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viernes, 31 de julio de 2015

Caprichos del destino 12.






















Después de haberme pasado la noche llorando en el sofá del salón de casa de Raúl, con él consolándome pacientemente y abrazándome para intentar hacerme sentir mejor, de pasar la mañana durmiendo sin saber cómo he llegado hasta la cama, Raúl entra en la habitación de invitados y se sienta a los pies de la cama.

     -  Buenos días, bruja. ¿Has podido dormir algo?
     -  Sí, aunque no sé cómo he llegado hasta a aquí. - Respondo incorporándome.
     -  Después de llorar hasta inundarme el salón, te quedaste dormida y te traje a la cama. - Hace una pausa y me mira nervioso, lo que va a decir no me va a gustar: - Tu móvil no ha dejado de sonar en toda la mañana y he contestado al ver que era Jason.
     -  No le habrás dicho...
     -  Tranquila, solo le he dicho que ayer salimos a tomar unas copas y que te quedaste a dormir. - Me tranquiliza. - Le he dicho que estabas durmiendo y me ha pedido que te diga que le llames, está preocupado por ti.
     -  Tiene gracia, toda la vida creyendo que el amor no existe y cuando lo encuentro tengo que dejarlo escapar. - Protesto con ironía. - ¿Por qué todo me tiene que salir mal?
     -  La carrera está a punto de empezar, ¿quieres que la veamos juntos?

A pesar de ser las dos de la tarde, Raúl y yo desayunamos en el sofá mientras vemos la carrera. Tras una intensa carrera, Jason queda primero, Marcos segundo y Wolf tercero. Ni Raúl ni yo lo celebramos como de costumbre, ambos sonreímos forzadamente.
Veinte minutos después de acabar la carrera y después de la obligatoria rueda de prensa, mi móvil empieza a sonar de nuevo y sé que se trata de Jason. Raúl me acerca el móvil y me dice antes de desaparecer:

     -  Voy a darme una ducha, no seas dura con él, es otra víctima.
Asiento con la cabeza y contesto sin saber muy bien qué decir cuando escucho la voz de Jason:
     -  ¿Sara? ¿Eres tú?
     -  Hola.
     -  Cariño, me tenías preocupado, ¿estás bien?
     -  Sí, más o menos.
     -  ¿Más o menos? - Lo escucho respirar sonoramente antes de añadir: - ¿Qué pasa?
     -  ¿Cuándo regresas?
     -  Le he pedido a Ana que me reserve el primer vuelo que haya a Barcelona.
     -  Hablaremos cuando regreses.
     -  Sara, dime qué está pasando.
     -  No, por teléfono no. - Digo con un hilo de voz.
     -  De acuerdo, iré directamente a tu casa en cuanto baje del avión. - Me responde con toda la paciencia del mundo.
     -  Estaré en casa de Raúl, ¿puedes ir directamente a su casa?
     -  ¿En casa de Raúl? ¿Es que vas a quedarte esta noche también en su casa? - Me pregunta molesto.
     -  Jason, no quiero hablar de esto por teléfono, por favor. - Le ruego. - Mándame un mensaje un mensaje cuando sepas a qué hora llegarás.
     -  Está bien, cómo quieras. - Me contesta furioso antes de colgar.

Raúl tiene razón, tengo que decirle la verdad, pero no quiero hacerlo por teléfono, tendré que esperar a que esté aquí para aclararle todo y a partir de ahí ya será decisión suya si quiere irse o quedarse.
Una hora después de colgar, recibo su mensaje: "Mi avión aterriza a las 21:10, iré directo a casa de Raúl." Y ya está, nada más.
A las diez de la noche suena el timbre de la puerta y salgo de la ducha rápidamente, consciente de que es Jason, me envuelvo en una toalla y salgo del baño para ir en su busca. Llego al hall y Raúl ya ha abierto la puerta y está invitando a pasar a Jason, que lo saluda con un leve gesto de cabeza. Pasamos al salón y Raúl, sin esforzarse en ocultar sus palabras de Jason, me dice antes de besarme en la frente y desaparecer:

     -  Si necesitas algo, estaré en mi habitación.
     -  ¿De qué va todo esto, Sara? - Me espeta Jason en cuanto se asegura de que Raúl no puede oírlo.
     -  Por favor, siéntate y lo hablamos con calma. - Le propongo.
     -  ¿Hablar con calma? - Me grita. - Intento contactar contigo desde ayer y me ha sido imposible, cuando logro que me respondas en tu móvil resulta que es Raúl diciéndome que anoche salisteis de fiesta y que te has quedado a dormir en su casa. Son las diez de la noche y sigues en su casa y, a juzgar por tu vestimenta, veo que te sientes muy cómoda con él.
     -  ¿Qué insinúas? - Le espeto furiosa.
     -  Dímelo tú. ¿Te lo estás tirando? ¿Te has cansado de esperar mientras yo estoy fuera y por eso decides divertirte con él?
     -  No puedo creer lo que me estás diciendo...
     -  ¡Ni yo tampoco puedo creer que me hayas engañado como a un niño! Ahora doy gracias por no tener hijos contigo y tú también deberías dar gracias por eso porque si los tuviéramos te aseguro que te los quitaría y no dejaría que los vieses nunca.
     -  Jason... - El llanto no me deja continuar y Jason me interrumpe:
     -  Déjalo, no quiero tus explicaciones. - Me dice caminando hacia a la puerta para decirme antes de marcharse dando un portazo: - No quiero saber nada más de ti, Sara.

Raúl ha salido de su habitación tras escuchar el tremendo portazo que ha dado Jason. Se queda a dos metros frente a mí y me mira esperando una explicación de lo que ha ocurrido, pero solo soy capaz de echarme a llorar y correr a sus brazos. Raúl me envuelve con sus brazos mientras me susurra al oído:

     -  Tranquila, cielo. Nos vamos a sentar en el sofá, te vas a tranquilizar y, cuando estés preparada, me cuentas qué ha pasado.

Tras otra noche de llantos, lamentos y de insomnio, consigo quedarme dormida al amanecer.
A las once de la mañana, Raúl me despierta:

     -  Sara, Víctor está aquí con su jefe y con el tuyo. Al parecer ya estaban al corriente de lo que ocurría, pero les faltan pruebas para demostrarlo y tú las tienes. Vístete y sal al comedor, yo voy a prepararte un café. Respecto a lo de Jason...
     -  Lo de Jason es mejor dejarlo como está, si sigue creyendo que estamos juntos no vendrá a buscarme y estará fuera de peligro.

Raúl abre la boca para contradecirme pero le fulmino con la mirada y decide no decir nada. Diez minutos después entro en el salón y me encuentro a Raúl, Víctor, un tipo al que no conozco y al director de la penitenciaria con sus dos guardaespaldas oficiales.

     -  Señorita Moreno, ¿se encuentra bien? - Me pregunta Ernesto Vallejo, el director de la penitenciaria y mi jefe. Asiento con la cabeza y le estrecho la mano mientras él continua hablando. - No puedo creer que usted sola haya conseguido en unos meses la información y las pruebas que nosotros llevamos buscando desde hace un año y medio. - Señala al tipo que no conozco y hace las presentaciones. - Señorita Moreno, le presento al señor Agustín Domínguez, el director general de los Mossos d'Esquadra.
     -  Encantado de conocerla, señorita Moreno. - Me dice el jefe de los Mossos. - Su amigo Víctor nos ha puesto al corriente de lo ocurrido y nos ha mostrado toda la información que usted ha recopilado.
     -  En realidad, no toda la información la obtuve yo. Contraté a un detective privado y él fue quién me informó sobre la libertad de los presos involucrados. - Les aclaro.
     -  Vamos a organizar una redada, con las pruebas que has conseguido podemos solicitar una orden al juez para entrar en todas las propiedades del juez Castro y el fiscal Espinosa y así poder encontrar las pruebas suficientes para ser condenados por corrupción, fraude y algunas otras cosas más. - Me dice el jefe de los Mossos. - Hasta que eso ocurra, queremos mantenerla protegida, por lo que, tras hablar con sus amigos, hemos decidido que lo mejor es que usted se quede aquí para estar segura mientras nosotros tratamos de detenerlos. Habrán dos agentes en casa y otros dos agentes que la acompañaran a donde quiera que vaya, aunque le recomendamos que no salga mucho y evite los sitios a los que suele ir.

Tras recibir las indicaciones oportunas y presentarme a los cuatro agentes que se van a encargar de mi seguridad, mi jefe y Agustín Domínguez se marchan con la promesa de mantenerme informada en todo momento.
Apago mi teléfono móvil con la intención de no hablar con nadie. Víctor me ha tranquilizado diciendo que le han puesto dos agentes a mi padre sin que él mismo lo sepa para evitar dar explicaciones y también han informado al equipo de seguridad de Jason y Marcos para que refuercen la seguridad, aunque no les han informado del motivo. Al menos sé que ahora estará seguro.

2 comentarios:

  1. Un gran relato muy interesante esperando el siguiente capitulo saludos cordiales

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  2. ¡Pero que Jason tan celoso..!!! :D Mas es tan adorable y seductor que como tu lectora oifcial de BLOGGER HOUSE decreto que lo perdones :)))) Ajajajaajajaj ME ENCANTA Rakel ¡Gracias por compartir,Besitos linduraaaaaa...!!!

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