo, no pienso en ella, pero, no sé cómo, llega hasta mí en el momento justo, ese que ella siempre elige.

Siento miedo ante su presencia, mis manos tiemblan incontroladas cuando la encaro. Es una llama descontrolada, vista desde demasiado cerca, provocando a todos y a todo. Y duele y agota, es como bracear a contracorriente. Contra la misma que parece impulsarla hacía mí.


Me gustaría controlar su acceso en mi vida, la cual desborda, quebranta y simplemente quiere intervenir. Explicarle que el efecto que crea en mi vida es insano, como un dañino demonio sobre mi hombro que querría apartar de un manotazo. Mirar sus ojos y decirla que no me hace falta, que no me hace bien, que debe comprender que su impronta es perjudicial para mí. Su decidida presión, a la que mi cuerpo teme ya de una forma inhumana.


Algunas veces creo intuir cuando se presentará, pero es sólo una ilusión mía, un espejismo remoto y reverberante. Estoy indefenso, sólo trae tristeza, irrumpiendo en mi vida sin ningún sentimiento. Amarga sensación de impotencia que recrea una presencia que no comparto. No trae amor. Sólo quiere dominar vigilante y persistente.

La he gritado que no vuelva, que no la quiero, que en mi vida nada aporta. Ella no escucha, y en ocasiones siento que se ríe de mí, burlona, esquiva, y sin ningún miramiento sigue queriendo controlarme. Intento apartarla, aislarla, desecharla, pero es en vano. Sólo deja un espacio de tiempo y vuelve a la carga. Mis amigos dicen que soy yo el que no quiere dejarla, ¿cómo les explico que lo he intentado todo para que se esfume de mi vida?, que no hay razones que la hagan cambiar en su empeño. Que es la personificación de la insistencia.

Yo mismo me he dado un tiempo, alejándome de todo lo que me interesa. Yo mismo, aún a riesgo de perder lo que más quiero. Necesitado de distraer su persecución. Y cuando creo haberlo conseguido se presenta, como siempre, en el peor de los momentos.

Logrará que pierda a todos mis amigos, a lo que más deseo en éste mundo, a ella, a mi amiga. Pero cómo explicarles que yo no la quiero en mi vida. Que surge sin avisar, en cualquier lugar. Que no soy yo quien la incita, que llega sola, que me es imposible controlar cuando se presentará mi RABIA.

4 comentarios:

  1. Muy interesante Carlos,hablar sobre esos sentimientos no es sencillo,peRO están y como bien dices,llegan cuando menos lo esperas....Buenísima entrada..!!! ¡Gracias por traerla...!!! Un gran placer tenerte en BLOGGER HOUSE..!!!

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  2. Gracias a ti María... a ustedes, es un placer publicar aquí.
    Sí, esos sentimientos están, aunque uno no quiera.

    Un enorme abrazo, y feliz día.

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  3. Hola Carlos !!!

    Es un magnífico trabajo. La rabia causa estragos cuando se apodera de nosotros, más que nada porque en momentos precisos no encontramos a la persona para desahogarnos y dialogar de lo que nos pasa. Otras por el contrario la vomitamos y parece que quedamos bien. Tratar de buscar un equilibrio en esto es complicadísimo. Pero, tal vez una de las cosas es lo que has hecho: decirlo aquí como si la sintieras en toda su faena de crueldad o quizás, quizás, quizás nunca sale del todo de nosotros. Más de una gran diversidad de emociones estamos hechos y este trabajo es una garantía de reflexión que no tiene porque ser referente nuestro sino un escrito para hacernos meditar. Lo cual aplaudo con mucho gusto.

    Un fuerte abrazo, Carlos y que tengas un lindo día !!!

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  4. un relato impresionante hablando de sentimientos gracias carlos saludos cordiales

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