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lunes, 27 de julio de 2015

Caprichos del destino 8.






















A la mañana siguiente me despierto rodeada por los brazos de Jason, con la cabeza sobre su pecho. Le miro y está despierto, me sonríe alegremente y me besa en la coronilla antes de decirme:

     -  Buenos días, nena.
     -  Buenos días, nene. - Le contesto divertida. - Creo que necesito darme una ducha.
     -  Lleno la bañera y nos bañamos juntos. - Me dice pícaramente besándome en los labios. - No creas que he acabado contigo todavía.

Tras una sesión de sexo en la bañera no apta para menores, Jason y yo bajamos a desayunar a la cocina, dónde todos están  desayunando, unos con mejor aspecto que otros.


     -  Buenos días, parejita. - Nos dice Aitor bromeando. - ¿Qué tal habéis pasado la noche?
     -  Seguro que mejor que yo. - Se lamenta Raúl, el único que ha dormido sin compañía.
     -  No te preocupes, hermano. - Le consuela Víctor. - Otra vez será.
     -  Chicos, tengo que irme. - Nos informa Alicia. - Tengo comida familiar y me gustaría pasar por casa a ducharme y cambiarme de ropa.
     -  Nosotros también nos vamos. - Dice Esther. - Raúl ¿vienes con nosotros?
     -  Si, nosotros también tenemos comida familiar. - Secunda Raúl.
     -  Alicia, espera. - Le dice Aitor. - Te llevo a casa.
     -  Y vosotros, ¿qué planes tenéis? - Les pregunto a Ana y Marcos.
     -  Ninguno, lo cancelamos todo para dar la fiesta en casa. - Responde Marcos. - ¿Y tú?
     -  Iba a ir a casa de mi padre, ¿me queréis acompañar? - Les propongo. - Él estará encantado de teneros por casa y Marcos saldará una deuda conmigo.
     -  Por supuesto, me encanta la idea. - Dice Marcos con entusiasmo.
     -  A mí también, tengo curiosidad por conocer a tu padre, Esther me ha dicho que si ella pudiera cambiar a su padre lo cambiaría por el tuyo. - Bromea Ana.
     -  ¿Voy a conocer a mi futuro suegro? - Pregunta Jason divertido.
     -  No, va a conocer al padre de tu amiga. - Le corrijo. - Y, si quieres llevarte bien con él, te aconsejo que pienses en la palabra "amigo" en el más estricto sentido de la misma.
     -  ¿Un suegro duro de roer? - Se mofa Marcos.
     -  Si tienes en cuenta que nunca le ha gustado ningún chico con los que he salido, un poco. - Les confieso encogiéndome de hombros.
     -  ¿Nunca le ha gustado un novio tuyo? - Me pregunta Jason, sin rastro alguno de mofa. De hecho, bastante preocupado. - Alguien le gustará para su hija, ¿no?
     -  Sí, tienes razón. - Le contesto sin importancia. - El hijo de su vecino.
     -  ¡Oh, Esther me enseñó una foto suya anoche! - Exclama Ana. - Te aseguro que si no estuviera felizmente casada ese bombón no se me escapaba.
     -  Gracias, cariño. - Le dice Marcos con sarcasmo.
     -  ¿Algo más que deba saber? - Me pregunta Jason molesto.
     -  No le mientas. Tiene un sexto sentido para detectar las mentiras.
     -  Genial, tengo que fingir que solo quiero una sana amistad contigo y tu padre es especialista en detectar mentiras. - Responde malhumorado. - ¿No prefieres tirarme al río con los cocodrilo?
     -  ¡Qué dramático, por favor! - Estallo en carcajadas. - Mi padre es un hombre normal y corriente, pero solo tiene una hija y quiere lo mejor para ella, como todos los padres. Marcos, ¿qué tal te fue con tu suegro la primera vez que le conociste?
     -  Genial, sus padres me invitaron a cenar a su casa y, cuando creía que no había nadie cerca, le di una palmada en el culo a Ana y su padre me pilló. - Nos cuenta Marcos divertido. - Me echó de su casa en el acto mientras los hermanos y la madre de Ana se reían, totalmente humillante.
     -  ¡No fue para tanto! - Protesta Ana.
     -  Lo fue, te lo aseguro. - Le reafirma Marcos a Jason.
     -  Si no te apetece ir, llamo a mi padre y le digo que voy mañana a verlo, no pasa nada. - Le sugiero.
     -  Eso es lo que a ti te gustaría, por eso me estás diciendo todo esto. - Me dice Jason cogiéndome en brazos y haciéndome cosquillas. - Confiésalo.
     -  Vale, vale. He exagerado un poquito. - Confieso. - Estoy segura que le caerás bien, tienes a tu favor que entiendes de coche y además eres un piloto de la Fórmula 1. Pero no he mentido respecto a la opinión de mi padre sobre mis novios, eso es verdad.

Un par de horas más tarde, los cuatro llegamos a Sitges. Marcos aparca el X6 frente a la puerta del jardín y mi padre sale al porche para recibirnos antes de que bajemos del coche.

     -  ¡Feliz año, hija! - Me dice mi padre abrazándome en cuanto llega a mí. Se despega parcialmente de mí para echar un vistazo a mis amigos y los reconoce en seguida: - ¡Pero si son Marcos Roldán y Jason Muller, pilotos de la Fórmula 1! ¿Qué están haciendo aquí?
     -  Han venido para comer con nosotros, papá. - Le respondo divertida. - ¿Recuedas que te he llamado hace un par de horas para avisarte?
     -  Si, pero se te ha olvidado mencionar ese pequeño detalle. - Me reprocha mi padre. - Pasado todos dentro, aquí fuera nos vamos a congelar.
Como era de esperar, Diego está en casa con mi padre. David trabaja hoy, pero les ha prometido que se pasará en cuanto acabe el turno. Tras hacer las presentaciones oportunas, mi padre quiere saber de qué los conozco, así que le cuento que la verdad que Jason fue quién me embistió con el coche.
     -  ¿Este es el pijo al que le dijiste que tenía que aprender a conducir? - Bromea mi padre, más feliz de lo que lo he visto últimamente.
     -  Sus palabras exactas fueron "¿dónde te han regalado el carné de conducir?" - Se mofa Marcos.
     -  Me alegro de que no le pasara nada a mi hija. - Le dice mi padre a Jason con un tono de voz bastante amenazador incluso para él. - El viejo Golf aún está en el taller, Sara quiere repararlo en vez de comprarse un coche nuevo.
     -  ¿Aún no te has comprado un coche? Me dijiste que ya tenías coche. - Me reproche Jason.
     -  Y lo tengo, Aitor me presta el suyo siempre que se lo pido, él no lo utiliza y yo quiero arreglar mi viejo Golf, es una reliquia. - Me defiendo.
     -  Es tan cabezona como lo era su madre, no la vas hacer cambiar de opinión. - Le advierte mi padre a Jason. - Es mejor optar por el chantaje emocional, entonces a lo mejor consigues que ceda.
Diego, Marcos y Ana se echan a reír, pero Jason ha captado a la perfección lo que mi padre le acaba de decir y opta por ponerlo en práctica:
     -  Sara, si conduces en ese viejo e inseguro coche y te pasara cualquier cosa, todos nos preocuparíamos mucho. Si te compras un coche nuevo, todos viviremos más tranquilos.
     -  ¡Aprende rápido, el chico! - Bromea Diego.
Pongo los ojos en blanco y salgo al porche a fumarme un cigarrillo. Antes de cruzar el umbral de la puerta, oigo la voz de mi padre decirle a Jason en voz baja pero audible desde donde yo estoy:
     -  Es una cabezota, pero es muy buena chica y mi hija. No sé ni quiero saber lo que os traéis entre manos, ella es muy recelosa con su intimidad y vosotros sois de mundos distintos. No quiero ver sufrir a mi única hija.
     -  No tengo la más mínima intención de hacerle daño, señor Moreno. - Oigo a Jason asegurarle.
     -  Papá, te estoy escuchando. - Le advierto alzando la voz antes de salir al porche.
Ana se levanta y sale al porche conmigo para hacerme compañía.
     -  Qué fuerte, creo que es la primera vez que alguien se atreve a amenazar a Jason. - Se mofa. - Me cae bien tu padre, Esther tenía razón.
Ambas nos reímos y bromeamos sobre el interrogatorio que mi padre le debe estar haciendo a Jason hasta que finalmente me apiado de él y decido ir en su busca.
     -  ¿Todo bien por aquí? - Pregunto mirando a mi padre con advertencia.
     -  Por supuesto, cariño. - Se afana en responder mi padre. - Jason me estaba contando que su madre es española, de Blanes.
     -  ¿Ah, sí? - Pregunto sorprendida. - No sabía que eras medio español. - Le digo a Jason. - ¿Cuál es su historia?
     -  Mi madre vivía en Blanes, se fue a estudiar a Londres, conoció a mí padre y se casó. - Me resume rápidamente Jason. - De pequeños, siempre veníamos un par de semanas a Blanes de vacaciones, pero cuando mis abuelos murieron dejamos de venir. Mis padres vienen de vez en cuando para cuidar de la casa y ver a viejas amistades.
     -  Vienen a disfrutar del sol y de las playas que no tenéis en Londres. - Se mofa Marcos.
     -  A Sara también le gusta mucho la playa y el sol, no creo que seas capaz de conseguir llevártela a Londres, si es eso lo que pretendes. - Le advierte mi padre a Jason.
     -  ¡Papá! - Le regaño.
     -  Me has dicho que nada de preguntas inoportunas, así que me limito a hacer comentarios. - Se defiende mi padre. - Además, me habéis dicho que sois amigos y puedo ver en sus ojos que Jason quiere mucho más que una amistad contigo.
     -  Papá, cierra la maldita boca. - Le espeto furiosa.
     -  Tiene razón, señor Moreno. - Le dice Jason dejándome atónita. - Pero le aseguro que no pretendo llevarme a su hija. Estoy buscando residencia en Barcelona.
     -  ¿Qué? - Logro preguntar.
     -  Quería darte una sorpresa pero, dadas las circunstancias... - Me explica Jason.
     -  Vale, nos vamos. - Les digo poniéndome en pie.
     -  Pero, ¿no le vas a decir nada? - Me pregunta mi padre. - Se va a comprar una casa aquí por ti, ¿qué clase de amigo hace eso?
     -  Papá, te veo el día de reyes. - Me despido dándole un beso en la mejilla y despidíéndome de él. - Dale recuerdos a David y dile que lo veré la semana que viene.

Marcos, Ana y Marcos también se despiden de mi padre y de Diego. Quiero salir de aquí antes de que alguien diga algo más de lo que no estoy preparada para escuchar.
Nada más subirnos al coche, Jason, que va sentado a mi lado en la parte de atrás del X6 de Marcos, me pregunta con el ceño fruncido:
     -  Creía que te ibas a alegrar de que buscara casa en Barcelona, ¿no quieres que lo haga?
     -  No es eso, es que todo está yendo demasiado rápido. - Me excuso. - No quiero que compres una casa sólo para estar cerca de mí. ¿Qué pasa si esto no sale bien?
     -  Tengo dinero de sobra, puedo permitirme comprar una casa donde quiera y quiero hacerlo en Barcelona. - Me dice. - ¿Tienes algún problema si compro una casa en Barcelona porque me gusta la ciudad?
     -  No. - Le respondo.
     -  Bien, en ese caso me compraré una casa porque me gusta la ciudad. - Me dice Jason divertido. Me beso en los labios y añade: - Es una suerte que tú vivas en esta ciudad.
     -  Eso es hacer trampas. - Me quejo.
     -  Estoy dispuesto a todo por conseguir que estés a mi lado, incluso a trasladarme. - Me susurra al oído desarmándome y dejándome sin argumentos para rebatirle.

Han pasado demasiadas cosas en apenas veinticuatro horas. Cosas que aún no he asimilado porque aún estoy flotando sobre las nubes.



6 comentarios:

  1. un buen relato la relaciones diarias de ser humano gracias feliz semana saludos cordiales

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  2. Que ritmo más padre y ligero lleva la novela,se va en un hilo...Suave y romántica ...¡Gracias Rakel,feliz semana preciosa...!!! ¡Besitos...miles...!!!

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    Respuestas
    1. Mil gracias a ti, María! Besotes y feliz semana!

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  3. La delicadeza, la ternura, los fotogramas tienen ese toque femenino que tanto nos gusta...

    Un beso Rakel.

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