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jueves, 30 de julio de 2015

Caprichos del destino 11.























Después del Gran Premio de Alemania y Hungría, Jason tiene tres semanas de vacaciones que decidimos pasar juntos. Tras pasar diez días en una cabaña frente a una playa paradisiaca y totalmente desierta, fuimos a Londres para pasar unos días con la familia de Jason. Helena es una mujer encantadoramente dulce y amable. James es más callado, pero igual de amable y encantador que su mujer. Kate tiene esa espontaneidad y esa alegría de la juventud, siempre va de un lado a otro llena de energía y con una sonrisa en los labios. Kevin no se parece en nada a Jason, es extrovertido, habla por los codos y siempre trata de ligar conmigo, aunque solo sea para fastidiar a Jason, pero sigue siendo un tipo encantador. Tengo que reconocer que Jason tenía razón, su familia se ha portado genial conmigo, como si yo fuera una más de la familia Muller.
Tras pasar unas maravillosas vacaciones tengo que regresar a Barcelona y seguir con mi trabajo. El ambiente se ha vuelto un poco hostil en la penitenciaria. El juez y el fiscal a los que estoy investigando a través de un detective privado me ha citado hoy en una cafetería para informarme de cómo está el asunto. Me ha dicho que tenía que decirme algo muy importante y me ha pedido que no comente nada con nadie hasta haber hablado con él primero. Ni mi familia ni mis amigos saben nada al respecto, ni siquiera le ha dicho nada a Jason, que no deja de preguntarme qué me pasa desde que regresamos de vacaciones, a lo que yo me limito a contestar que todo va bien. Por suerte, Jason está en Italia y no voy a tener que inventarme ninguna excusa para encontrarme con el detective.
Cuando llego a la cafetería el detective Heredia ya está sentado a una mesa esperándome. Lo saludo con un firme apretón de manos y me siento a la mesa frente a él.

     -  Buenas tardes, señorita Moreno. - Empieza a decir. - He investigado todo lo que usted me pidió y, antes de continuar, debo advertirle que todo esto va más allá de dónde sospechábamos y, en mi opinión, debería facilitar toda esta información a la policía y dejar que ellos se encarguen de todo. - Hace una pausa para abrir un dossier y continua hablando: - Por lo que he podido verificar, el juez Castro y el fiscal Espinosa están otorgando la libertad condicional a presos pertenecientes a bandas colombianas. Incluso le he traído fotografías e informes que demuestran todas las actividades que estos dos individuos llevan a cabo, la gran mayoría ilegales. - Me entrega un sobre con fotografías y el dossier con todos los informes y, antes de marcharse, añade en forma de consejo: - Estos tipos tienen amigos por todas partes, si de verdad quiere que acaben entre rejas tendrá que asegurarse que el policía a quien le va a contar todo no esté involucrado, de lo contrario, estará poniendo en peligro su vida y la de los que la rodean.
     -  Gracias, inspector Heredia. - Le agradezco al mismo tiempo que me guardo en el bolso toda la documentación que me ha facilitado. - Tendré en cuenta su consejo y espero que todo salga bien.
De camino a casa no puedo dejar de darle vueltas al tema. Puedo decírselo a Diego y a David, confío en ellos y estoy segura de que me ayudarían pero, ¿qué puede hacer la policía local de Sitges en un caso de corrupción judicial? Nada. Solo los pondría en peligro. También puedo llamar a Víctor, aunque eso supondría que Esther se enterara y tendría que aguantar el sermón, las lamentaciones y puede que algún insulto que otro relacionados con mi estado mental. Buf. Creo que lo mejor es darme un baño y aclararme un poco las ideas.

Introduzco la llave en la cerradura de mi piso pero de pronto alguien abre la puerta desde adentro. Estoy a punto de sonreír creyendo que es Jason pero la sonrisa se me esfuma de la cara en cuanto me percato que Jason mañana tiene el gran premio de Italia y es imposible que esté en mi piso. No me da tiempo a pensar en nada más. De repente, me encuentro con el cañón de una pistola frente a mis ojos. Solo puedo levantar la vista para ver quién es mi agresor y me quedo horrorizada al descubrir que la persona que tengo delante es Nelson Figueroa, uno de los presos colombianos al que le han concedido la condicional.

     -  Es una gringa muy bella, no me extraña nada que tenga un novio que corre en carros de la Fórmula 1, aunque supongo que eso también debe suponer un problema teniendo en cuenta lo poco que se podrán ver ustedes. - Me dice con su acento colombiano y con un brillo oscuro en los ojos. - No se preocupe, niñita. Todo va a salir bien siempre y cuando usted mantenga esa bocota cerrada. Nada me gustaría menos que tener que deshacerme de alguien tan bella como usted.
Repulsión es poco comparado con lo que siento en este momento. Solo de pensar que Figueroa podría tocarme con sus sucias manos me pone la piel de gallina. ¿A qué me creía que estaba jugando? ¿Cómo se me ocurre ponerme a investigar semejante cosa sin informar a la policía ni a nadie? Si este hombre me matara y escondiera mi cadáver nadie tendría la menor idea de dónde encontrarme ni a quién culpar.
     -  No se asuste, princesa. - Continua hablando Figueroa. - Estoy aquí solo para advertirle que deje de jugar a los detectives. Si descubro que no se toma en serio mi advertencia, tendré que encargarme personalmente de usted y, cómo le he dicho, nada me gustaría menos.

Dicho esto y con una sonrisa maliciosa en los labios, Nelson Figueroa desaparece por la puerta como si acabara de venir a saludarme mientras yo me dejo caer en el sofá y lloro como una niña. Cuando soy capaz de serenarme un poco, llamo a Víctor y, entre llantos y gemidos, le pido que venga a casa.
Veinte minutos más tarde, Víctor y Esther aparecen por casa junto a Raúl, que estaba con ellos y al enterarse de mi llamada desesperada también ha venido. Les explico todo lo que he averiguado en estos últimos meses mientras ellos me prestan toda su atención. Contesto a todas y cada una de las preguntas que me hace Víctor y, tras analizar lo sucedido, Víctor decide que lo mejor es llevar el asunto con discreción mientras él hace algunas averiguaciones ya que cree que es posible que también hayan policías involucrados en todo esto.

Por el momento, Víctor se encarga de imponer sus normas de seguridad:
     -  Es evidente que aquí no te puedes quedar, te quedarás con nosotros en casa. Y, respecto al trabajo, ¿te quedan días de vacaciones? Podrías coger unos días libres. Otra cosa más, si sales a la calle tienes que hacerlo acompañada.
     -  Puedes quedarte en casa conmigo, yo estoy de vacaciones y puedo hacerte compañía, al menos mientras tu piloto esté en las carreras. - Me propone Raúl.
     -  Jason. - Balbuceo al acordarme de la amenaza de Nelson Figueroa. - Regresará mañana por la noche, tengo que hacer algo para alejarlo, no puedo ponerlo en riesgo.
     -  Y, ¿qué piensas hacer? ¿Dejarlo? - Me increpa Esther con una sonrisa nerviosa.
     -  Es una opción. - Apunto. - Puedo decirle que necesito tiempo o espacio y, cuando todo se solucione, si es que se soluciona, le puedo explicar lo que ha pasado y a lo mejor incuso hasta me perdona. - Mi voz se ha ido debilitando a medida que salían las palabras de mi boca.
     -  Yo optaría por decirle la verdad. - Me sugiere Raúl.
     -  Entonces se quedaría aquí, en peligro. - No puedo aguantar más y vuelvo a llorar.

Mientras Esther me prepara una maleta con mis cosas en mi habitación, Víctor me prepara una tila en la cocina y Raúl se dedica a abrazarme y consolarme en el sofá del salón.
Antes de salir de mi apartamento, les hago prometer que no le van a decir nada de lo que ha pasado a nadie y, aunque a regañadientes, todos lo prometen.


2 comentarios:

  1. Un gran relato encantador precioso feliz semana saludos cordiales

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  2. Padrisimo Rakel y lleno de emoción...!!! Enganchadisima esperando la siguiente entrega,romance,acción policíaca...Perfecto...¡Gracias por compartir linda,esperamos y claro queremos más..!!! ¡Besitos..!!! ¡Muchitos..!!!

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