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viernes, 24 de julio de 2015

Caprichos del destino 5.























El domingo por la mañana me despierto y la cabeza me da vueltas. Creo que no bebía tanto desde que estaba en la universidad. Me levanto y me doy una ducha, la necesito para espabilarme.
Veinte minutos más tarde, estoy en la cocina vestida con unos tejanos y en jersey rosa de cuello alto y preparando café, cuando escucho la puerta del dormitorio de invitados abrirse y entonces recuerdo que Ana se quedó a dormir en casa anoche.

     -  Buenos días, ¿has dormido bien? - Le pregunto cuando la veo aparecer con los pelos alborotados y vestida con ropa interior y una camiseta enorme de manga corta que le presté para dormir. - Estoy preparando café, puedes ducharte si quieres. Te prestaré algo de ropa porque la de ayer tiene que oler tanto a alcohol que debe ser inflamable.
     -  Oh Dios, anoche bebí demasiado. - Se lamenta Ana. - Sé que es abusar de tu confianza y de tu hospitalidad, pero necesito esa ducha.
     -  Adelante, hay toallas en el baño y puedes coger la ropa que quieras de mi armario. - Me interrumpo al pensar en un conjunto de ropa interior que tengo sin estrenar, un conjunto que me regaló Alberto antes de traicionarme. - Tengo un conjunto precioso que te voy a regalar porque yo jamás me lo pondré, pero es espectacular y estoy segura que te quedará muy bien.


Mientras Ana se ducha y se viste, yo termino de preparar el café y de recoger el salón, dónde aún quedaban pruebas incriminatorias de la noche anterior: una botella de vodka vacía y latas de naranjada a medias, un cenicero a rebosar de colillas y un olor a tabaco y alcohol que me produce náuseas.
     -  Si hubieses esperado, te hubiera ayudado a recoger. - Me dice Ana avergonzada.
     -  Eres mi invitada, ¿qué clase de anfitriona sería si te dejara ayudarme a limpiar? - Bromeo.
     -  Eres una chica especial, Sara. - Me dice divertida. - Ahora entiendo la insistencia de Jason.
     -  ¿La insistencia de Jason? - Pregunto con curiosidad.
     -  ¿De verdad crees que si te llama y se preocupa por ti es por su amabilidad inglesa? - Me pregunta burlonamente. - No le has pedido nada y aún así él insiste en darte todo lo que necesitas, le gustas. Le gustas más de lo que nunca le ha gustado otra chica, al menos desde que yo lo conozco y de eso hace ya seis años.
     -  Lo llamaré si con eso eres feliz. - Cedo finalmente.
     -  ¿Qué hora es? - Mira el reloj de pared de la cocina y exclama: - ¡Mierda! El avión de Marcos ya ha aterrizado, probablemente estará a punto de llegar a casa.
     -  Tranquila, llámale y dile que estás aquí. - Trato de calmarla.
     -  ¿Te importa si le pido que me venga a buscar?
     -  Por supuesto que no, no seas tonta. - Le contesto divertida mientras sirvo un par de tazas de café y saco un paquete de pastas del armario.

Una hora más tarde, Marcos, el marido de Ana, llega a casa. Pensaba que la esperaría abajo en la calle, pero ha decidido subir y saludar. Por suerte, viene solo.

     -  Encantado de volver a verte, Sara. - Me dice Marcos divertido. - ¿Os divertisteis mucho anoche?
     -  Demasiado, me siento cómo si me hubiese atropellado un camión. - Se queja Ana. - Aunque espero repetirlo, ¿sales muy a menudo con Esther y Alicia?
     -  Es la primera vez que salgo de fiesta y me lo paso bien desde que lo dejé con mi ex, así que yo también espero repetir.
     -  ¿Tu ex? - Me pregunta Marcos sonriendo.
     -  Las flores de su despacho, eran de su ex. - Le informa Ana a su marido.
     -  Veo que os habéis ido poniendo al corriente, ¿no? - Les acuso bromeando.
     -  Por supuesto. - Bromea Marcos divertido. - También he oído hablar de... ¿cómo era? Ah, sí. El hijo cañón del vecino de tu padre.

Justo en ese momento, el timbre de la puerta suena y voy a abrir. Abro la puerta directamente, sin mirar por la mirilla para ver quién es, y cuando me encuentro con Alberto, cierro la puerta de golpe.

     -  Mierda. - Exclamo furiosa.
     -  ¿Qué pasa? - Pregunta Ana.
     -  Mi ex, está en la puerta. - Respondo histérica.

Marcos se pone en pie decidido a ir hacia a la puerta cuando se empiezan a escuchar voces en el rellano, seguido de varios golpes y un estruendo final.

     -  Sara, ¿estás ahí? Abre la puerta, soy Aitor. - Escucho la voz de Aitor al otro lado de la puerta.
Abro la puerta inmediatamente y Aitor entra en casa hecho una furia, con un golpe en el labio que está empezando a sangrar.
     -  ¿Estás bien? - Me pregunta. Y, sin esperar respuesta, espeta furioso. - ¿Qué parte no entiende ese hijo de puta que no le quieres ver? Deberías denunciarlo por acoso. Venía a darte las llaves del coche y me lo he encontrado en el rellano dando voces.
     -  Aitor, tranquilo. - Trato de calmarle.
     -  Vaya, así que éste es tu amigo Aitor. - Comenta Ana asomándose al recibidor.
     -  ¿Quién es esta preciosidad? - Pregunta Aitor con su sonrisa más seductora.
     -  Es Ana, una amiga. - Abrevio. - Creo que te interesa saber que su marido está en el salón. - Le aviso antes de que se arme otra pelea.
     -  ¿Casada? Tu marido es un hombre con suerte. - Comenta Aitor divertido.
     -  Lo soy. - Opina Marcos, que también se ha acercado al recibidor. - Tú debes ser uno de los pretendientes de Sara, ¿no? Por lo que he oído, tiene muchos.
     -  ¡Joder, es Marcos Roldán! ¿Qué hace él en tu casa? - Me pregunta eufórico.
     -  ¿Le conoces? - Pregunto sorprendida.
     -  ¡Todo el mundo conoce a Marcos Roldán! - Exclama Aitor.
     -  ¿Alguien me lo puede explicar? - Les pido molesta.
     -  ¿No sabe nada? - Le pregunta Marcos a Ana.
     -  No, no me lo ha preguntado y tampoco ha salido el tema, así que no le he dicho nada. - Dice Ana encogiéndose de hombros.
     -  ¿Qué es lo que no sé? - Insisto.
     -  Sara, Marcos Roldán es un piloto de Fórmula 1, ¡no me puedo creer que no lo conozcas! - Me espeta Aitor como si hubiera cometido el mayor de los pecados.
     -  Pues ya podrías darle unas cuantas clases de conducir a tu amigo. - Le digo bromeando a Marcos, que sonríe divertido. - Y tendrás que firmarme un autógrafo para mi padre, me matará si se entera que un piloto de Fórmula 1 ha estado en mi casa y no le he pedido un autógrafo para él.
     -  Te propongo una cosa mejor. - Me dice Marcos con una sonrisa malévola en los labios. - Le hacemos una visita a tu padre y le firmo ese autógrafo en persona y a cambio tú llamas a Jason y dejas que se disculpe por lo que el idiota de Erik te dijo.
     -  Cuando hablas de Jason, ¿te refieres a Jason Muller? - Pregunta Aitor atónito.
     -  Joder, ¡conoces a todo el mundo! - Le reprendo sin motivo. - Ese es el tipo que me embistió con el Lexus y que ha destrozado mi Golf, ¿de qué lo conoces?
     -  ¿Qué? ¿Jason Muller fue con el que tuviste el accidente? - Aitor está histérico y parece que se le vayan a salir los ojos de las cuencas oculares. - No me lo puedo creer, ¿le has dicho a un piloto de Fórmula 1 que aprenda a conducir?
     -  No, le he dicho a un piloto de Fórmula 1 que enseñe a su amigo a conducir. - Le aclaro.
     -  Sara, cariño. - Me dice Ana rodeando mi cintura con su brazo y guiándome hacia el salón para sentarse conmigo en el sofá. - Jason es el compañero de equipo de Marcos, también es un piloto de Fórmula 1.

Me quedo muda. En cualquier otro momento de mi vida me hubiera puesto a dar saltos y a gritar como una quinceañera en el concierto de su ídolo, pero en este momento de mi vida lo único que me apetece es meterme en la cama, taparme la cabeza con las sábanas y no despertar nunca.

     -  Creo que se hubiera tomado mejor que le hubiéramos dicho que Jason es un asesino en serie. - Dice Marcos rompiendo el silencio. - ¿Estás bien, Sara?
     -  Mi ex es periodista deportivo, no os interesa tenerme cerca. - Les contesto fríamente levantándome del sofá y dirigiéndome a la cocina para beber un vaso de agua. Regreso al salón un poco más serena y les digo a Ana y Marcos: - Decidle a Jason que no se preocupe por nada, que está todo bien y el malentendido ha sido aclarado. Que le diga a su abogado que me envíe el contrato de confidencialidad por lo del accidente y se lo firmaré encantada.
     -  Será mejor que eso lo hables directamente con él, estoy seguro de que vendrá a verte de aquí a un rato. - Me sugiere Marcos.
     -  ¿Le has dado mi dirección? - Le pregunto indignada.
     -  No, nada más aterrizar Jason se ha ido a ver a Erik. - Me explica Marcos. - Si Erik averiguó dónde trabajas debe saber dónde vives y, cómo tú no le has devuelto la llamada a Jason... Suma dos más dos.
     -  Genial, sencillamente genial. - Me lamento dejándome caer en el sofá.
     -  Ya os lo he dicho, es un hueso duro de roer. - Sale en mi defensa Aitor. - Cualquier otra chica se arrojaría a los brazos de Muller, sin embargo ella pretende evitarlo.
     -  Creía que ibas a defender mi postura, pero ya veo que te has vendido. - Le recrimino.
     -  Yo también creía que cuando te enteraras de la profesión de Jason caerías rendida a sus pies, sin embargo no es así. - Se lamenta Ana.
     -  Ana, mi vida ya es bastante complicada en este momento como para complicarla más. ¿Qué tengo que hacer para que dejéis de decirme una y otra vez que me busque un novio? Hace dos meses que terminé con mi última relación, la cual no terminó nada bien. No me apetece entrar en otra relación, no quiero que me andéis buscando un novio cada vez que me doy media vuelta. ¿Tan difícil de entender es que quiero estar soltera? - Me desahogo a gusto y todos se quedan en silencio sin saber qué decir. - Lo siento, estoy un poco estresada últimamente. - Miro a Aitor y le digo: - Anda, coge un poco de hielo del congelador y póntelo en el labio antes de que se te hinche como el de un besugo. - Me vuelvo hacia a Ana y Marcos y, tras pensarlo durante un segundo, les digo: - Voy a llamar a Jason y le voy a pedir que venga. Le voy a decir que ya hemos aclarado el malentendido y que se puede quedar tranquilo en lo que a mí respecta, pero como oiga algún comentario fuera de lugar, y sabes a lo que me refiero Ana, seré vuestra peor pesadilla. Y, para que no os lo toméis a broma, os advierto que tengo contactos en la penitenciaria, puedo acceder a vuestro expediente criminal y tengo licencia de armas.
     -  Seremos una tumba. - Sentencia Marcos divertido.
     -  Sara, con tu permiso voy a hacer palomitas. - Me dice Aitor sonriendo. - Ya que no podemos hablar, al menos fingiremos que estamos en el cine.

Todos estallan en carcajadas, todos excepto yo. A pesar de la reseca, decido servirme una copa. Aitor y Marcos optan por una cerveza y Ana sólo quiere agua, solo de pensar en alcohol dice que le marea.

1 comentario:

  1. Muy interesante el relato Rakel gracias por traerlo feliz fin de semana

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