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jueves, 23 de julio de 2015

Caprichos del destino 4.
























A la mañana siguiente, cuando me despierto, decido encender el móvil. Efectivamente, hice bien en apagarlo. Tengo siete llamadas perdidas de Alberto, con sus correspondientes mensajes de voz en el contestador. Los borro sin escucharlos, sé lo que me dice en cada uno de ellos, lleva dejándome mensajes de voz desde el día que me traicionó y no ha variado en nada sus palabras. También tengo una llamada perdida de Jason, de ayer por la noche. Ha dejado un mensaje de voz y, pese a lo furiosa que estoy, decido escucharlo: "Sara, soy Jason. No sé qué te ha dicho mi abogado para que me mandes a la mierda, pero te aseguro que no sabía nada al respecto. El sábado regresé a Londres y le pedí a mi abogado que se ocupara del papeleo con la aseguradora por lo del accidente, ni siquiera sé cómo ha logrado encontrarte. Regreso el domingo a Barcelona, llámame cuando oigas el mensaje y lo aclararemos."
Parecía nervioso y preocupado, pero aún así mi nivel de ira no baja.

El sábado por la noche me voy a tomar unas copas con Esther y Alicia, que se han empeñado en organizar una salida de chicas porque la traidora de Alicia le ha contado a Esther que Alberto me llenó en despacho de flores. Alicia ha dicho que vendría con una amiga. Su amiga está casada pero su marido está fuera de viaje de negocios o algo de eso. Según me ha dicho Alicia, el marido de su amiga viaja mucho por trabajo y ella lo acompaña a todas partes, así que no tienen muchas ocasiones para reunirse entre amigas. No sé cómo lo ha hecho, pero ha conseguido que su amiga se vuelva antes de un viaje en el que acompañaba a su marido para poder estar aquí el fin de semana y salir de marcha con nosotras. ¡Pobre criatura, no sabe dónde se ha metido!

Quedamos a las ocho de la tarde en el bar de Pepe, el tío de Esther, que cada vez que venimos nos empieza a poner tapas y cañas como si no hubiera un mañana. Siempre que venimos al bar de Pepe, salimos borrachas.

Cuando llego al bar de Pepe, Esther y Alicia ya han llegado, y también la amiga de Alicia, una chica morena con el pelo rizado que está sentada de espaldas a la puerta del local.

     -  Ya era hora, guapa. Estaba empezando a pensar que no vendrías. - Me espeta Esther señalando su reloj. - ¿Por qué has tardado tanto?
     -  Tenía que devolverle el coche a Aitor y me he retrasado un poco. - Me excuso. Saludo a Esther y a Alicia y cuando me vuelvo para saludar a la amiga de Alicia me encuentro con una cara familiar, la cara de la mujer del amigo de Jason que vinieron a buscarlo cuando tuvimos el accidente. - Hola, otra vez. - Le digo sorprendida.
     -  ¿Os conocéis? - Preguntan Esther y Alicia al unísono.
     -  El mejor amigo de mi marido tuvo un accidente con Sara la semana pasada y nos conocimos allí. - Les explica la amiga de Alicia. Se vuelve hacia a mí y me dice con una sonrisa cordial: - Soy Ana, y me alegro de volver a verte. ¿Cómo estás?
¿Cómo sabe mi nombre? Se lo habrá dicho Jason, o puede que Alicia.
     -  Estoy bien, gracias.
     -  El abogado que echaste de tu despacho el miércoles, ¿era el abogado de Jason? - Pregunta Alicia atónita. ¿Alicia conoce a Jason?
     -  El mismo. - Responde Ana divertida. - Tendrías que haber visto su cara cuando le llamó su abogado y le dio tu mensaje. Tengo que decirte que yo hubiera hecho lo mismo, pero Jason ni siquiera sabía que su abogado fue a verte. Es la primera vez que he visto a Jason gritar de lo furioso que estaba, y tengo que decirte que suele enfurecerse con bastante regularidad, pero nunca de esa manera. Por cierto, creo que sigue esperando tu llamada. - Añade como quién no quiere la cosa.
     -  No es necesario que le llame, ya le dije que iba a tramitarlo todo a través de mi compañía y que no iba a reclamar daños. - Le contesto enfadada. - Y no quiero hablar de eso.
     -  Otro tema tabú. - Se queja Esther. - No podemos hablar de Alberto, que por cierto me he enterado que el miércoles te llenó el despacho de flores. Ni tampoco podemos hablar del tipo que te embistió que, si está bueno, quizás su disculpa te pueda alegrar el día.
     -  ¡Esther! - La reprendo mientras Alicia y Ana se echan a reír.
     -  Chica, que susceptible estás últimamente. - Se queja Esther. - El domingo pasado la acompañé a casa de su padre y el hijo cañón del vecino la invitaba constantemente a todas partes, a lo que Sara respondió con evasivas. Tengo novio y os puedo asegurar que lo quiero muchísimo, pero si el hijo cañón del vecino del padre de Sara me invitara a salir aceptaría sin pensarlo.
     -  Parece que tienes muchos pretendientes, Sara. - Me dice Ana divertida. - Veamos, está  tu ex que te llena el despacho de flores, un amigo que te presta el coche, el hijo cañón del vecino de tu padre y un inglés gruñón que debe estar al borde de un ataque de nervios porque no le devuelves la llamada.
     -  Si tienes que elegir, quédate con el inglés gruñón. - Me aconseja Esther. - A Alberto a lo has probado y no te pierdes nada. Aitor es un buen tipo y un buen amigo si solo buscas echar un polvo, pero resulta un poco incómodo cuando después te lo encuentras constantemente en todas partes y corres el riesgo de encapricharte. El hijo cañón del vecino de tu padre es una buena opción, pero siempre estará ahí. Ve a por el inglés gruñón, si sale bien será estupendo y si sale mal él se volverá a Inglaterra y no tendrás que verle y puedes utilizar al hijo cañón del vecino de tu padre para consolarte, porque siempre está ahí, comiendo de tu mano.
     -  Qué retorcida eres, Esther. - Digo asombrada. - Está claro que no pienso volver con Alberto. En cuanto a Aitor, sabes que no me enrollaría nunca con un amigo. David, como has dicho, siempre está ahí, pero no hay chispa entre nosotros, al menos no por mi parte.
     -  Y, ¿qué me dices de Jason? - Sugiere Alicia.
     -  Buf. - Resoplo. - Creo que necesito una copa.
     -  Eso no es un no. - Aclara Esther.
     -  Tampoco es un sí. - Opina Ana.
     -  Chicas, hace dos meses yo era feliz con el desgraciado de Alberto, ahora mismo lo único que me apetece es mantenerme alejada de cualquier relación. Aunque un poco de sexo no me vendría mal, quizás debería llamar a David.
     -  Llama a Jason y dale una oportunidad. - Me aconseja Alicia. - Si hubiera demostrado el menor interés por mí te aseguro que ahora mismo estaba casada con él.
     -  Lo que tú llamas interés yo lo llamo coacción y soborno. - Protesto indignada.
     -  Eso fue lo que hizo Erik sin que Jason estuviera al corriente y mucho menos lo aprobara. - Me recuerda Ana, que defiende a su amigo inglés a muerte. - Jason no es de los que se encaprichan de mujeres, sale de fiesta y se divierte, por supuesto también se divierte con chicas, pero no las llama por teléfono para interesarse por su estado de salud, ni se ofrece a ocuparse de cualquier imprevisto que le surja para facilitarle la vida. Ha visto algo en ti que no había visto en ninguna otra chica en sus veintinueve años. Como ha dicho tu amiga Esther, si sale mal él se marchará a Londres y no tendrás que verle.
     -  Incluso puedes llevarte un buen polvo de recuerdo. - Me anima Esther.
     -  Dejadme en paz, que sois las tres unas liantas. - Les digo para después beberme mi caña de un solo trago. - Creo que necesito emborracharme si voy a pasarme la noche escuchando vuestros consejos.

Efectivamente, acabo emborrachándome. Todas acabamos emborrachándonos. La primera en irse a casa es Esther, alegando que va a llegar más tarde que Víctor a casa y si la ve en ese estado se enfadará. La siguiente en marcharse es Alicia, que mañana tiene una comida familiar para celebrar el cumpleaños de su sobrino. Finalmente, Ana y yo decidimos tomarnos la última copa antes de marcharnos a casa. Ana es una chica divertida, simpática y buena persona. No hemos vuelto a hablar de chicos desde que hemos llegado al pub, dónde ahora nos hemos quedado a solas Ana y yo. Cuando el camarero del pub nos informa que están a punto de cerrar, Ana me dice que no tiene ganas de irse a casa y la invito a casa para tomarnos allí otra copa. Diría la última copa, pero esta noche no parece que se vaya a acabar.

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