Lo Último

Novedades en la pestaña Extras, si eres Autor no olvides revisar las Normas con regularidad


Recomendamos utilizar Google Chrome para ver el blog completo

lunes, 20 de julio de 2015

Cómete la Luna

¡CÓMETE LA LUNA!




¿Has desayunado ya? Lo digo porque vengo a invitarte a un croissant... ¡Ah!, perdona, que estás a dieta. No quiero yo desilusionarte, pero las dietas para el verano es mejor empezarlas en invierno. ¿Que ya lo sabías? Vaya, pues entonces lo entiendo menos... Claro que, si me estás leyendo en el hemisferio sur, puede que ya la estés haciendo: te felicito, entonces, por tu previsión. Allá por Navidad podrás tomar el sol sin ningún sentimiento de culpa.

En fin, tanto si quieres como si no quieres el bollo, déjame que, al menos, te cuente su historia. ¿Que qué historia va a tener un pastel en forma de cangrejo? Pues me alegro de que me haga usted esa pregunta...

Para empezar, no es un cangrejo de hojaldre, es una medialuna y, más en concreto, la otomana. Sí, sí, la de aquellos jenízaros turcos que daban miedo a Europa hace cuatro siglos. En una entrada anterior de mi blog personal te contaba yo quién había inventado el café vienés y cómo lo había hecho. El paisano era polaco y se llamaba Kulczycki, un aventurero de los de tomo y lomo, lleno de recursos y picardías; tanto, tanto, que salvó a los vieneses del asedio turco de 1683 y contribuyó a la victoria de las fuerzas cristianas, comandadas por el emperador Leopoldo y el rey de Polonia, Jan Sobieski. 

El caso es que dicen que el buscavidas aquel, no contento con inventar una nueva forma de tomar café, se sacó de la manga un pan -dulce o salado- que lo acompañara. Le dio forma de luna creciente para que en Viena se hicieran la ilusión de que se comían las banderas enemigas y lo llamó kipferl. Juran también los cronistas que Sobieski y su caballo se comieron, mano a pezuña, diez sartenes colmadas de aquellos estandartes otomanos tejidos con harina. 

Lo atractivo de estas historias de la Historia es su mezcla de realidad y fantasía, en la que cualquier lector indulgente se dejará mecer sin ningún remordimiento. Por eso aceptarás que ahora te cuente otra versión, una que nada tiene que ver con Kulczycki y sus mañas, aunque sí con el asedio vienés.

Resulta que en el ejército turco había ingenieros franceses. Y no estaban allí porque fueran prisioneros de los otomanos, ni mucho menos: los había enviado su rey, Luis XIV, el Rey Sol. A Francia le convenía que la capital del Sacro Imperio Romano Gérmanico cayera, para expandirse a su costa y eliminar a uno de sus rivales en Europa. No era la primera vez que un rey galo se entendía con un sultán de la Sublime Puerta. Francisco I se alió un siglo antes con Solimán el Magnífico para luchar contra Carlos V. Se dice que llegó, incluso, a vaciar la ciudad de Tolón para dar cobijo a los piratas musulmanes del norte de África.

Aquellos ingenieros renegados tenían la misión de minar los cimientos de las murallas de Viena para que se desplomaran y los jenízaros tomaran la ciudad a sangre y fuego. Pero, mira por dónde, otros fuegos la salvaron: los de los hornos de las tahonas. Porque la zapa de los muros se hacía de noche, en el horario de los panaderos que cocían el pan de los asediados. Fueron ellos los que se dieron cuenta de las malas intenciones de los zapadores turcos y dieron la voz de alarma; de ese modo, los vieneses empezaron a cavar contraminas con las que rechazar a sus enemigos. Naturalmente, el gremio de panaderos de Viena fue recompensado y ellos fabricaron un pan llamado Halbmond (media luna) como recochineo por la derrota otomana.

Aunque hoy los llamamos croissant (crecientes), en París les dieron, en principio, el nombre de vienesas. Los llevó hasta la Ciudad Luz, en 1838, un oficial austríaco, August Zang, propietario de una panadería típica de su tierra. Los franceses lo convirtieron en un pastel de hojaldre y manteca y lo hicieron suyo, que es tal y como hoy lo conocemos. Y ahora, ¿te apetece un croissant?... Me lo imaginaba.

[Si también quieres un café, te invito aquí: 

8 comentarios:

  1. Hola José Juan,
    Estoy encantada de verte por aquí y de que seamos compañeros en Blogger House.
    Tu amena entrada, a la par que instructiva, cuestiona mi propia creencia, puesto que estuve siempre convencida de que el croissant o media luna era oriunda de francia y resulta que la trajeron allí los austríacos de Viena...Que por cierto, me resulta más verídica la segunda versión de su origen, o al menos, me gusta más, porque esta llena de heroicidad y romanticismo histórico, eso de que el gremio de panaderos diese la voz de alarma contra los turcos hace honor a la enorme valentía propia de las masas cuando se trata de defender su soberanía nacional. Aunque eso sí, los galos remodelaron la exquisita delicatessen añadiendo manteca y hojaldre. Curioso, porque ese toque chic la han convertido en universal y en prácticamente un símbolo patrio. Imagino que el chauvinismo francés influiría también para que eso ocurriera, jajjaa...
    ¡Una entrada fenomenal, querido amigo! Siempre es un aliciente aprender y al mismo tiempo, pasarlo bien. Y contigo siempre me suceden ambas cosas.
    Un beso

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, Marisa, yo también me alegro de verte por aquí -aunque ya te había leído- y agradezco tu comentario. Sí, ya sabes que todo lo que pasa por el matiz de París gana en elegancia o, por lo menos, en notoriedad. Y sí, la versión de los panaderos también me gusta y me parece hasta más novelesca. Un beso.

    ResponderEliminar
  3. Fenomenal!! cuanto aprende uno de un culto paisano! Para aprender estamos!! y para enseñar, los mejores autores de la Tierra en Blogger House.

    Gracias por compartir amigo!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias! Nos comemos la Historia en Blogger House. Un abrazo.

      Eliminar

  4. Como dice el refrán: Nunca te acostarás sin saber una cosa más... Y la verdad es que no sólo lo logras sino que nos mantienes en vilo de principio a fin. Un trabajo digno y admirable. Me encantó.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu comentario, Joaquín. Y lo mejor es que muchas de las cosas que cuento las he aprendido un poco antes que los lectores. Llegan bien fresquitas, como los croisssants recién hechos. Un abrazo.

      Eliminar
  5. Mi José Juan,eres fabuloso,nos deleitas en todo sentido,nos deleitan tus letras,tus imágenes y tu sentido del humor que hace la lectura se vaya en un hilo ¡Felicidades por esta deliciosa entrada..!!! ¡Y claro te mando mis besitos para ti In-fi-ni-tos...!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, María, pero, al elegir la comida como tema, creo que he hecho algo de trampas. Y más si viene con azúcar y mantequilla. Un besazo.

      Eliminar

Comentar es un incentivo para el autor

ENVÍA ESTA PÁGINA A UN AMIGO
Indica su e-mail: